Frutos con legado

Por décadas la producción o el cultivo de chile se han proyectado como un verdadero símbolo representativo de estas tierras, el cual nos remite a un valioso legado histórico, cultural, gastronómico, económico y social, entorno a un producto emblemático que confiere identidad dadas sus marcadas raíces de mexicanidad labradas por generaciones de hombres y mujeres de campo que con empeño y pasión han forjado una rica tradición productiva.

La diversidad de este fruto en el país es bastante amplia dado que existen diferentes tipos de chile resultado de la selección y cruza de plantas de la especie realizada por los mismos agricultores a lo largo de muchos ciclos para mejorar su color, sabor, tamaño, propiedades nutraceúticas, así como su resistencia a condiciones extremas de clima y plagas, siendo así entre los más conocidos el chile jalapeño, poblano o ancho, mirasol o guajillo, pasilla, de árbol, serrano, entre muchos más que toman distintos nombres conforme a si están frescos o secos o bien si son de una u otra región.

En ese sentido cabe destacar la existencia de un tipo de chile muy peculiar producido sobre todo en la zona sureste del Estado de Zacatecas, como es el chile puya, muy semejante al guajillo, aunque con notables diferencias perceptibles de inmediato, en tamaño y sabor, siendo más delgado y pequeño (10 centímetros de largo y 2 de ancho), pero mucho más picante, con un picor más intenso con cierto dulzor, lo que le da una característica de sabor afrutado. Hay quienes consideran que el chile puya es un cruce entre el chile guajillo y el chile de árbol, pero más pequeño y picoso que el primero, y de menor picor que el segundo similar a un chile jalapeño fresco con un picor agradable.

“Nosotros nos dedicamos a la producción de chile criollo puya con una trayectoria de más de 15 años en forma dentro del ramo, en esta región donde históricamente se ha manejado este tipo de cultivo, por lo que desde nuestro padre y demás antepasados siempre trabajaron cultivos como el chile, frijol y maíz, siendo así que prácticamente desde niños nos hemos ido involucrando en las diferentes labores de campo, mejorando poco a poco al tiempo que fuimos creciendo y adquiriendo más experiencia, ya que si realizáramos una comparación tiempo atrás a hoy en día podríamos ver significativos avances hablando técnicamente, sobre todo viendo que en aquellas épocas donde nuestros abuelos o padres trabajaban el resultado se basaba nada más a la voluntad de Dios, y hoy gracias a su ayuda pero también al apoyo de ingenieros o técnicos especialistas que mediante el desarrollo y aplicación de la tecnología, han impulsado el incremento en calidad y rendimiento de la cosecha, lo que definitivamente nos ha beneficiado a todos”; así lo compartió amablemente Oscar Andrés Díaz Montoya, agricultor por vocación y tradición familiar, involucrado en labores agrícolas desde niño por lo que hoy cuenta con una clara capacidad y destreza dentro de temas productivos, manejando de esta forma, una superficie actual de aproximadamente 25 hectáreas de chile puya, establecidas en suelos próximos a la localidad de El Tule, perteneciente al municipio de General Pánfilo Natera, Zacatecas.

“La semilla del chile puya que producimos, nosotros mismos la seleccionamos, y eso no lo hacemos en la bodega o almacén después de empacar, sino que la elegimos en el campo de las plantas y frutos que vemos con mejores características y que expresan una buena producción, de ahí extraemos la semilla la que posteriormente se cura y se le da el tratamiento adecuado para mantenerla en condiciones optimas evitando perdidas o daños, obteniendo así un buen material el cual llevamos al invernadero o semillero donde la siembran, germinan y cuidan hasta que nos entregan plántulas fuertes y listas para ser trasplantadas al terreno definitivo donde se proseguirá con su cultivo hasta llegada la cosecha; aquí cabe señalar que ya hace tiempo que nosotros no manejamos lo que es la producción o crianza de planta en almácigos en piso, como tradicionalmente lo hacíamos, sino que optamos mejor por mandar nuestra semilla a un invernadero para que nos la críen, a lo que llamamos maquilar, método que sin duda nos ha traído grandes ventajas y beneficios, como son una mayor sanidad, vigor, fortaleza, y en si una mayor productividad”.

“En el invernadero se llevan alrededor de 90 días para obtener plántula lista para su trasplante a campo, por lo que más o menos llevamos y entregamos nuestra semilla para su germinación y crianza en el mes de enero. De esa forma, los chiles que hoy tenemos fueron plantados en el mes de abril, manualmente a través de personal; pero antes de comenzar a trasplantar, primero tuvimos que trabajar bien la tierra, preparándola y dejándola en condiciones optimas para que las plantitas se estresen lo menos posible”.

“Después de la labranza, realizamos la instalación del hule y la cintilla, y con ello poder mojar la tierra durante un lapso de 24 horas antes de comenzar con el trasplante, lo que da la humedad necesaria para que la gente no batalle al momento de introducir con los dedos la raíz de la planta en el suelo, facilitando así la elaboración de un buen trabajo lo que en cierta medida nos evita problemas posteriores como el de tener que replantar. Con este primer riego que realizamos, la plantita puede sobrevivir hasta diez días sin la aplicación de agua, periodo de tiempo que aprovechamos para seguir plantando en otras partes, antes de tener que volver a regar lo que ya habíamos plantado, lo que conocemos como sobre riego”.

“El sistema productivo que implementamos es a doble hilo, con una cintilla en la parte central para el riego por goteo, en camas cubiertas con acolchado plástico, y una separación entre plantas de 30 centímetros, con un espacio amplio en las calles para poder caminar y desempeñar las diferentes labores del cultivo correctamente, además de darle a la planta la amplitud suficiente para que se pueda extender y se desarrolle favorablemente; con esa distribución estimamos una densidad de población de las 30 a las 35 mil plantas por hectárea, lo que es muy similar a lo manejado en el chile guajillo, tratando siempre de darle al cultivo las dimensiones idóneas para que crezca sin una competencia excesiva por agua, nutrientes, sol, aire y, de más recursos que demanda la planta. Con esta planeación, cabe señalar que esperamos levantar un rendimiento cercano a las 4 toneladas de chile seco puya por hectárea, que es lo que más o menos nos ha estado rindiendo en los últimos años”.

“Algo que también cabe subrayar, es que para el acolchado hemos optado por utilizar hule color negro-plata, el cual apenas tenemos 2 años poniéndolo, siendo que antes metíamos el plástico negro tradicional, con lo que satisfactoriamente hemos visto una importante mejora, teniendo en cuenta que este tipo de material mantiene un poco más frío el suelo y con ello las plantas se encuentran más frescas y menos estresadas por las altas temperaturas provocadas por los climas extremos que se nos llegan a presentar, además hay comentarios de que gracias a este tipo de hule son ahuyentadas cierto tipo de plagas disminuyendo el daño por esta clase de insectos, con lo que a grandes rasgos se le da a la planta una mayor comodidad incrementando su vigor y su potencial de producción”.

“Una vez establecido el cultivo en campo damos paso a las distintas labores de manejo requeridas según las diferentes etapas fenológicas, hasta que las matas y el fruto llegan a su madurez, iniciando en ese momento con la cosecha. En los chiles puya nosotros empezamos a cortar alrededor de mediados del mes de agosto, para lo cual hacemos un tipo de micro túneles de hule para el deshidratado o secado solar del chile, lo que nos permite ir cortando con anticipación a que se seque naturalmente en la planta y empezar así a vender el producto posibilitándonos con ello una pronta recuperación de la inversión realizada, además de evitar que los primeros chiles se empiecen a hacer pintos en campo por el impacto directo de los rayos del sol, asimismo se dice que calentamos la planta, que no es otra cosa más que estimularla quitándole peso o carga de los chiles que ya están hechos, para que los tiernos y todo lo chico y la floración que viene amarre y llenen correctamente, poniéndose así buenos estos niveles para octubre o noviembre, por lo que tenemos que seguir cortando pero obviamente también tenemos que continuar dando o aportando nutrientes suficientes para que la planta siga generando chiles, estando siempre al pendiente para darnos cuenta si el cultivo se encuentra en condiciones de seguir produciendo, si es así continuamos dándole una buena alimentación, pero hay casos donde la planta ya no muestra el vigor necesario o se está secando por lo que ya no hay un buen futuro, momento en el que dejamos de regar y también paramos la aplicación de fertilizantes, pero esto depende principalmente del clima y de las enfermedades que se nos lleguen a presentar, y una de ellas que nos pega muy duro es la cenicilla, hongo que daña las hojas y provoca que se caigan, apareciendo primero manchas amarillas que evolucionan a marrones, además de arrugarla, mientras que en el envés surge un polvo blanco, casi grisáceo, que va cubriéndola hasta defoliar a la planta, este problema se presenta sobre todo en la época conocida como la canícula, que es cuando más calor hace y si al mismo tiempo los parámetros de humedad se elevan esto ocasiona que inevitablemente se prenda dicha afección, y aunque nosotros apliquemos productos preventivos aun así es poco lo que podremos lograr tratando de erradicarla”.

“Entonces, recapitulando, nosotros empezamos a cortar cuando el chile puya se encuentra de color rojo, para llevarlo ya sea al micro túnel, donde se deshidrata únicamente con la ayuda del calor generado por los rayos del sol, o bien a la secadora o deshidratadora de gas LP el cual calienta los túneles donde se introduce el chile, siendo que en nuestro caso manejamos los 2 tipos de secado contando también con algunos túneles de deshidratación por medio de gas, aunque normalmente lo que nosotros más metemos ahí son chiles grandes como mirasoles y pasillas, pero también hemos secado puyas, sin embargo eso ya depende de cada productor, siendo que hay quienes deciden mejor no hacer el gasto de la secadora con gas teniendo en cuenta de que sale más barato deshidratarlos en el micro túnel pero es un poco más lento, ya que bajo este sistema o estructura con funcionamiento a base de energía solar se empiezan a ver chiles secos a los 7 días, los cuales se van recolectando y se van dejando los que todavía no se secan, en cambio con gas es más rápido ya que de un día para otro el chile ya se encuentra seco y listo para comercializarse pero con la desventaja del gasto que genera el costo del energético, por lo que esta decisión ya depende de que tanto nos urja secar el chile, si es que el valor comercial del producto en el mercado vale la pena como para seguir invirtiendo y si hay la capacidad para hacerlo, entre muchas otras circunstancias, pero definitivamente ambos métodos son buenos para deshidratar este tipo de chile ya depende de que es lo que estemos buscando lograr”.

“Ya que hemos secado el chile, el último paso consiste en la selección de lo mejor lo que igualmente se realiza de forma manual mediante personal que nos ayuda a ir apartando las calidades, primera y segunda, e ir empacándolo en costales de yute, todo ese proceso lo hacemos aquí mismo mediante gente que nos ayuda, por lo que definitivamente se puede decir que es un trabajo cien por ciento artesanal y que implica labores prácticamente todo el año, desde que sembramos la semilla hasta que lo empacamos y vendemos va de año a año, siendo así precisamente su comercialización la última etapa al mandarlo a los principales mercados de abasto del país para su consumo final, aunque también hemos vendido aquí mismo en la región ya que hay épocas del año en que el chile puya es buscado locamente, incluso hay intermediarios que traen mejores precios que las plazas grandes pero solo en ciertas temporadas”.

“Producir chile puya conlleva un costo más o menos igual que el chile mirasol; para mí de principio a fin se llevó una inversión de 150 mil pesos por hectárea y ahorita el precio comercial del producto ronda los 90 pesos por kilogramo, por lo que si levantamos el rendimiento esperado nos puede ir bastante bien, pero como es natural en la agricultura siempre estamos corriendo el riesgo de que por cualquier factor en contra como son lluvias excesivas o granizo no saquemos nada, y aunque el producto ande caro no sacamos ni los gastos”.

Para concluir, el Señor Díaz Montoya agregó; “en el campo y en la agricultura no hay nada que nos garantice que vamos a sacar tantas toneladas por hectárea, pero nosotros basamos nuestras estimaciones de rendimiento en el promedio que traemos, estamos hablando de un más o menos de cuando se dan buenos los chiles, en ese sentido, como lo comenté, cuando salen las cosas bien si podemos aspirar a una buena ganancia, por lo que para mi los chiles puya son muy nobles ya que en términos generales aunque nos vaya mal si sale por lo menos lo invertido, por ello el llamado es que como productores tenemos que seguir echándole todas las ganas posibles, sin rajar, continuar trabajando con pasión e inteligencia para mejorar los resultados”.

Espera la segunda parte de este reportaje, en próximas ediciones…

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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