Fructífero entorno productivo

A pesar de los grandes contrastes de interés que el sector agroproductivo moderno delinea, y los imponentes desafíos y riesgos, sobre todo climáticos, que la agricultura conlleva, afortunadamente también se pueden ver reflejados significativos avances dentro del concepto del cultivo de hortalizas, gracias principalmente al desarrollo y aplicación de la tecnología, y a un mejor entendimiento de la simbiosis generada entre las plantas y las diferentes condiciones y componentes con los que interactúan durante su ciclo natural de vida.

Es así que tanto el pepino como el tomate, productos de manejo tradicional en los huertos del mundo y del país, como era de esperarse, paulatinamente han ido evolucionando a la par de la innovación en prácticas y sistemas agronómicos, trasladándose con ello al cuidado intensivo en invernadero; tendencia además motivada por las exigencias crecientes de los mercados actuales respecto de la cantidad, la calidad, la presentación y la inocuidad. Fructífera conversión que ha contribuido en el incremento de los rendimientos, con niveles que van de 2 a 9 veces mayor productividad en comparación a esquemas en campo abierto, dependiendo del grado técnico, de manejo y estado climático; así como a una mayor precocidad, valor comercial y seguridad de cosecha dada la invaluable protección que ejercen los invernáculos sobre ciertos fenómenos ambientales adversos, tales como sequías, heladas, vientos, lluvias excesivas, granizadas, etc., lo que a la vez disminuye la incertidumbre y aumenta la rentabilidad como consecuencia directa de la intensidad en los cuidados y la mejora en las propiedades del medio físico, constituyendo con ello a la agricultura protegida en una valiosa alternativa productiva.

Sin duda alguna, la producción hortícola de hoy en día es una actividad íntimamente ligada al progreso agrícola y rural del país, sobre todo en su carácter intensivo del cultivo, considerando el gran número de mano de obra empleada y la sustancial derrama económica generada, derivada de una amplia demanda nacional e internacional, convirtiéndose así en base de una importante industria agroalimentaria.

“Definitivamente en el campo nunca se deja de aprender, siempre hay cosas nuevas por conocer y entender ya que ningún año es igual a otro, de ahí que en la agricultura no exista una receta exacta, lo que hace de ésta una labor sumamente complicada donde debe de interactuar la experiencia y la ciencia para una toma de decisiones adecuada, esto aunado al problema de la incertidumbre comercial y al constante incremento en el costo de los insumos, son algunos de los principales desafíos que como productores tenemos que ir sorteando en la actualidad para continuar labrando la tierra y elaborando alimentos”; determinación realizada por el Sr. Giovanni Uriel Llamas Guzmán, sucesor de generaciones dedicadas al campo, con alrededor de 4 años de experiencia desempeñándose de lleno dentro del ramo de agricultura protegida, líder de la unidad de producción denominada Invernadero Las Capillas el cual cuenta con poco más de 15 años de labores en el esquema productivo de hortalizas bajo ambiente controlado, y en el que se maneja una superficie actual de 7 hectáreas de invernáculo, 5 de jitomate y 2 de pepino, valioso e interesante espacio de operaciones agrícolas situado en suelos pertenecientes al municipio de Pánuco, Zacatecas.

“Por ello dentro de este negocio ciertamente se llega a apostar todo, sin saber por lo menos si se recuperará la inversión; no obstante de dicha valuación mercantil, por otra parte cabe reconocer que la productividad es un renglón del sector en el que podemos ver reflejado un avance significativo, esto gracias a la tecnología del entorno que hemos podido adoptar y aplicar, a través de la implementación de sistemas de protección al cultivo con cubiertas plásticas eficientes, riegos tecnificados o fertirriego, mejoras en equipos y maquinaria, en genética, en el manejo agronómico, en nutrición vegetal, y aunque las plagas y enfermedades también han evolucionado en detrimento del ramo, afortunadamente la generación de formulaciones y métodos de control igualmente se han transformado a la par que el entendimiento del medio de cultivo se ha desarrollado”.

“El tipo de invernadero con el que contamos es del llamado raspa y amagado (parral o almerillense), por su gran similitud a los establecidos en Almería, España, de los cuales se ha copiado el modelo y se ha adecuado a las condiciones geográficas del territorio zacatecano, considerado como uno de los más adecuados para la entidad, quizá por ser de los primeros proyectos en llegar y comenzar a tener éxito productivo. El nuestro es un prototipo que tiene sus variantes, tratando de adaptarlo lo mejor posible a las propiedades de la región, dado que en Europa se enfoca para la producción de invierno, por lo que para Zacatecas resultaba en una estructura demasiado caliente en verano, presentándose así la necesidad de ciertas modificaciones como una mayor ventilación, más altura, naves más cortas para manejar mejor la temperatura, y a grandes rasgos ciertas especificaciones conforme a los requisitos locales”.

“La producción de tomate y pepino en invernadero implica una operación muy intensiva, con un mayor uso de mano de obra, por lo que a grandes rasgos para poder dar el mantenimiento correcto a 1 hectárea se requieren de 8 a 10 jornales diarios, por 6 días a la semana, durante aproximadamente 10 meses, lo cual habla también de una gran generación de empleo y una considerable derrama de recursos económicos. Se necesita además de una gran cantidad de insumos por su prolongado ciclo de cultivo, dado que los materiales son indeterminados lo que significa que las plantas siguen creciendo hasta donde se les permita, en ciertos casos hasta de forma bianual, por lo que sin heladas pueden llegar hasta los 4 o 5 metros de altura; propiedades que a la vez conllevan a una mayor especialización en cada una de las áreas involucradas, desde lo que es la selección de la variedad o el híbrido con características adecuadas a la región, la siembra en el semillero, el desarrollo de plántula, su trasplante, manejo agrícola y cultural, control integrado de plagas y enfermedades, cosecha, selección y empaque, hasta su comercialización ya sea indirectamente a través de intermediarios o directamente al consumidor final, por lo que cada paso se debe de organizar y planear correctamente dentro de un plan de trabajo a seguir con el fin de obtener un negocio exitoso y sustentable”.

“En cuanto a los híbridos con los que estamos trabajando en el presente ciclo, en tomate contamos con indeterminados del tipo Roma o Saladette, como lo es Pai Pai de Enza Zaden, variedad de ciclo precoz a cosecha y muy productiva, la cual proporciona frutos de pared gruesa y mantiene los tamaños XL hasta el final del cultivo; también tenemos a El Cid, material de Harris Moran, el cual combina calidad, rendimientos y vigor de planta, con frutos uniformes en tamaño y forma y de un color rojo intenso, lo que le otorga una excelente aceptación en el mercado; y Optimax de Sakata, híbrido de madurez intermedia de 80 a 85 días después de trasplante, con frutos de sobresaliente calidad, extra grandes, color rojo brillante y gran firmeza lo que les da una excelente vida de anaquel. Dentro del segmento de las cucurbitáceas manejamos la variedad denominada Paraíso, pepino tipo francés o americano con plantas fuertes y de gran vigor, excelente cobertura foliar y amarre de frutos lo que origina altas producciones, el tamaño de los frutos va de los 22 a los 24 centímetros de color verde oscuro brillante y de madurez a cosecha temprana o precoz”.

“Cabe señalar que para elegir la variedad adecuada siempre hay que tomar en cuenta en primer lugar que es lo que el mercado solicita, y para establecer comercialmente nuevos materiales tenemos antes que conocerlos y probarlos en campo, para evaluar su adaptabilidad y sobre todo determinar su demanda, ya que talvez nos puedan ofrecer buenos rendimientos, o lo que como productores deseamos, pero si el consumidor los rechaza por cualquier detalle, de nada nos sirve tener una alta productividad si difícilmente lograremos comercializar”.

“La semilla la adquirimos en el mercado, pero la producción de plántula la realizamos nosotros mismos, siempre buscando obtener un material de calidad, con buena sanidad, vigor, y un excelente sistema radicular, para que al momento de ser trasplantada al terreno definitivo se estrese lo menos posible induciendo con ello un apropiado afianzamiento del cultivo. De ahí son muchas las variables que se tienen que ir definiendo, como a cuantos racimos se pretende llegar y con ello determinar de qué tamaño será el enrafiado, analizar que enfermedades y plagas son posibles de presentarse para trabajar sobre todo de manera preventiva y evitar con ello problemas de Nematodos, de Mosquita Blanca, de Trips, de Paratrioza, de Clavibacter que es el cáncer bacteriano, Pseudomonas, Xanthomonas, Tizón tardío, Tizón temprano entre otras alteraciones; debemos tener en cuenta como conducir la planta, como se realizará la poda de hoja, la poda de tallo, por lo que definitivamente son muchos los factores involucrados y sobre los cuales como productores debemos de tener un pleno conocimiento para poder sacar adelante buenas cosechas”.

“El sistema productivo que implementamos es en piso obviamente bajo invernadero, y tanto para tomate como para pepino utilizamos la plantación en camas a doble hilo, con dos cintillas por cama, una para cada hilera, bajo una distancia entre plantas por hilo de 40 centímetros y 70 centímetros entre hileras”.

“En ese lapso de tiempo mientras se desarrolla la plántula, lo que hacemos es preparar las tierras hasta la formación de camas, se coloca la cintilla, y después de esto se inicia ahora si con la plantación. Para el acondicionamiento del suelo realizamos lo básico o convencional, pasos con rastra o subsuelo, siempre buscando que la superficie quede lo más nivelada y mullida posible; dentro de dicha etapa algo que necesariamente tenemos que hacer ciclo tras ciclo para que las tierras produzcan, es desinfectarlas y meter fertilización de fondo, por lo que aplicamos mil litros por hectárea del fumigante metam sodio, dado que desafortunadamente tenemos una alta población de nematodos y Fusarium, patógenos del suelo que representan una de nuestras mayores preocupaciones, por lo que desinfectamos y a los 21 días plantamos una vez que haya pasado el efecto residual del agroquímico evitando con ello que pueda llegar a dañar a las plantas, ya en el transcurso del ciclo continuamos tratando de controlar tales alteraciones principalmente con el suministro de algunos compuestos biológicos u orgánicos como el extracto de flor de cempasúchil, chicalote y pino, para la bacteria metemos Agry-Gent Plus, formulación sistémica la cual penetra a la planta a través de los estomas y se transporta por el xilema a todos los puntos de crecimiento controlando el problema, o Kasumin, complejo de origen biológico con amplio espectro de acción, y para los tizones o el mildiu en pepino usamos Previcur”.

“De cierta forma es lógica la degradación del suelo por su uso tan intensivo bajo estos sistemas productivos, ya que son más de 15 años los que se han trabajado de tal forma, por lo que buscando compensar la riqueza que extraemos del terreno, cada año tratamos de ayudarle metiendo materia orgánica mediante estiércol de vaca o de borrega composteada o fermentada, lo que aporta y recupera un poco la fertilidad, además de que terminando con el cultivo de dichas hortalizas, sembramos avenas o cebadas para dar rotación, y reintegramos la totalidad de los forrajes a la superficie”.

“Un aspecto muy importante a considerar en la producción de hortalizas en invernadero es el manejo de la nutrición, por lo que nosotros partimos de un análisis de suelo, el cual es bastante útil para determinar qué es lo que tenemos y qué nos hace falta, en base a ello planear un programa lo más apegado y eficiente posible, de hecho nos lo piden para la elaboración de la solución. De inicio, cuando se hace la cama o en la fertilización de fondo aplicamos triple 15, después, paulatinamente se van metiendo más elementos conforme se va desarrollando y lo va demandando la planta, principalmente nitrógeno, fósforo y potasio, además  de calcio, azufre, magnesio, hierro, zinc, cobre, boro, entre otros; últimamente se ha estado implementado una solución nutritiva a base de calcio, potasio, nitrógeno y fósforo, en esta etapa en la que se encuentra el cultivo que es cuando más comida demanda para llenar bien los frutos y amarrar arriba, aplicamos 29 kilogramos de solución diarios por hectárea, 8 kilos de NKS, 11 de calcio, 5 de fósforo, y algunos otros compuestos y microelementos”.

“Dependiendo de las condiciones del suelo, del ambiente y del tamaño de la planta, es como se determina la cantidad y tiempo del riego, por lo que lógicamente se tiene que tener en cuenta que en las primeras etapas de desarrollo, la demanda de agua es reducida, y conforme el cultivo va creciendo, la demanda aumenta. En estas alturas del partido, con plantas a su máxima capacidad, casi regamos diario, y dadas las condiciones de humedad que han prevalecido en la zona las últimas semanas, estamos metiendo riegos de máximo 20 minutos, casi nada más en cuanto se aplica el fertilizante, de lo contrario los tamaños tienden a bajar”.

“Lo que es el jitomate lo plantamos en el mes de marzo, su primer corte es a los 75 días, de ahí la planta sigue creciendo y produciendo según el clima y el manejo; en nuestro caso pensamos capar o determinar a la planta por ahí de la primer semana de agosto, para que ésta deje de crecer y ya solamente llene bien el fruto que tenga. Una vez que la planta es capada, son alrededor de dos meses y medio los que transcurren para que concluya su ciclo productivo, por lo que si la determinamos en agosto vamos a seguir cortando tomate todo ese mes, septiembre, hasta octubre finalmente”.

“En el caso de los pepinos su ciclo es más corto o de producción más precoz, ya que a los 45 días del trasplante se da el primer corte o la calienta, lo que hace de este un cultivo muy noble, que remunera rápidamente. Esta hortaliza la plantamos por ahí del día 5 de abril, y para el día 20 de mayo empezamos a cosechar; su duración es similar a la del tomate, y sin problemas de suelo o plagas fuertes se puede dejar también más o menos hasta cerrar en el mes de octubre”.

Para finalizar, el Sr. Llamas Guzmán concluyó; “definitivamente producir bajo cubierta o en invernadero trae consigo grandes ventajas en comparación a campo abierto, entre ellas el dejar de estar propenso a contingencias climatológicas e incrementar tanto calidad como productividad, ya que una hectárea de agricultura protegida da lo de 5 o más hectáreas al descubierto, aquí esperamos alcanzar el promedio productivo de ciclos pasados, el cual es de poco más de 130 toneladas por hectárea de jitomate, algo así como 10 mil cajas de 14 kilos, y alrededor de 250 toneladas de pepino, sin embargo también las inversiones son altas por la demanda de un sinfín de insumos con precios que se cotizan a la alza, por lo que estimamos hasta corte un costo de producción de 250 a 300 mil pesos por hectárea en términos generales, esta fuerte inversión aunada a la inestabilidad en el valor comercial de las hortalizas, es la que nos deja con grandes riesgos económicos y sin poder determinar a ciencia cierta si por lo menos sacaremos los costos”.

La brecha productiva y competitiva sigue siendo grande, por lo que es necesario realizar las cosas cada día mejor, con asesoría calificada y mano de obra más capacitada y comprometida, tratando de alcanzar mayores niveles de eficiencia, teniendo siempre presente que este es un sector económico que permite muy pocos o casi ningún error, dejando fuera rápidamente a quienes no cuentan con la capacidad ni el conocimiento para poder organizar y planificar cada uno de los elementos necesarios para la producción y su comercialización.

La producción hortícola representa todo un desafío y más aún bajo condiciones de invernadero, por lo que quien invierte en una hectárea de cultivo, realmente está estableciendo un gran compromiso, el cual se lograra sacar adelante en la medida que tanto el productor como los demás eslabones de la cadena se involucren con mayor contundencia e inteligencia.

Espera la 2ª parte de este interesante reportaje, en próximas ediciones…

 

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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