Preparación de suelos

El éxito en la producción y establecimiento de muchos cultivos, depende en gran medida tanto de la elección como de la preparación del suelo. Lograr una óptima formación de raíces, para un buen crecimiento y desarrollo de las plantas, está supeditado a contar con suelos cuyas características físicas, químicas y biológicas sean las apropiadas, tales como profundidad, porosidad, aireación, textura y tasa de infiltración adecuada, además de pH, salinidad, materia orgánica, disponibilidad de nutrientes principalmente nitrógeno, fósforo y potasio, y una flora microbiana equilibrada.

Dichos factores agronómicos tienen gran injerencia en los costos de producción; por ejemplo, la calidad y el rendimiento potencial será menor en aquellos terrenos con problemas de drenaje, compactación, baja disponibilidad de nutrientes, ácidos o con altos niveles de aluminio, por el contrario, suelos con buenas características permiten excelentes cosechas a un menor costo productivo. Por lo tanto cualquier incremento en los resultados, implica el mejoramiento de las condiciones de la superficie agrícola; a la vez su elección es crucial en la rentabilidad del cultivo, factor estratégico para cualquier productor, pero principalmente para aquellos que arriendan campos con un enfoque comercial.

Definitivamente un acondicionamiento adecuado del terreno facilitara el crecimiento y desarrollo óptimo del sistema radicular, lo que favorecerá la extracción de agua y nutrientes del suelo; mediante dicha práctica se incorporan residuos vegetales existentes, se mejora la aireación y drenaje, ayuda en la descomposición de la materia orgánica y permite el control de plagas y enfermedades. Esta labor debe de realizarse con tiempo, para llegar al momento de siembra o trasplante con una excelente condición de la cama; se inicia normalmente un par de meses antes de la plantación.

Las técnicas utilizadas para lograr una buena preparación del suelo varían de acuerdo con las condiciones climáticas, el tipo de suelo y el nivel tecnológico del productor. Si el cultivo anterior fue muy mecanizado, es decir sobre el suelo circuló maquinaria pesada constantemente, ya sea para la preparación de la cama o para la realización de labores post-emergencia del cultivo, lo más seguro es que se deba efectuar un subsolado, para poder eliminar la compactación que se haya provocado en él, principalmente en los primeros 20 a 40 centímetros de profundidad.

Normalmente la preparación del terreno se realiza en 2 etapas; la primera de ellas denominada labranza primaria, la cual prepara al suelo hasta unos 25 o 40 centímetros, generando así una buena cama de siembra, los equipos utilizados son los denominados arados. Posteriormente a este tipo de proceso, se efectúa una segunda operación, denominada labranza secundaria, la cual acondiciona el suelo, mediante equipos denominados rastras, en un estado más fino, trozando los rastrojos, disgregando y emparejando la superficie. Por último, la aplicación de arado y rastra no implica que el terreno esté listo para sembrar o trasplantar, sino que además es necesario el paso de un rodillo, el cual puede ser independiente o bien adosado en alguna rastra, esto permite mullir perfectamente la parte superior del suelo mejorando el contacto semilla-suelo; para algunos cultivos, principalmente los hortícolas, posterior a la perfecta nivelación del terreno, se dispone a la elaboración del surco o la cama en la cual se depositara la plántula, con implementos como la surcadora, acamadora y acolchadora, esto conforme al sistema productivo que se trate de implementar.

El objetivo principal de la preparación de suelo es lograr una adecuada cama de siembra o trasplante que tenga las características necesarias para beneficiar la brotación, emergencia y desarrollo del cultivo.

 

 

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