Producción sustentable de frijol 2ª parte

Definido en la 1ª parte de este reportaje como un cultivo estratégico poseedor de un significativo desarrollo tecnológico productivo, pero a su vez polémico en sus matices comerciales, el frijol es un tema con un amplio abanico de información, por lo que se da continuidad en esta la 2ª entrega respecto de dicho ramo agrícola, con el amable intercambio de experiencias vertido por expertos en la materia, como lo son técnicos y productores de la leguminosa en la conocida zona frijolera del estado, quienes concuerdan en señalar que mediante la integración de componentes tecnológicos al esquema tradicional de cultivo, se puede llegar a expresar un desarrollo sustentable en la producción, bajo una mejor relación costo-benéfico, tendiente a una preferente relación comercial.

“El reto en la actualidad es mejorar la eficiencia productiva, maximizar rendimientos, reducir costos y preservar los recursos naturales, situación por la cual nos empeñamos en adaptar a las condiciones propias de la región, sistemas acordes con la superación de dicho desafío, y que hoy afortunadamente nos dejan una mayor utilidad”; así lo determinó el Ing. Jorge Alberto Acevedo, representante de la Agencia de Desarrollo Rural CASE.

“Es así que en el pasado ciclo establecimos la siembra de frijol en curvas a nivel con un incremento en la densidad de plantas por hectárea, ya que el cultivo se dispuso en camas a 3 hilos, esto bajo un manejo alineado a los 3 principios básicos que marca el sistema productivo de agricultura de conservación, tales como la remoción mínima del suelo, lo que reduce la utilización de maquinaria evitando una mayor compactación de la superficie y por ende también disminuye el gasto de combustible; rotación y diversificación de cultivos, con lo que hoy sembramos frijol, mañana quizá trigo, cebada, maíz, girasol o cualquier otro que sea rentable y adaptable para la zona, rompiendo con ello el ciclo natural de plagas, enfermedades y diseminación de malezas; y la retención de residuos sobre la superficie en la medida de lo posible con el fin de formar una capa protectora, la que disminuye la erosión por agua y viento, y aumenta la actividad biológica del terreno al incrementar la cantidad de materia orgánica disponible para el cultivo”.

Finalmente, el Ing. Acevedo concluyó; “a grandes rasgos esa es la estrategia que se ha seguido y que acertadamente aporta un mayor beneficio para el productor, por lo que definitivamente existe un gran potencial, y para alcanzarlo necesariamente tenemos que hacer ajustes en nuestra forma de trabajar y en nuestra ideología, esforzándonos constantemente por tratar de evolucionar hacia un campo más moderno y competitivo”.

Por su parte el Sr. Agustín Bravo Sánchez, productor de frijol, quien maneja una superficie aproximada de 200 hectáreas de la leguminosa bajo condiciones de temporal en distintas parcelas del municipio de Sombrerete, Zacatecas, añadió que es indispensable remover y renovar el chip que conduce al agricultor, tratando así de actualizarse tanto productiva como comercialmente,  ajustándose a la modernidad y a la globalización que el planeta impone.

“Nuestra idea es ir cambiando paulatinamente de las prácticas agrícolas tradicionales a un manejo más sustentable, por lo que ya hemos logrado establecer en algunas parcelas lo que es la siembra directa, sin arar ni subsuelear, simplemente metemos la sembradora y no se vuelve a mover para nada el suelo. También hemos disminuido la cantidad de fertilizante químico que aplicábamos, con la incorporación de materia orgánica, y se ha suprimido por completo el uso de herbicidas y otros fungicidas que se suministraban para mantener la sanidad del cultivo; esto, entre algunos otros cambios que hemos ido implementando poco a poco con el fin de gastar menos y producir más”.

Para concluir, el Sr. Bravo Sánchez agregó; “debemos reconocer que el mayor problema está en la limitada evolución ideológica que tenemos como productores, ya que es mínimo lo que hemos realizado para transformar las condiciones de nuestro entorno, en el que pasivamente seguimos produciendo y comercializando como lo hemos efectuado desde hace décadas”.

Generar un cambio dinámico y positivo sobre las costumbres e ideologías tanto en productores como en técnicos, respecto del manejo agrícola, es uno de los desafíos más grandes a enfrentar.

 

 

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