Fuente de laboriosidad

Con cerca de 50 años en el cultivo de ajo, el mercado nacional, así como el sector productivo han sufrido invariablemente cambios conforme a las necesidades que exige la demanda de esta hortaliza; no obstante, de dichas modificaciones, cabe destacar que después de casi 2 décadas, Zacatecas ha logrado mantener su liderazgo en la producción de ajo a nivel nacional, posicionando así a dicho ramo como símbolo de competitividad, punta de lanza en el desarrollo de la agricultura. Meritorio emplazamiento difícil de alcanzar sin la valiosa interacción de los diferentes eslabones que conforman esta cadena productiva, resaltando, sobre todo, el trabajo, la sabiduría y el carácter de las generaciones de hombres y mujeres de campo, agricultores de excelencia, merecedores no sólo del reconocimiento local sino también de la deferencia internacional, testimonio material de grandes virtudes y capacidades; privilegiada posición, determinada además por la presencia de condiciones agroambientales aptas para un buen desarrollo fisiológico del cultivo, tales como un clima propicio con la suficiente cantidad de horas frío, que aunadas a la duración del día ayudan al correcto llenado del bulbo, así como también la presencia de grados cálidos los cuales favorecen un mayor auge vegetativo, y con ello un mejor desempeño de la planta.

“A pesar de los grandes contrastes que traza el sector productivo moderno y los enormes riesgos, sobre todo naturales, que la agricultura conlleva, también hoy se pueden observar afortunadamente avances importantes en el concepto del cultivo de ajo, gracias principalmente al desarrollo y adopción de la tecnología, y a una mejor interpretación de la simbiosis generada entre las plantas y su entorno”; así lo compartió amablemente Jesús Antonio Menchaca Acuña, ingeniero agrónomo de profesión, agricultor y ganadero por vocación y tradición familiar, sucesor de generaciones dedicas al campo, involucrado en tareas agropecuarias desde niño, por lo que a su corta edad cuenta con una destacable experiencia y destreza dentro del ramo productivo, manejando varias cabezas de ganado y el cultivo de granos, forrajes y hortalizas, tales como cebada, maíz, frijol, alfalfa, avena, chile, cebollas y ajos de los cuales estableció en el reciente ciclo agrícola una superficie aproximada de 7 hectáreas en suelos del Rancho La Laborcilla situado en el municipio de Villa de Cos, Zacatecas, unidad perteneciente a la Sociedad de Producción Rural familiar llamada Agroproductores de La Laborcilla.

“Mi señor padre desde los años 90´s ha sembrado ajos, y aunque se puede decir que es un cultivo enigmático e impredecible, hasta cierto punto también ha sido algo estable, por lo que no nos quejamos, con años que definitivamente nos ha ido muy bien, y otros en que le pataleamos un poco para producirlos, ya que como es sabido, en el ajo influye en gran porcentaje lo que es el clima, por lo que hay ciclos en los que nos puede ir regular en el clima y tenemos un buen precio, pero también hay ocasiones en que levantamos muy buenos ajos y su valor comercial anda bajo, por lo que esto es como un juego de azar, intervienen muchísimas variables para que se conjunten las mejores condiciones que nos den el resultado esperado o que pudiesen superar las expectativas, pero a grandes rasgos últimamente nos ha ido bien con los ajos”.

“Conforme a la demanda y a la adaptación, hemos optado por manejar la variedad llamada Prosur, proveniente del norte del país, siendo varias ya las que hemos probado, pero hasta el momento es la que nos ha dado mejor resultado, en cuanto a rendimiento, aunque son un poco más difíciles de hacer ya que son más susceptibles al clima y en cuanto a fisiopatías como el escobeteado o el abonbonado, pero se compensa en cuanto a calidad y cantidad de la cosecha, estando así muy por arriba de los criollos o de los regionales jaspeados aquí del estado, además, destacan porque traen más color o más morados, y entre mayor tonalidad tengan más es su consumo y su valor”.

“El sistema productivo que implementamos actualmente es en surcos a 4 hilos, con un espaciamiento entre surcos de 90 centímetros, los hilos centrales por donde pasa la cinta para el riego por goteo están a 15 centímetros de separación, y los hilos exteriores se ubican a 10 centímetros; con tal diseño alcanzamos una densidad de población de aproximadamente 450 a 500 mil plantas por hectárea, la cual, aunque hasta cierto punto es alta, nos permite una buena aireación u oxigenación y da el espacio apropiado para que el bulbo se desarrolle uniformemente.”

“La temporada de siembra de ajos aquí en esta región puede ser por lo general desde finales de agosto hasta octubre, pero el mero punto fuerte es en septiembre, y creemos que empezando dicho mes es el mejor tiempo para establecer esta variedad; y de los primeros a los mediados de mayo es cuando sale el fuerte de la cosecha de ajos en la zona, por lo que estamos hablando de un periodo de cultivo de 8 a 9 meses”.

“En términos generales las temperaturas en la región son las apropiadas para el desarrollo del ajo, ya que ocupan tanto horas frío como calor para su buen desempeño, y dado de que estamos ya del otro lado del Trópico de Cáncer (paralelo del planeta ubicado en el hemisferio norte), el clima es algo extremo, por lo que tanto el calor es más fuerte como también las heladas se sienten más; asimismo, los suelos nos ayudan mucho, siendo terrenos calíchentos o de piedra caliza, los cuales sentimos que algo influyen en los rendimientos, y en esta área tenemos agua dulce, aunque lo común es el agua salada, aquí a la redonda desde Manganas hasta San Antonio son aguas salinas, pero aquí en La Laborcilla afortunadamente es la excepción”.

“Hablando de la nutrición vegetal, al igual que otros cultivos, el ajo demanda para su adecuado desarrollo de elementos básicos como el nitrógeno, fósforo y potasio, así como microelementos, siendo la cantidad la que varía de acuerdo a un sinfín de condiciones, como los requerimientos propios de la planta, el estado del suelo, la densidad de población, etc.; pero aquí con esta variedad tratamos de tener mucho cuidado con el nitrógeno, va bien medido, y orgánicos casi no metemos, por el vigor que trae la semilla, siendo que si les empezamos a aplicar algún tipo de orgánico se nos escobetean, además cuando están fuertes los fríos optamos por suministrar una gran cantidad de fósforo para no ver las deficiencias, los moteados morados que se hacen en las hojas”.

“Para el adecuado manejo del agua y determinar cada riego antes poníamos los sensores de humedad, pero ahora por practicidad más que nada nos basamos en la observación continua del entorno. Al principio del ciclo, cuando la planta es aún pequeña, son pocos los riegos necesarios, esto dada la escasa radiación y las bajas temperaturas las cuales detienen el crecimiento vegetativo de la planta, por lo que no se pueden aplicar riegos fuertes ya que además de estar desperdiciando o desaprovechando el agua estaríamos generando condiciones favorables para la propagación de enfermedades; con la llegada del calor y con una mayor radiación lo que a su vez aumenta la evapotranspiración, naturalmente la demanda de agua por parte del cultivo también se incrementa, por ello y según como vaya creciendo la planta, paulatinamente se va acortado el periodo de tiempo de un riego a otro, siendo que prácticamente unas semanas antes de cosecharse deben de estar entre el agua”.

“Es así que al igual que cualquier otra determinación, el riego debe ser definido en base a las necesidades reales de la planta y a las condiciones ambientales presentes, reconociendo que el cultivo del ajo es uno de los que mayor cantidad de agua demandan; asimismo, es verdad que no existe una receta exacta para el manejo del ajo, ya que como todo en la agricultura, depende de una gran cantidad de factores, sobre los cuales el productor debe de tener conocimiento, y estar constantemente observándolos y midiéndolos como fundamento de una mejor fertirrigación y protección del cultivo”.

“Dentro del aspecto sanitario, en los ajos algo muy común son los trips, los vemos desde que se siembran hasta que salen, además, este año hubo una infestación de araña roja que no pudimos controlar, creemos que se presentó atípicamente por tanto viento. Afortunadamente en esta unidad de producción no se han presentado alteraciones considerables, ya que los ajos están establecidos en tierras nuevas lo que disminuye considerablemente enfermedades de importancia en el suelo como la pudrición blanca o de la raíz, y que en terrenos donde históricamente se ha cultivado ajo su incidencia se dispara, dado que es ocasionada por hongos que llegan a perdurar por décadas en la superficie y a la fecha no se cuenta con herramientas efectivas para su control”.

Llegada la madurez fisiológica del cultivo, es importante considerar que la calidad del ajo puede disminuir por deficiencias en el proceso de cosecha, valoración respecto de la cual, el Ing. Tony Menchaca señaló; “para entrar a cosechar lo primero es orear la tierra, buscando que esté en su punto, ni tan mojada ni tan seca, para que pueda entrar con facilidad la maquina aflojadora, anteriormente metíamos unas cuchillas para desprender el ajo del suelo, pero quedaba un poco más duro, por ello tratando de mejorar en ese sentido, ahora metemos otro tipo de implemento que le nombramos rotores, que son discos que se entierran y van girando gracias a que están conectados a la toma de fuerza del tractor, esta acción va aflojando los ajos desde abajo y los va votando o levantando, con esto quedan sueltos o prácticamente afuera, de ahí entra la gente a sacudirlo tratando con ello de quitar tierra a la raíz”.

“Posteriormente, se inicia con lo que se conoce como engavillado, enchorizado o enchufe, labor igualmente manual en la que se juntan varios surcos o camas en una sola línea, de tal forma que con los mismos tallos y hojas vaya quedando cubierto el ajo, logrando así una correcta deshidratación natural en campo, sin quedar totalmente expuesto al sol ya que esto ocasionaría la perdida de color, quemaduras o que las cabezas y dientes se cocieran, ya si se ve o se pronostica un clima llovedor, que quizá este año no sea el caso, tapamos las gavillas con hule, y aunque talvez esta temporada no se tengan que cubrir, de todas formas nosotros ya estamos preparados con el plástico por si las dudas, y en dado caso de que nos llegara a caer agua, no se mojen porque pierden color al irse desprendiendo las hojas envolventes del bulbo, por lo que pueden llegar a tornarse blancos totalmente, demeritando con ello gravemente su calidad”.

“De esa forma, amontonados, permanecen de 5 a 12 días para que se curen, según las condiciones climáticas, humedad, temperatura, viento, radicación, etc., buscando con ello que se deseque el vástago y la cabeza, para que amacice bien. Una vez que pasa ese período en que el ajo está enchufado, nuevamente entra la gente a mochar, se corta lo que es el tallo y la raíz, aproximadamente se le dejan de 2 a 3 dedos por arriba del bulbo, y algo de raíces para que siga chupando humedad evitando con ello que se rebroten y para que duren un poco más en almacén”.

“Después de ser recortados, se van colocando en cajas de plástico para ser llevados a la bodega donde se limpian y seleccionan, o bien se van así directamente de barbecho a ser comercializados en el mercado, esto es según como se venga el año, por ejemplo, la temporada pasada no limpiamos casi nada y este año a lo mejor también se va así, pero en otros años si hemos tenido que correrlos o seleccionarlos porque los precios andan bajos, tratando con ello de sacarles un poquito más de ganancia. En el caso de que se tengan que limpiar, a la gente le llega la caja a bodega del barbecho, todo parejo, ahí ya empiezan a tijeretear, se quitan todas las hojas secas negras o manchadas, buscando sacarles un color bien morado, se destaponan completamente, cortando la raíz a ras del bulbo y los centímetros que habían quedado del tallo, asimismo, van apartando lo que es diente desgranado o las flores, que es el ajo que no tiene hojas, que queda pelón, y todo lo que va quedando bueno se echa en rejas y pasa a la corredora, que a grandes rasgos es una línea o banda que tiene mallas con diferentes orificios, donde se va clasificando o seleccionando automáticamente por tamaños o calibres, que van del 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12, así del otro lado de la maquina lo está esperando la gente con cajas de cartón donde finalmente se empaca, cada ajo conforme a su número, se cierra y se embarca en el transporte con destino al mercado, cabe señalar que los tamaños más comerciales son los 8 y los 9, esos son los que tienen mayor demanda, pero en sí todo tiene mercado, lo único que no es el bombón, que ese se queda tirado en la parcela”.

Para finalizar, el Ing. Menchaca Acuña agregó; “por todo ello, la verdad es que la producción de ajo es un proceso bastante largo y laborioso, demandante de una gran cantidad de mano de obra, por lo que es generador de una importante fuente de empleo y de recursos, y aunque además es complejo y requiere de fuertes inversiones, siendo uno de los cultivos más caros pudiéndose comparar con unos chiles en acolchado, hablando así de unos 120 a 150 mil pesos por hectárea, a pesar de ello, consideramos que es un cultivo rentable, incluso por muy barato que ande, nos han tocado años que adán a 7 o 9 pesos, y de todos modos rindiendo así sale el gasto, ahora como el año pasado que fue bueno para los ajos, oscilando sobre los 20 pesos el kilogramo de barbecho, ya si van limpios, seleccionados y empacados es otra cosa, por lo que en esos casos puede ser muy considerable el rango de utilidad que el productor puede obtener, y ahorita las cosas afortunadamente pintan para bien”.

“Sin duda en el cultivo de ajo influye en un 80% o más lo que es el clima; hay años que se pueden ir unos ajos muy buenos sin tanto fertilizante ni manejo, pero hay otros que, a pesar de que le metamos de todo no se hacen o se rebrotan, y aunque se supone que más o menos ya le hallamos la movida, las condiciones de un año a otro cambian por completo, por ello que aquí en el campo nunca dejamos de aprender, siempre hay cosas y lecciones nuevas que tenemos que dimensionar para ir mejorando poco a poco”.

No obstante de ser un cultivo promisorio, su manejo requiere de un arduo trabajo por mantener no sólo la calidad sino también por incrementar los rendimientos, y aunque el panorama para este ramo productivo parece ser incierto en sus matices comerciales, el abanico de oportunidades se abre a medida que los índices poblacionales aumentan originando con ello un lógico crecimiento en la demanda del producto tanto en volumen como en calidad, lo cual a su vez constituye el gran reto de determinar con precisión las necesidades puntuales del mercado y generar en base a ello los mecanismos certeros que cubran en tiempo y forma los requerimientos reales del consumidor.

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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