Entorno ávido de evolución

Su destacada proyección agrícola, social y económica, posicionan a cultivos como el frijol, el maíz, la cebada y la avena, en la columna vertebral que sostiene el auge del país y causa estratégica de progreso y bienestar para la entidad; sin embargo, en el plano local sus rendimientos de grano son relativamente bajos sobre todo en condiciones de secano, a pesar de ello Zacatecas ha sido por muchos años el proveedor mayoritario de la leguminosa en México y una importante fuente abastecedora de cereales, los cuales han sido impulsados últimamente por estrategias de reconversión que intentan romper con la práctica del monocultivo.

En el caso del frijol, tal es su repercusión, que su cosecha coloca al estado en el liderato productivo, no sólo en un contexto regional, ni estatal o nacional, sino a nivel mundial, ya que Zacatecas y principalmente su reconocida zona frijolera conformada por los municipios de Sombrerete, Río Grande, Miguel Auza y Juan Aldama, son considerados como el centro de producción más importante del planeta, dado que en ninguna otra latitud del orbe se obtiene en una superficie compacta tanto frijol como en dicha área, la cual aporta un promedio estimado de 200 mil toneladas por ciclo. No obstante, ésta exclusiva posición jerárquica, para el productor representa muy poco beneficio o prácticamente ninguno, ya que difícilmente se conjuntan las condiciones idóneas para que resulte un valor de comercialización justo con un esquema correcto y eficiente, componente principal que delimita su crecimiento, con causas que al enunciarlas se llegan a tornar en un tema álgido y bastante polémico, dentro del cual convergen con diferentes niveles de responsabilidad cada uno de los eslabones que conforman esta cadena; entre estos principios que acotan y determinan la rentabilidad y competitividad del ramo, se encuentra la escasa o nula organización y planeación entre productores con costumbres e ideologías conservadoras, la falta de información respecto de las necesidades del consumidor, la sobreoferta y saturación de mercados, pobre diversificación e innovación, carente valor agregado aplicado al producto, intermediarismo desleal, esquemas de trabajo tradicionales, insuficiente liquidez y solvencia financiera, créditos y apoyos desfasados, continuo incremento de los insumos, deterioro constante de los recursos naturales, etc., elementos que definitivamente minimizan los méritos y desgastan las capacidades necesarias para enfrentar con aliento los retos que implica la inevitable evolución hacia una agricultura moderna y sustentable.

Por ello los esfuerzos que se realizan con el fin de mitigar esta nociva coyuntura y mejorar los niveles de beneficio son valiosos y diversos, sobre todo en el sentido de innovación y desarrollo de herramientas tecnológicas de respaldo, las cuales buscan disminuir los costos de producción, descargando el alto grado de presión aplicado sobre el recurso económico, natural y humano, alcanzando altos y estables rendimientos los cuales expresen resultados positivos que concedan mayores ganancias para el bolsillo del agricultor y mejoren su calidad de vida. Perspectiva planteada a través de la correcta adopción de prácticas de probada eficiencia, no necesariamente nuevas ni más costosas, algunas desde hace décadas conocidas pero poco aplicadas, perfectamente adaptables al entorno, tales como el uso de semilla de buena calidad o variedades mejoradas de alto potencial conectadas con los principales requerimientos del mercado, siembras en camas con altas densidades de población, aplicación de materia orgánica para mejorar las condiciones del suelo, uso de una mejor nutrición vegetal, marcos de siembra en curvas a nivel y realización de pileteo para cosecha de agua de lluvia, establecimiento de fechas de siembra correctas de acuerdo a las características de la variedad y a las condiciones climáticas prevalecientes, rotación de cultivos y mínima labranza principios de agricultura de conservación, así como la disminución en la utilización de insecticidas, herbicidas, fungicidas y demás moléculas sintéticas, y mayor aplicación de materiales biológicos e incremento en las poblaciones de organismos benéficos, esto solo por mencionar algunos componentes técnicos que cuando se integran al esquema de cultivo tradicional, pueden llegar a plasmar un avance sostenible de la productividad, tendiente a una preferente interacción comercial basada en una mayor calidad, con mejor relación costo-beneficio.

“Para el agricultor del altiplano semiárido del norte centro del país, la producción de granos básicos es una actividad esencial, aunque es un ramo muy enmarcado y complejo, dado que la superficie principal se cultiva bajo condiciones de temporal, con escasa y errática precipitación, por lo que los rendimientos están sujetos a la ocurrencia de lluvias y a su distribución en las diferentes etapas del cultivo, además su establecimiento es por lo general en suelos con poca fertilidad o pobres de materia orgánica, lo que sumado al sistema tradicional con un manejo agronómico inapropiado, ocasiona gran fragilidad productiva y competitiva, bajo un irrazonable desgaste de recursos naturales, lo que poco a poco ha estado deteriorando los medios de producción, la utilidad e incrementando los costos, situación por la que nos hemos dado a la tarea de promover la adopción de sistemas acordes a una mayor eficiencia amigable con el entorno”; así lo determinó el Ing. Santiago Flores Espino, extensionista agrícola en el área de conservación de suelos.

“Sin duda alguna con el desarrollo de nuevos y apropiados esquemas productivos, se puede hacer de la agricultura una ocupación sustentable, por lo que es perceptible la existencia de un notable potencial de oportunidades, siempre y cuando se realicen los ajustes necesarios en la forma de trabajar y principalmente en la ideología, pasando de pensamientos o prácticas convencionales a un desempeño más moderno y evolutivo”.

“En términos generales, lo que establecimos en el pasado ciclo agrícola, fue la siembra de frijol y cebada en curvas de nivel, lo cual consta simplemente de realizar las hileras del cultivo en contra de la pendiente, lo que trae consigo muchos beneficios, como la disminución de la erosión hídrica ocasionada por el arrastre del agua de lluvia tanto del suelo como de los nutrientes, lo que a la vez retiene mayor humedad y mejora la filtración, además se incrementó la densidad de plantas por hectárea dado que los cultivos se dispusieron en camas a 4 hilos, así como la implantación del testigo con el manejo habitual del productor en surquería tradicional, con la intención de valorar y comparar mejor las principales diferencias y resultados. Trabajos desarrollados en el predio de producción comercial denominado Los Magueyes, ubicado próximo a la localidad de Tierra Generosa, del municipio de Miguel Auza, Zacatecas, delimitado bajo la modalidad de temporal, con potencial medio, una altitud de 2,129 metros sobre el nivel del mar, precipitaciones cercanas a los 500 milímetros, relieve en ladera, mala nivelación, textura arenoso franco y mala porosidad, en la que como primer paso se realizó el análisis de suelo y un diagnóstico de la parcela mediante instrumentos como el penetrómetro, que da el grado de compactación del terreno, y el infiltrómetro el cual determina la capacidad del suelo para captar agua, con lo que de entrada se encontró un alto grado de dureza, poca capacidad de retención de humedad, bajo contenido de materia orgánica, y pH elevado”.

En ese sentido se realizaron ciertas labores de acondicionamiento e innovación con el propósito de mejorar dichas limitaciones, por lo que el Sr. Miguel Serrano Rueda, productor cooperante de dicho ensayo, propietario de la parcela Los Magueyes de Tierra Generosa (en la que se sembró una superficie de 12 hectáreas de la leguminosa, además de 15 hectáreas de cereales, entre cebada, avena y maíz), y representante de la Organización Probase de Miguel Auza, determinó; “por el tipo de condiciones encontradas nos dimos a la tarea de realizar un subsuelo, barbecho, rastreo y trazo de curvas a nivel, posteriormente sembramos cebada maltera Voyager y frijol Pinto Saltillo, establecidos en la parcela testigo el día 14 de julio de 2018, y en la de innovación un día después, el 15 de julio, en la primera bajo un tipo de siembra convencional o de cobertura total, y en la segunda en camas a 4 hileras donde además se utilizaron enmiendas como azufre agrícola y composta orgánica, así como algo de fertilización foliar”.

“El desempeño y material utilizado en el testigo consistió en una cantidad de semilla criolla para la siembra de cebada de 100 kilogramos por hectárea y 30 kilos de frijol, profundidad de siembra de 8 centímetros, con un tipo de sembradora de cereales de marca Internacional de 20 hileras, una dosis de fertilización de 13 unidades de nitrógeno, 13 de fósforo, 5.5 unidades de potasio y 3.5 unidades de magnesio, siendo las fuentes principales el Sulfato de Amonio, MAP (Fosfato Monoamónico), y K-Mg, con aplicación enterrada en la siembra. En cambio para la parcela de innovación se implementó semilla certificada a razón de 65 kilogramos por hectárea para la siembra de cebada y 42 kilos de frijol, depositada a una profundidad de 10 centímetros con sembradora hechiza de 8 hileras, la dosis de fertilizantes fue de 50 unidades de nitrógeno, 38 de fósforo, 18 de potasio y 10 de magnesio, derivadas de Sulfato de Amonio, MAP, K-Mg y Fosfonitrato, con un momento y lugar de aplicación tanto en la siembra como en la primera escarda enterrado en banda, además de la enmienda con azufre agrícola a través de 50 kilogramos por hectárea, 250 kilos de composta y 10 litros por hectárea de fertilizante foliar con microelementos”.

“Las camas, en el caso del predio de innovación, miden 1.64 metros de ancho, con 4 hileras y un espaciamiento entre ellas de aproximadamente 30 centímetros; en la surquería convencional hay una distancia de 82 centímetros entre surcos. Esta modificación dé inicio se nos hacía de difícil implementación, pero sólo es cuestión de decisión para realizar los cambios necesarios, los cuales definitivamente valen la pena, ya que en la parcela de ensayo estimamos un rendimiento por arriba de la tonelada de grano por hectárea y ojalá en la de manejo tradicional lleguemos a la media tonelada, en comparación a años anteriores en los que traíamos un rendimiento de frijol de 250 a 300 kilos por hectárea, por lo que alentadoramente hoy esperamos un significativo incremento, atribuido sobre todo al acompañamiento técnico que nos ha impulsado a traspasar las barreras ideológicas que como productores nos condicionaban”.

“No obstante, es ineludible el inminente retroceso productivo del que son objeto nuestros sistemas, con condiciones cada vez más difíciles y retos cada día más grandes, regidos por el riesgo natural que implica la agricultura, con problemas que han golpeado durante mucho tiempo nuestra región, principalmente la constante erosión y degradación del suelo, fenómenos que están muy relacionados con los sistemas de manejo que actualmente seguimos desarrollando después de varias décadas, es decir, con la forma tan tradicional como se ha venido cultivando, lo que ha propiciado elementos favorables para que los obstáculos crezcan, sin embargo, son estas mismas circunstancias adversas las que han abierto la puerta a opciones enfocadas a enfrentar tales desafíos, implementando prácticas y tecnologías al alcance, que quizá requieran de un poco más de esfuerzo para poder adaptarnos tanto física como mentalmente al cambio, pero que con el paso del tiempo serán estas mismas modificaciones las que nos permitirán obtener resultados diferentes”.

Restaurar, retener y reducir son conceptos que forman parte de la estrategia para preservar recursos naturales fundamentales para la producción, como lo son suelo y agua, mediante una conveniente adaptación y ejecución de la llamada agricultura de conservación, modelo productivo configurado por 3 principios básicos, remoción mínima del suelo, rotación de cultivos y retención de residuos sobre la superficie, planteamiento respecto del cual el Sr. Serrano Rueda acertadamente señaló; “este tipo de sistemas nos brindan un abanico muy amplio de oportunidades, con una gran diversidad de semillas para poder intercalar y evitar con ello la contraproducente práctica del monocultivo, además de poder dejarle al suelo materia orgánica e incorporarle compostas y demás materiales que restablezcan su fertilidad biológica, cubriéndolo así también con residuos de cosecha que acoten la dañina erosión, aunque tenemos que entender que en esto no hay recetas exactas ni mágicas, sino que paulatinamente tenemos que ir conociendo a fondo nuestros suelos y sus principales necesidades”.

“Se dice que este es el año cero para nosotros dentro de la labranza de conservación, etapa en la que se comienza a trabajar para acondicionar el terreno lo mejor posible con el fin del día de mañana tener una mejor estructura que nos permita realizar una siembra directa, prácticamente sin mover el suelo, sólo para sembrar y cosechar. Lo que siempre hemos realizado es meter el arado de discos, una rastra, emparejamos, sembramos, escardamos, asegundamos y cortamos, 7 u 8 labores o pasos con maquinaria que poco a poco han ido endureciendo aún más el terreno, por lo que inevitablemente el diagnostico nos arrojó dos pisos de compactación, el de rastra a los 15 centímetros y el de arado a los 30 centímetros, aspecto que no permite avanzar rápidamente dentro de la mínima labranza hasta corregir dicho problema, situación que esperamos mejore para el año que entra y ya nada más subsolar y sembrar, con lo que oportunamente vamos a dejar de mover excesivamente el suelo como lo hemos venido haciendo, encontrando grandes beneficios con ello, principalmente la reducción de costos en maniobras y en combustibles”.

“Evidentemente la única oportunidad que tenemos para salir adelante es ésta, y mientras no nos dispongamos decididamente a realizar este tipo de siembras vamos a seguir en el mismo lugar, e incluso iremos empeorando cada día, sin la posibilidad de obtener una remuneración justa por nuestro trabajo que nos permita crecer; más que una alternativa la vemos como una necesidad, ya que de otra forma son pocas las posibilidades de sobrevivir con este tipo de suelos y con esta clase de dificultades”.

Para finalizar, el Sr. Miguel Serrano concluyó; “como productores tenemos que perder el miedo al cambio, en nuestro caso no compramos una sembradora de precisión ni hicimos cosas fuera del alcance, solamente adaptamos lo que tenemos a los requisitos que ocupamos, pero eso sí, siempre bajo la idea de aprender todos los días, de enseñarnos a tratar nuestro suelo, la semilla, la composta, a hacer equipo y a crear un circulo integral que nos permita adoptar toda la tecnología disponible del entorno”.

Es ecuánime reconocer que el mayor problema está en la limitada evolución ideológica alcanzada, ya que es mínimo lo realizado por transformar las condiciones del entorno, en el que pasivamente se sigue produciendo y comercializando como se ha efectuado desde hace décadas, aun y cuando el mundo ha cambiado diametralmente, proceso dinámico y natural que avanza constantemente, por lo que las condiciones de antes y de hoy, mañana ya no serán las mismas, realidad que obliga, no como una variable, sino como una necesidad, a modificar las prioridades; entendiendo además lo ilógico que sería esperar que dichas reformas se gesten externamente, sino más bien concebir la innovación por propia iniciativa, dando el lugar y la justa responsabilidad que corresponde a cada eslabón que conforma esta cadena productiva.

Espera la 2ª parte de este valioso e interesante reportaje, en próximas ediciones… 

 

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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