Racimos deslumbrantes 2ª parte

Descrito como un verdadero arte en la primera parte de este reportaje, la producción de uva es un tema con un amplio abanico de información, razón por la cual se da seguimiento al desarrollo del contenido en esta su segunda entrega, a través del amable intercambio de información vertido por técnicos y productores expertos en la materia, quienes coincidieron en señalar el avance sobre todo en el renglón de implementación tecnológica y un mayor entendimiento sobre las diferentes condiciones que interactúan sobre el cultivo, lo que paulatinamente ha permitido obtener más y mejores cosechas, con un menor desgaste de recursos.
“Con el inicio del frío se dice que las parras entran en dormancia, y este periodo de descanso dura alrededor de 4 a 5 meses, empezando por lo general a finales de septiembre y terminando por ahí de mediados de febrero que es cuando comienzan ya a incrementarse de nuevo las temperaturas por lo que se les da un riego e inmediatamente empiezan a retoñar, en esa etapa quedan el puro tronco y ramas de las plantas sin hojas, y en febrero se podan dejando solamente lo más grueso, dejando de 2 a 3 cargadores por planta, que es de donde van a salir los frutos, hay quienes dejan solo 2 cargadores pero en lo personal nos gusta dejar de 3 cargadores por rama”; así lo indicó Eloy Baltazar Jacobo García, productor de uva de mesa, represente del sector de producción Soledad de Arriba, localidad perteneciente al municipio de Cosío, Aguascalientes.
“Se podan y después se les coloca cierta porción de fertilizante, en cada planta, de ahí seguimos con los riegos y se fumigan cada 15 días mediante tractores con aspersoras tratando de prevenir plagas y cenicilla, además en cada riego se les aplica nutrición según como el asesor nos lo indique, pero sobre todo es calcio y potasio, y en tiempo de lluvias nos recomiendan colocar azufre para que se conserve más la uva. Ya cuando la uva se corta, la malla antigranizo se quita y la guardamos para que no se maltrate tanto, ya después de podar volvemos a colocarla para que proteja las plantas si llegase a caer algún granizo”.
Asimismo, reforzando la transferencia de experiencias, el Doctor Manuel Antonio Galindo Reyes, investigador del Inifap, Campo Experimental de Pabellón, Aguascalientes, agregó; “estamos trabajando particularmente en el manejo agronómico del viñedo después de la cosecha, una vez que la planta queda sin fruto, dando un manejo integral en varios aspectos, buscando que se recupere, recobrando energía y reservas que gasto durante el periodo productivo”.
“De esa forma, estamos trabajando en la parte del riego, la nutrición, el tema sanitario tanto plagas como enfermedades, y también el control de maleza, buscando que el agricultor tenga un mayor dominio sobre dichos factores. En riego la idea es que por lo menos después de la cosecha apliquemos de un 20 a un 30% del volumen de agua anual que equivale más o menos en términos de lámina de riego de unos 100 a 200 milímetros, sabiendo que hay productores que dan 1 o 2 riegos poscosecha, siendo que es fundamental mantener el viñedo bien hidratado, pero sin excedernos, ya que cuando se acerca a otoño e invierno y la planta está muy regada, puede seguir teniendo un crecimiento activo y el problema es que llegan las bajas temperaturas lo que provoca severos daños en las hojas, yemas e incluso en los tallos, por lo que tenemos que poner cuidado con ese detalle, sin abusar del agua pero tampoco tenerlas secas, lo que depende también mucho de las condiciones de lluvia, dado que a finales del verano suelen presentarse precipitaciones, lo que sin duda ayuda bastante ahorrando dinero, tiempo y trabajo al dejar de regar”.
“Otro de los componentes que estamos manejando, es la nutrición, donde cabe recalcar que vale mucho la pena realizar análisis foliares, así como del suelo, con estudios previos en la etapa de floración, y otros en la fase de uvas pintas o rayadas para darnos una idea de como ha ido creciendo nuestro viñedo, y cuales fueron los resultados en la cosecha. Es por ello que aplicamos un 30% de la dosis total, es decir, si aplicamos 100 unidades de nitrógeno al año, en la etapa en la que se secan las hojas vamos aplicar solamente 30 unidades”.
“Los elementos a los que más damos importancia para que la planta crezca, son el nitrógeno, y el magnesio dado que estos suelos son relativamente ricos en potasio y pobres en magnesio, lo que quiere decir que el potasio compite fuertemente con el magnesio, y precisamente en el periodo después de la cosecha es donde vemos gran deficiencia de magnesio. Además, los micronutrientes también son de gran importancia, y por lo general los productores no los toman mucho en cuenta, en nuestro caso nos enfocamos mucho en boro y zinc, dado que los suelos de toda esta región están muy limitados en cuanto a zinc, observando que en algunos viñedos es muy notoria la deficiencia de dicho elemento, por lo que decimos que los micronutrientes son limitantes en esta zona; otro elemento que aplicamos en la temporada en la que la planta tira la hoja es el boro, ya que la finalidad es determinar la calidad del racimo y la calidad del azúcar de la uva”.
“Respecto del aspecto sanitario, después de cosecha las plagas y enfermedades que se presentan son las conocidas como chicharritas y pulgones, pero principalmente nos enfocamos en las chicharritas, dado que en ocasiones llega a ser tan fuerte el ataque que se llegan a caer las hojas, por lo que es recomendable realizar una exfoliación anticipada, lo que ayuda en caso de una brotación. Otra recomendación que tenemos en cuanto al tema sanitario, en el caso de que se llegue a presentar una temporada de lluvia fuerte, es prevenir y atacar lo que es el mildiu, enfermedad que afecta generalmente en partes tiernas del área vegetativa, y una vez que dicha alteración llega la planta tiende a defoliarse lo que ocasiona una segunda brotación, por lo que en ese caso debe de darse otra defoliación anticipada para poder erradicar esa enfermedad, lo cual obliga a llevar un buen tratamiento para lograr el objetivo de crear viñedos con reservas y energías suficientes para la siguiente cosecha, siendo que generalmente esta falta de reservas se refleja a nivel de madurez de las uvas, es decir, que las uvas comienzan a desarrollarse heterogéneamente y el dulzor tarda más en crearse, problema que afecta demasiado sino manejamos correctamente el proceso de poscosecha”.
Para concluir con su aportación, el Doctor Galindo Reyes añadió; “hemos realizado trabajos previos evaluando viñedos con tratamiento poscosecha y otros sin tratamiento, y las diferencias en rendimiento varían entre un 10 y un 15 %, y en cuanto a calidad en grados brix la diferencia es entre 1 a 2 grados, en general si el manejo del viñedo ha sido deficiente las plantas darán racimos pequeños, por lo que invitamos a los productores a que no abandonen el cultivo a pesar de que ya hayan cosechado, debemos de seguir regando y nutriendo las plantas para darles las fortalezas necesarias para que soporten bien cualquier condición de estrés y expresen con ello su máximo potencial de producción logrando así excelentes cosechas, además de prolongar la vida productiva del viñedo”.
Por último, los hermanos Rubén e Ignacio Acosta López, jóvenes y talentosos productores de uva, con viñedos en el rancho los tres ciruelos, perteneciente al municipio de Cosió, Aguascalientes, enriquecieron la narrativa e intercambio de información señalando que; “el tipo de poda que nosotros realizamos es a 6 yemas, porque en esta región se dan mucho las heladas y para que tenga más carga la planta, esa labor la empezamos a realizar por lo general las ultimas 2 semanas de febrero que es cuando ya empieza a florecer y se da inicio al ciclo de producción de la vid”.
“Cotamos con tres tablas, que son equivalentes a 6 hectáreas de uva globo rojo; una de las tablas son 2 hectáreas con viñedos de una edad de 8 años, otra de igual forma con 2 hectáreas y una edad de 6 años, y las 2 hectáreas restantes con parras de una edad de 2 años que van a comenzar con lo que se llama el ensayo que es la primera cosecha que dan”.
“El pozo con el que regamos está compuesto por 12 socios y nosotros lo manejamos con 12 horas de riego, y cada 12 días vamos intercalando lo que son las 6 hectáreas, implementando un sistema de riego por cintilla. Anteriormente solo se alcanzaban a regar 3 hectáreas porque eran con agua rodada ya que no contábamos aun con el sistema de riego por goteo, pero con el apoyo de los diferentes organismos involucrados logramos implementarlo hasta el momento de forma correcta, alcanzando así a regar las 6 hectáreas en un turno, aprovechando así mejor el agua disponible, con menos trabajo, de una forma más sencilla y efectiva”.
“En la vid lo que más nos afecta al principio son las heladas, ya que por ejemplo el año pasado, si traíamos un promedio de 30 toneladas por hectárea con una helada nos puede reducir el rendimiento hasta las 20 o 15 toneladas o bien dejarnos sin producción según la severidad del fenómeno; e igualmente lo que son las enfermedades como la cenicilla es algo que nos pega fuerte en esta parte”.
“Para monitorear la existencia de alteraciones como la cenicilla y decidir cuándo aplicar algún agroquímico para su control, nosotros nos basamos en el apoyo del técnico que nos asesora, quien realiza muestreos para ver que es lo que esta pasando con el cultivo, e incluso si nosotros mismos llegamos a ver algo inusual se lo comentamos para que nos diga que acciones debemos de tomar, así como también en la parte de la nutrición, es él quien nos guía sobre que elementos se necesitan aplicar y en que cantidades”.
“Realmente los rendimientos de este año fueron bajos a comparación de ciclos pasados donde nos ha ido bien, dado que este año el clima fue el principal causante de la baja productividad en los viñedos, aunque también depende mucho del manejo que se le dé, pero las heladas fueron las que provocaron un mayor daño a nuestro cultivo. Los 3 años anteriores tuvimos un rendimiento de las 23 a las 30 toneladas de uva por hectárea y ese porcentaje estimamos se bajo hasta unas 15 toneladas por dichos fenómenos climáticos”.
Para finalizar, los hermanos Acosta López indicaron; “en nuestro caso somos la tercera generación de productores ya que aquí empezó lo que es mi abuelo Don Hilario, de ahí siguió mi papa Don Ignacio, y ahora nos toca a nosotros comenzar a aprender para seguir con lo que culturalmente nos han inculcado nuestros padres, siendo además algo que nos gusta mucho hacer por lo que el objetivo es acumular el mayor conocimiento posible para poder ir mejorando poco a poco la producción de uva, aunque por el momento las decisiones las toman mi abuelo y mi padre en conjunto, siendo nosotros el soporte o apoyo principal de ellos en la parte operativa, lo que sin duda nos va dando poco a poco la enseñanza necesaria sobre el cuidado y manejo del viñedo”.
Espera la 3ª parte de este reportaje productivo, en próximas ediciones…