Al alba de una nueva y alentadora temporada

Comenzar un nuevo ciclo con el pie derecho, es base para la culminación de un sistema hortícola intensivo exitoso, planteamiento que posiciona la gran importancia que conlleva el adecuado establecimiento del cultivo, a través de un correcto y preciso proceso de trasplante. De esa forma, la plantación, además de ser el inicio de muchos cultivos prioritarios en la región desde un punto de vista socioeconómico, representa una de las etapas fundamentales y más críticas de la producción, dado el alto grado de estrés inducido en las plantas como resultado de su manipulación para su colocación en el terreno definitivo, por ello el fin de esta labor debe ser minimizar los agentes de presión y crear las condiciones idóneas para que cada plántula arranque su crecimiento de forma natural lo antes posible, sana y uniformemente, mediante su adecuada distribución de acuerdo a un diseño que provea el espacio justo y facilite su desempeño reproductivo.

“La plantación la podemos definir como una tarea complicada pero muy satisfactoria, la cual demanda mucho trabajo y atención dado el extenso número de variables que se tienen que manejar, como la densidad y profundidad adecuada, condiciones de raíz y macices óptima de la planta, aplicación correcta de agua, empleo y conducción de personal calificado, además de una inicial y buena preparación del suelo, con el fin de acondicionarlo lo mejor posible tratando de crear una superficie suave y uniforme que facilite el propio trasplante así como labores posteriores”; así lo determinó el Ing. José Antonio Delgado Martínez, asesor técnico y productor por vocación, acreedor de una gran pasión por el campo, con varias décadas de experiencia y desempeño dentro del sector, quien en el presente ciclo estableció una importante superficie con el cultivo de chile, dividida entre diferentes unidades productivas, una de ellas llamada Pozo Número 1 de La Tesorera, perteneciente al municipio de General Pánfilo Natera, Zacatecas, donde recientemente planto alrededor de 2 hectáreas de chile puya criollo.

“Por lo general duramos un mes plantando, tiempo en el que logramos casi siempre establecer cerca de 25 hectáreas de chile, siendo este par de hectáreas de puyas las últimas que trasplantamos, y aunque también ponemos algo de mirasoles, nuestra principal producción está en los chiles puya, ya que por cuestiones culturales y agroclimáticas en esta región es el cultivo que predomina, incluso es la zona del país y creo que del mundo donde se producen prácticamente todos los chiles puyas que existen, franja que abarca gran parte de San Luis Potosí, Villa de Ramos, La Dulce, y todo lo que es Pánfilo Natera y el municipio de Ojocaliente, Zacatecas; además cabe señalar que aunque estos chiles son criollos, también ponemos puyas híbridos, desarrollados por la empresa coreana Nong Woo Seed y distribuidos en el país por Marseed, que la verdad es que también son muy buenos, altamente productivos, y con excelentes características, pero su sabor no se asemeja a los criollos, esta variedad de la que hablamos es llamada Caudillo, y en lo personal a mí me toco realizar el trabajo de campo, por lo que durante 5 años estuvimos llevando todo un proceso para su creación, siendo que al principio eran muy anaranjados y el tamaño no daba, pero poco a poco el genetista fue superando todos esos detalles hasta que logró sacar ese puya, que tiene todas las características y es muy rendidor”.

“Pero bueno, estas 2 ultimas hectáreas que plantamos, son de chiles puyas criollos, los cuales tienen propiedades muy especiales, que no las tienen ni el chile de árbol, ni el mirasol, ni ningún otro tipo de chile, y quien realmente conoce, que en este caso sería la ama de casa, sabe de ese sabor característico, de ese grado de picor, aroma, y color único que le da a las salsas y a cualquier otro platillo en el que se utilice como condimento, lo que a final de cuentas le da un amplio margen organoléptico de diferenciación posicionándolo así como un producto del campo exclusivo en el planeta”.

“Esta semilla nos la han heredado nuestros ancestros, y nosotros aquí en campo la hemos ido seleccionando antes de empezar a cosechar, recorremos el terreno, escogemos las plantas con las características que nos gustan según lo que queremos desarrollar al siguiente ciclo, la beneficiamos, y nosotros mismos hacemos nuestra propia plántula, ahorita ya casi todo en charolas bajo agricultura protegida, aunque todavía hay mucha producción en almacigo tradicional en piso, pero en nuestro caso prácticamente todo lo que ponemos ya es con cepellón, planta que obtenemos en invernaderos pequeños que fabricamos”.

“Trascurren de 55 a 60 días desde que sembramos la semilla en la charola, hasta su plantación, que es el tiempo que permanece en el vivero. De esa forma, comenzamos con la siembra los últimos de enero para plantarla los últimos de marzo o primeros de abril, según las condiciones climáticas, que es el factor que más monitoreamos, pero por lo general las plantaciones se dan del 15 de marzo al 15 de abril, temporada en la cual se planta la mayoría de la superficie en esta región, según las temperaturas como dije, y si vemos que el tiempo está frío nos aguantamos otro poco”.

“Para decidir pasar del semillero o plantero, al campo definitivo, lo primero que checamos es el tiempo que tiene la planta o su edad, que este bien maciza, que el tallo no se doble, que tenga suficiente raíz, por ejemplo, a mí me gusta una planta no muy grande y bien maciza para que al momento de trasplantarla no se doble o se acueste si es que ya está haciendo demasiado calor, con un amplio sistema radicular para que no pierda tiempo y comience a trabajar lo antes posible, y que no venga enferma, para lo cual se lleva todo un proceso de cuidados constantes, en realidad se apapacha mucho, pero también se busca darle las fortalezas para que no se estrese o sufra lo menos posible al llegar a campo abierto”.

“El marco de plantación que empleamos es el más usual en la región, acolchado a doble hilera con una sola cinta para el riego por goteo, un espaciamiento entre líneas de 30 centímetros, y una distancia entre plantas de 30 a 35 centímetros, lo que nos da una densidad de población de alrededor de 37 mil plantas por hectárea; y son 1.60 metros entre centro y centro de la cama. Aquí lo que buscamos es el ahorro de agua; al respecto hace tiempo realizamos un ensayo para determinar cuanta humedad aprovechábamos más con acolchado en comparación al sistema de cama o surco desnudo, y la diferencia en el ahorro o aprovechamiento fue de un 40% más con el plástico, porcentaje que en estos tiempos es enorme lo que evita el gasto innecesario de agua, y los altos costos por concepto de energía eléctrica ya que aquí todo es rebombeo, dado que tenemos pozos profundos, de 150, 180 hasta los 250 metros de profundidad”.

“Lo que es la labor propiamente dicha del trasplante, se realiza de forma manual a través de personal capacitado o con conocimientos previos en la tarea, quienes entierran la raíz o la parte del cepellón en el suelo, realizando un pequeño orificio en la superficie con los mismos dedos, colocando así la parte radicular de la planta a una profundidad de unos 4 a 5 centímetros, y siempre tratando de ubicarla verticalmente al centro de las aberturas del acolchado, ya que si la planta pega en el plástico y las temperaturas son elevadas, se puede llegar a quemar por el llamado efecto chimenea que se origina; en si es un trabajo muy rustico, bien conocido por la gente de nuestra región desde hace décadas, por lo que prácticamente ya no tenemos que decirles nada, ellos se encargan de todo, meten la planta al centro y le colocan tierra para tapar el agujero. La plantación comienza a primeras horas del día, en cuanto los primeros rayos del sol facilitan la visibilidad, y entre 15 gentes más o menos, en 4 máximo 5 horas terminan de trasplantar alrededor de 2 hectáreas, siendo así esa su jornada laboral, por lo que acaban de trabajar de las 11 a las 12 del día, cabe señalar que se les remunera con un poco más de lo normal, ya que esta tarea es algo muy delicado, y lo que queremos es que se haga un trabajo fino, que quede muy bien plantado, para que esto funcione correctamente, ya que de aquí depende todo el ciclo, siendo que se puede decir que el trasplante es el inicio del cultivo, es sencillamente el arranque de todo”.

“Otro aspecto importante al momento de la plantación, es que debe de haber una buena humedad en el suelo, siendo este precisamente uno de los riegos más pesados de todo el ciclo de cultivo, y aunque sea riego por goteo es de los que mayor cantidad de agua demandan, ya que el terreno tiene que estar bien mojado para que la gente no batalle al momento de poner la raíz de la planta en el suelo, pero sobre todo para evitar que se dañen las raíces al momento de introducirlas en la tierra; de esta forma, son realmente de 8 a 10 horas de riego antes de iniciar con la plantación, para que el suelo se encuentre en las condiciones óptimas, por lo que generalmente empezamos a regar desde un día antes por la noche, para que por la mañana que llega la gente a plantar este todo listo y no se les dificulte el trabajo”.

“Realmente son pocos los problemas que se pudiesen presentar o afectar al momento del trasplante, ya que las limitantes las tratamos de superar desde que empezamos a preparar todo, dado que el trasplante podría ser como la culminación de toda una serie de trabajos previos, pero a su vez es el inicio de otra secuencia de labores. En si lo más grave que nos podría llegar a pasar en esta etapa, y que es algo que ya está fuera de nuestro control, podría ser, por ejemplo, que nos cayera una helada, y es algo que desafortunadamente ha pasado mucho, que estando plantado helara, y contra eso es muy poco lo que podemos hacer sobre todo hoy que el clima ha cambiado tanto, pero tratamos de que las plantas lleguen bien acondicionadas para que puedan aguantar inclusive esas heladas, o bien los fuertes vientos que también es algo que nos castiga mucho en estas temporadas, pero a grandes rasgos son factores que están fuera de nuestras manos, lo único que hacemos ante ello como agricultores de fe, es encomendarnos al de arriba y aceptar con gusto lo que venga, pero si poniéndole todas las ganas, encargándonos de lo que a nosotros nos toca y pidiéndole con convicción al de arriba que nos eche la mano en lo que no podemos tener mucha incidencia”.

“Plantado, el cultivo se arraiga y comienza su desarrollo inmediatamente, sobre todo en este tipo de sistema donde ya viene la plántula con su raíz bien preparada y dado que son chiles criollos los cuales poseen gran resistencia y fortaleza, altamente adaptados a nuestras condiciones, por lo que si los revisamos en 3 o 4 días posteriores al trasplante ya podremos ver en el suelo raíces nuevas, y en unos 8 días ya se ve que las plantas empiezan a cambiar de color, que es cuando coloquialmente decimos que ya prendieron. De ahí vienen otras labores, que es ya cuando unos días después vuelve a entrar la gente con sus accesorios para echar tierra lo que evita que el calor nos queme las plantas, pero también evita que salga maleza y no tener que andar deshierbando después”.

“En este sistema, a los 4 o 5 días después del trasplante, casi siempre se le vuelve a dar otro riego, nosotros lo conocemos como sobre riego, el cual se realiza para afianzar bien el cultivo y que no le valla a faltar humedad; ya después los riegos son aproximadamente cada 8 días, y los medimos, pueden ser de 1 o de 2 horas, según las condiciones ambientales y conforme lo va necesitando el desarrollo del cultivo, afortunadamente con el acolchado dura mucho la humedad, por lo que podemos darnos el lujo de no regar tan seguido”.

“De plantado a que podemos tener chiles verdes macizos son 90 días los que transcurren, y prácticamente otros 90 días para estar cosechando chiles rojos, aunque la verdad es que este tipo de chiles, puya, son para secar o su mercado es en seco, en verde muy poco, por lo que a grandes rasgos son 6 meses de que se trasplantan ha que empezamos a cosechar, hablando así de que cortamos aproximadamente en el mes de octubre. En los puyas anteriormente era muy característico que se cortaban y se engavillaban en campo como si fuese un frijol, formando con ello una especie de arcina, que servía tanto para protegerlos del sol, así como para lograr un deshidratado totalmente natural del fruto, que es una de las propiedades principales por las cuales se diferencian este tipo de chiles, por su secado uniforme sin decoloración alguna, aunque desafortunadamente por cuestiones de seguridad en la actualidad ya no es tan factible realizar dicho proceso en campo, pero si hay quienes aún lo hacen, sobre todo productores muy arraigados que todavía tratan de implementarlo, y la verdad es que a mi me gusta mucho hacerlo de esa manera, desgraciadamente ya no se puede, dado que nos arriesgamos a que el producto simplemente cambie de dueño”.

Para concluir, el Ing. Delgado Martínez agregó; “en sí, tanto cosecha como todo su tratamiento poscosecha es un proceso netamente artesanal, en la pisca se le paga cierta cantidad a la gente por cada bote que cortan, y su secado es completamente natural, y aunque esas labores representan mucho trabajo, sinceramente es algo que a mí me encanta, además cabe señalar que un puya criollo bien atendido nos rinde alrededor de 3.5 toneladas de chile seco por hectárea en promedio, hay quienes pueden producir más y quienes menos, pero esa sería una media razonable, y en los híbridos que comentaba, Caudillos, se pueden cosechar de 4 a 4.5 toneladas por hectárea de secos, esto obviamente dependiendo del cuidado y manejo aplicado, conforme a un sinfín de factores como nutrición, suelo, agua, temperaturas, etc.”.

Espera la 2ª y última parte de este reportaje productivo, en próximas ediciones…

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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