Fruto distintivo 2ª parte

Definido en la primera parte de este artículo como un símbolo representativo de estas tierras, con componentes únicos que favorecen su producción tales como clima, altitud y latitud, suelo y agua, el cultivo de chile es un ramo con un amplio abanico de información, razón por la cual se da seguimiento al desarrollo del tema en esta su segunda entrega a través del amable intercambio de experiencias vertido por el Ing. Luis Eduardo Domínguez, agricultor, quien en el reciente ciclo p-v 2019 estableció una superficie aproximada de 3.5 hectáreas de chile tipo guajillo o mirasol para secado, establecidas en la unidad de producción conocida como Rancho El Goteo, próximo a la cabecera del municipio de General Enrique Estrada, Zacatecas.

“El control de la maleza es un aspecto muy importante dentro de este cultivo, ya que esta compite por espacio, agua y nutrientes, y desafortunadamente el año pasado se nos asemillo la tierra, por lo que durante este ciclo nos vimos en la necesidad de realizar alrededor de 4 deshierbes manuales, tanto sobre la cama o el surco así como en las calles, aunque en la calle estuvimos al final aplicando casi puro herbicida”; así lo señaló el Ing. Domínguez.

“La mano de obra se utiliza principalmente para plantar, para el deshierbe cuando predomina la maleza, y para cosechar. Una fuerte limitante que tenemos es el agua, por ello la necesidad de adaptarnos a los nuevos sistemas, aunque el costo también es algo que nos detiene, así como la falta de conocimiento y el temor a arriesgarnos, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de las veces con el valor comercial del producto apenas salimos con los gastos; pero definitivamente la tecnificación es el futuro de la agricultura, ya que hemos visto que componentes como el hule y la cintilla, y una nutrición eficiente, son los que realmente dan el rendimiento”.

“Para comenzar a cosechar el principal indicador es que esté completamente seco el chile, y para ello, como nosotros esperamos a que se seque naturalmente en la planta, se requiere de la llegada de las heladas, por ejemplo, el año pasado helo hasta fines de noviembre, y a partir de ahí dejamos que se seque la mata para que el fruto alcance las condiciones óptimas para cortarlo, ya que si presenta algo de hongo no es recomendable almacenarlo, sino empacarlo lo antes posible y darle salida porque de lo contrario tiende a mancharse mucho, además dependiendo de la economía como ande decidimos si almacenarlo o venderlo, pero por lo general cosechamos, empacamos y vendemos lo antes posible”.

Para finalizar, el Ing. Eduardo Domínguez concluyó; “sin duda los principales riesgos que corremos como productores son el factor climático y el económico, respecto al primero, el granizo es uno de los más grandes temores que tenemos, por ejemplo, a mi padre años atrás este fenómeno ambiental le acabo 120 hectáreas de chile, lo que obviamente resulta devastador en todos los sentidos, pero eso ya estaría de Dios y según la suerte que cada uno tenga, y el segundo, los precios se rigen como sabemos de acuerdo a una ley de oferta y demanda, por lo que entre mayor sea la producción y la demanda sea la misma, el mercado lógicamente se satura, de esa forma surge el peligro de que el valor del producto se desplome lo que ha grandes rasgos significa que no alcancemos a sacar ni los costos de operación resultando en graves pérdidas”.

Su establecimiento figura prácticamente en todas las zonas agrícolas de riego de la región, posicionándose así como una de las alternativas más importantes al generar una considerable derrama económica y un buen nivel de ingresos para el productor, siempre y cuando se conjuguen las condiciones óptimas.

 

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