Aroma y sabor a campo

Sin duda la vida es una permanente exposición a lo inesperado, igualmente hablar de la producción de cebolla implica un alto grado de incertidumbre sobre todo en sus matices comerciales, ya que dadas sus particularidades estacionales y globalizadas se torna en un ramo sumamente impredecible que puede girar a favor o en contra de un momento a otro, además, si se añaden elementos como los duros contrastes que actualmente abruman al sector productivo, y los agobiantes riesgos, principalmente naturales, que la agricultura conlleva, hacen de este un cultivo bastante complicado e imposible de pronosticar; sin embargo, cuando se conjuntan condiciones del entorno favorables, se puede convertir en una importante ventana de oportunidad para evolucionar retribuyendo justamente el empeño y dedicación del agricultor, deseada coyuntura que a su vez estimula la derrama de recursos a nivel regional y activa los demás segmentos de las economías locales, transformándose en un privilegio del cual definitivamente resulta beneficiada toda la sociedad, basados en la premisa de que si al campo le va bien a todos nos puede ir mejor, de ahí la importancia de reconocer y valorar el gran esfuerzo realizado por hombres y mujeres de campo que ciclo tras ciclo trabajan con el objetivo de cosechar los frutos que la madre tierra provee para ser llevados a cada una de las mesas de la población.

“Sin duda el cultivo de cebolla representa todo un arte en el que confluye la tecnología y la experiencia del agricultor adquirida en el desempeño de la labor a través de generaciones, tiempo en el que se ha ido perfeccionando su sistema de producción, adecuando paulatinamente los diferentes componentes que definen su competitividad, como el material genético, el sistema de riego, acondicionamiento del terreno, nutrición vegetal, control integral de malezas, plagas y enfermedades, entre otros”; así lo determinó Luis Antonio Ortiz Reyes, agricultor líder de la unidad de producción conocida como Rancho El Ángel, ubicado en suelos pertenecientes a la localidad de Chaparrosa del municipio de Villa de Cos, Zacatecas, en el cual se establecieron y cosecharon recientemente alrededor de 15 hectáreas de cebolla tanto blanca como morada.

“Aquí en el campo ningún año es igual a otro, siempre hay algo diferente, por lo que en realidad como agricultores nunca dejamos de ver y conocer cosas nuevas, aprendiendo de los aciertos pero sobre todo de los tropiezos, de los cuales con empeño hemos sabido levantarnos dimensionando sus causas para tomarlas como una lección más la cual nos impulse y nos señale en donde no hay que pisar para no volver a caer, pero definitivamente en esta tarea de producir alimentos, por más capacitados y experimentados que estemos, siempre nos vamos a encontrar altamente expuestos a un sin número de riesgos, y aunque hoy el desarrollo tecnológico es evidente transformando al sector en uno más eficiente y productivo, también tenemos que reconocer que el constante incremento en los costos de producción es una seria limitante, dado que el valor de los insumos necesarios mantiene una marcada tendencia ascendente, como es el reciente y exagerado incremento en los precios de los fertilizantes, los combustibles, plásticos, agroquímicos, semillas, maquinaria y equipo, entre otros, convirtiendo al ramo en una actividad demandante de grandes inversiones las cuales seguro es que irán en aumento cada año, dificultando así cada vez más la tarea de producir, por lo que actualmente mucho agricultor se ha retirado o ha desaparecido, convirtiéndose, como dicen, en una especie en peligro de extinción”.

“No obstante, quienes permanecemos, tenemos que seguir esforzándonos por ser cada día más eficientes, tratando de producir más con menos, si nuestra intención es mantenernos como productores, y la única alternativa que vemos para lograrlo es la innovación y adaptación a las nuevas condiciones ambientales, económicas y sociales, mediante la tecnificación. Por ello se ha optado en manejar una buena genética, con el potencial necesario para que los resultados sean positivos siempre y cuando las condiciones agroclimáticas lo permitan, por lo que a grandes rasgos en cebolla blanca el material que utilizamos es Cirrus de Seminis, ubicada en el segmento de día corto de precocidad intermedia, con bulbos muy uniformes de un color brillante y tamaños grandes y jumbos en forma de globo, con un alto porcentaje de un solo centro y una alta tolerancia a verdeo, su follaje es bastante vigoroso, y simplemente es la que mejor nos ha funcionado siendo más rendidora y más resistente a enfermedades, la cual se ha adaptado bien al manejo dentro de nuestros programas productivos y sobre todo a las condiciones ambientales de esta región, además, es una de las cebollas más buscadas por los compradores o comercializadores por su peso, tamaño y estética; para el caso de la cebolla morada empleamos la variedad de Nunhems llamada Rasta, de forma redonda con tamaños jumbo, de días cortos, muy demanda para su consumo sobre todo en las zonas costeras del país, por lo que en realidad como productores, siempre tratamos de acoplarnos a lo que nos pide el mercado y no sólo a lo que nosotros creemos o sabemos producir sino a lo que verdaderamente está demandando el consumidor”.

“Ya que tenemos la variedad, el siguiente paso es sembrar la semilla, para ello contamos con una sembradora, labor que se realizó aproximadamente el 15 de octubre del 2021, y normalmente para que la plántula germine y se desarrolle por completo se lleva un lapso de 3 meses o 90 días, tiempo en que alcanza un diámetro correcto del bulbillo y una buena talla para que vaya a su plantación lo más maciza posible y con una excelente cobertura de raíces, ya que eso es lo que permitirá que se arraigue firmemente, cumpliendo así con dicho período de desarrollo el 15 de enero del 2022, fecha en la que más o menos fue cuando se realizó su trasplante a campo, de ahí son alrededor de 4 meses para su maduración y cosecha, por lo que de mediados de mayo en adelante se empezó a levantar, esto dependiendo lógicamente de factores tanto ambientales como de manejo, en base a lo que se pueden presentar variantes y alargarse el ciclo natural del cultivo o bien acortarse un poco el tiempo necesario para obtener una cebolla bien hecha”

“A grandes rasgos, el sistema productivo que manejamos para el cultivo de cebolla lo podemos definir como campo abierto en camas a 4 hilos con acolchado plástico, tratando de crear con ello las condiciones idóneas para una mayor retención de humedad, mejor temperatura del suelo, acortando así el tiempo de producción, y llegando alcanzar un rendimiento promedio de las 80 a las 85 toneladas por hectárea; también están a doble cintilla para mojar más rápido la cama y llevar con ello más oportunamente agua y nutrientes a las plantas. Hay una distancia de centro de la calle a otro de 1.50 metros, y de una cebolla a otra hay una distancia de alrededor de los 12 centímetros, diseño con el que más o menos alcanzamos una densidad de población de las 210 mil plantas por hectárea, buscando además así darles el espacio correcto para que se desarrollen bien y no topen entre ellas porque después se pueden presentar problemas como que se tablean u otro tipo de malformaciones”.

“Arraigada la planta en campo, se trata de darle un buen manejo, de apapacharla para que esta exprese sus mejores características, con riegos y una nutrición eficiente, prevención y control en tiempo y forma de malezas, plagas y enfermedades, basados en una observación constante en cada una de las diferentes etapas del cultivo, tratando con ello determinar con precisión las principales demandas que éste genera. Por una parte, el tema de la nutrición vegetal es muy variable, ya que no es como una receta de cocina donde se tengan preestablecidos que ingredientes son los que hay que aplicar, sino que depende de un sinfín de factores, por lo que para acertar tenemos que monitorear cada una de las condiciones presentes, e ir escuchando que es lo que las plantas dicen y viendo poco a poco cómo es que estas van reaccionando, para en base a ello determinar que nutrientes aplicar y en qué cantidades; e igual pasa con los riegos, donde se requiere de cierta experiencia e intuición para establecerlos apropiadamente, por lo que de la misma forma es necesaria una observación constante de cada una de las condiciones que inciden sobre las plantas, como el clima, temperatura, humedad ambiental y del suelo, velocidad del viento y radiación, entre otros aspectos a considerar, para en base a ello determinar la periodicidad, el lapso de tiempo o la cantidad de agua de riego a suministrar, evidentemente entre más grandes las cebollas demandan de una mayor cantidad, por lo que en las primeras etapas después de su plantación es mínima el agua que requieren, volumen que paulatinamente va en incremento conforme el cultivo va creciendo. En términos generales, cuando la planta está chiquita se aplica 1 hora de riego, y conforme va creciendo se aumenta a 4 o 6 horas dependiendo de las condiciones mencionadas; aquí cabe reconocer que el agua de esta región es muy buena, y aunque la tenemos que sacar de pozos profundos que ya andan cerca de los 180 a los 200 metros de profundidad, la verdad es que esta muy neutra sin tantos minerales, además de que el clima y los suelos nos favorecen bastante por lo que esta zona productora se caracteriza por levantar grandes cosechas”

“Llegada la madurez del cultivo, observamos ciertos indicadores para comenzar a cosechar, el principal y más importante es el doblado del vástago, señal inequívoca de que la cebolla ya está rendida, ahí la sabia del tallo empieza a bajar al bulbo para que este llene y amacice perfectamente, logrando un cierre muy fino del cuello, característica que la mayoría de los compradores buscan, ya que cuando la cebolla no queda bien sellada se rebrota, y a los 8 o 10 días después de que se mocho le vuelve a salir la pullita con lo que pierde su valor comercial; por lo que el ingeniero anda bien al pendiente de que el cuello este bien cerrado, ya cuando esto ocurre, la tenemos que sacar a como ande el mercado, porque luego se viene el temporal y se puede centrar o se hace verde o perica, y así ya no la quieren”.

“En su punto, los bulbos se aflojan con un tractor equipado con cuchilla, buscando con ello desprenderlos del suelo para que al momento que la gente entre se les facilite la tarea de mochar raíz y tallo con tijera, dejando nada más la pura bola; se van amontonando en hileras y ahí se dejan unas cuantas horas a que seque bien toda la hojita, para posteriormente darles una barrida con escobas para limpiarlas tratando de tumbarles tierra y demás residuos para que agarren un color brillante y muy bonito, de ahí se van seleccionando y se van empacando manualmente en arpillas por tamaños, y según como este la cebolla hacen 3 o 4 clasificaciones, la chica, la mediana, la grande que es la que más predomina y la jumbo, para de esta forma ser finalmente embarcadas en el transporte que las llevara hasta las plazas de consumo”.

Para finalizar, el Sr. Ortiz Reyes concluyó; “sin duda la esencia natural de la agricultura implica la presencia de grandes riesgos, como puede ser una granizada, una enfermedad, o un desplome en los precios, por lo que como productores lo normal es estar remando contra corriente, siendo muy poco lo seguro ya que siempre hay un peligro latente, sin embargo, con la vocación necesaria y orgullosos de la labor desempeñada, soportados por un suelo y un clima generoso como el que aun hoy tenemos, lograremos sacar adelante la cosecha a pesar de los grandes desafíos”.

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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