Placentero sabor que enriquece al sector

Esta fruta tiene una gran importancia en nuestro país por su consumo, rentabilidad, propiedades y características. El cultivo de durazno en México se encuentra en una amplia gama de climas, que van desde zonas cálidas al nivel del mar en Sonora, hasta zonas altas y muy frías en Chihuahua; y desde climas secos en Zacatecas con menos de 400 milímetros de lluvia anuales, hasta zonas muy húmedas como Puebla y Veracruz, con más de 2,000 milímetros de lluvia; por esta gran adaptabilidad, la producción existe todo el año bajo distintos métodos de manejo, aunque la época con mayor incidencia es entre julio y septiembre.
A su llegada al país, y aproximadamente por tres siglos, este fruto sólo se cultivaba en los jardines de la nobleza, así la producción de esta fruta era limitada en la época de la conquista, por lo mismo de que era exclusiva de dicha clase social; siendo hasta 1927 que comenzó su plantación con fines comerciales lo que permitió una mayor disponibilidad de este aterciopelado alimento en los mercados nacionales e internacionales, con lo que también aumentó su demanda.
El consumo en fresco es el principal uso que tiene el durazno, no obstante, puede emplearse para la agroindustria en la elaboración de mermeladas, almíbares o bebidas; de igual manera, se utiliza como ingrediente en otros alimentos como ensaladas, pasteles o postres. Por otra parte, el árbol de durazno, aparte de producir fruta también es utilizado como componente de sistemas de producción intercalado como barrera rompe-vientos o para reducir la erosión de los terrenos; además es, en muchos casos, un componente de los jardines o traspatios de las casas.
De esta forma México se posiciona en lugar 17, como productor de durazno a nivel mundial; sin embargo, en la última década se ha generado una reducción en el volumen de producción de esta fruta como consecuencia en la disminución de la superficie sembrada del cultivo. Aunque la reducción en la producción ha sido menos drástica comparada a la superficie sembrada, en gran medida, por el incremento en los rendimientos en este mismo lapso, pasando de 4.7 a 6.3 toneladas por hectárea, seguramente porque las hectáreas menos productivas fueron las que dejaron de cultivarse.
A pesar de que en 2019 se reportaron 25 estados productores de durazno, solo los estados de Michoacán, Chihuahua, Zacatecas, Puebla y el Estado de México concentraron el 70.8 % de la producción total en México. De acuerdo a cifras publicadas por el SIAP en 2019, la producción se concentra en los meses de julio a septiembre, sobre todo porque los estados de Michoacán, Chihuahua, Zacatecas y Puebla empiezan a comercializar la fruta producida; por su parte, el Estado de México utiliza la ventana de primavera para comercializar gran parte de su cosecha.
En el país la producción de durazno casi en su totalidad se emplea para abastecer el mercado nacional. Para 2018 las importaciones de esta fruta incrementaron en un 54% con respecto a 2017, lo que habla de la gran demanda que tiene esta fruta dentro de México, pero que poco se ha hecho por satisfacerla, brindando una excelente oportunidad de negocio para los productores y comercializadores de durazno.
No obstante, este ramo frutícola se enfrenta a diversos contrastes que limitan su desarrollo y la competitividad de los productores en comparación con sus similares en otros países. Entre las principales razones de este acotamiento, tienen que ver los escasos recursos que poseen los fruticultores para producir, aunado a la presencia de intermediarios que muchas de las veces suelen llevarse el mayor beneficio por su comercialización; además, la falta de créditos y la poca o nula trasferencia de tecnología e innovaciones hacen difícil superar esta situación, que ha desencadenado la reducción de la superficie sembrada en la última década. Un factor a considerar que también ha contribuido con la reducción en la producción de durazno, son los problemas de manejo del cultivo, relacionados principalmente a la selección errónea de variedades y problemas fitosanitarios, a pesar de que instituciones de investigación han logrado un gran acervo de materiales genéticos y paquetes tecnológicos adaptados a las diferentes regiones productoras, la problemática persiste ya que los productores no han sido totalmente capaces de adoptar e implementar efectivamente las tecnologías.
Por otra parte, dentro del plano local, en Zacatecas el cultivo del duraznero es relativamente nuevo comparado con otras especies como el maíz, frijol, o los cereales; las plantaciones de durazno se iniciaron hace poco más de 80 años en un intento de los productores por reconvertir sus sistemas de producción.
El durazno que se produce y cosecha en Zacatecas, principalmente es de tipo criollo de hueso pegado y se propaga a través de semilla. Las regiones de Jerez, Valparaíso, Sombrerete, Chalchihuites y Fresnillo, concentran la mayor superficie destinada a la obtención de este fruto, donde la época de cosecha se ubica durante los meses de agosto hasta octubre, aunque la temporada alta se registra en un periodo casi de 30 días, que van del 20 de agosto al 20 de septiembre.
Un indicador de la madurez del fruto es cuando el color amarillo (propio de esta fruta) empieza a sobreponerse al color verde y la acumulación de azúcares es alta (12° brix), pero no la máxima. La recolección de la fruta es manual y desde aquí debe ser protegida; el durazno (incluido el pedúnculo) debe ser desprendido del árbol, tomándolo suavemente de manera que los dedos no queden marcados en la piel del fruto, después, la fruta debe colocarse suavemente en bolsas cosechadoras apropiadas.
En conclusión, el cultivo de durazno es una opción real para muchos productores en México, sobre todo si se considera la gran demanda de esta fruta a nivel nacional e internacional y su adaptabilidad a gran variedad de condiciones climáticas; además el margen de mejora es amplio en cuestiones técnicas, integrando de forma intensiva nuevas herramientas y tecnologías que permitan incrementar el rendimiento y calidad de las huertas, y con ello potenciar la competitividad de los fruticultores en los diferentes mercados actuales.