Frutos del esfuerzo y la nobleza del campo

Sin duda el campo es un marco donde se trazan colores, olores y sabores deslumbrantes, como bien lo demuestra la producción de chile, valioso ramo agrícola que hace referencia a un importante legado histórico y cultural entorno a un producto emblemático que confiere identidad a estas tierras dadas sus profundas raíces de mexicanidad, cultivadas por generaciones de hombre y mujeres de campo que con esfuerzo y pasión han forjado una rica tradición productiva, proyectándolo como un símbolo de liderazgo y laboriosidad, en el cual toman forma los rasgos y valores que definen con dignidad y orgullo la idiosincrasia nacional.

“En ese sentido, siempre hemos buscado enriquecer y diversificar el cultivo de alimentos sanos y nutritivos como el chile, entre otras hortalizas, sustentados en una trayectoria de poco más de 20 años de desempeño dentro del sector, tratando de compartir el verdadero sabor del campo, lo que satisfactoriamente posiciona ha Agrícola Marlo como una empresa versátil y altamente competitiva, protagonista en los principales mercados de forma profesional”; así lo señaló Martín Martínez García, agricultor por vocación, líder de Agrícola Marlo y su destacada unidad de producción llamada Rancho Loza, situado en suelos pertenecientes al municipio de Purísima del Rincón, Guanajuato, manejando así una superficie promedio anual de 150 hectáreas de producción comercial entre diferentes tipos de cultivos, como cebollas, sandías, melones, crucíferas, pero sobre todo chiles y entre ellos principalmente jalapeños para industria, para consumo en fresco, y serranos también para fresco, espacio donde además destaca la plantación de una de las parcelas demostrativas más grandes del país con alrededor de 250 diferentes variedades de chile, sede del famoso Encuentro Nacional de Chiles Picosos, plataforma de intercambio en la que tanto productores nacionales como extranjeros constatan el avance en innovación genética y tecnológica.

“Establecemos diferentes cultivos, incluso hasta algo de granos, tratando de dar una rotación adecuada al suelo, buscando romper los ciclos de organismos patógenos, tanto plagas como enfermedades, disminuyendo con ello los riesgos originados por la contaminación de los suelos para que las hortalizas no se vean severamente afectadas”.

“También realizamos un programa de cultivo para lo que es la parte de la sandía y el melón, más que nada por las demandas de los clientes que uno mismo maneja, por lo que ahorita ya tenemos alrededor de 3 años trabajando de la mano con una empresa estadounidense que maneja dichos productos desde hace como 40 años, usando semillas triploides que son frutos sin semilla para ese mercado del país vecino del norte, y aparte también comercializamos algo para lo que es el mercado nacional. Además de que este año el Demo Day de melones y sandías establecido aquí mismo en Rancho Loza fue una de las innovaciones del Encuentro de Chiles Picosos, donde se mostró de igual forma un amplio catálogo de variedades entorno a ese segmento, que en la actualidad es uno de los de mayor auge en la región, con un importante número de productores que están optando por meter en sus programas productivos a ambos cultivos”.

“De esta forma, a grandes rasgos nos enfocamos en los cultivos de acuerdo a cada temporada, a cada ciclo del año, siempre con la idea de diversificar lo más posible, tanto por la cuestión del cuidado del suelo, como también por estrategia, para ahora si que como dicen, no poner todos los huevos en la misma canasta, siendo en el caso por ejemplo de que las condiciones del mercado no sean las más apropiadas en ese momento para algún cultivo, pues seguir teniendo otra opción y la esperanza de que en otro si haya buenas condiciones para su comercialización, que normalmente es a lo que uno le apuesta, que sinceramente pues uno quisiera ganar en todas pero en muchas ocasiones eso no es posible, y como agricultores comprendemos ese riesgo latente, que como en todo negocio, hay sus pros y sus contras, pero pues siempre le apuesta uno a ganar, nadie apuesta para perder, y eso se facilita cuando tratamos de hacer las cosas lo mejor posible”.

“Aquí lo que viene siendo la empresa Agrícola Marlo podemos decir que ya trae un historial de unos 6 a 8 años tratando de llevar seguridad con la mejor calidad de frutos a las mesas de todas las personas; con lo que casi llegamos a traer un manejo de entre un 70 a un 80% ya orgánico. Realizamos análisis de residuos toxicológicos periódicamente, para asegurarnos de que el producto vaya lo más sano posible al consumidor, que sin duda para ya va la tendencia en la producción de alimentos, en que sean cada vez más inocuos y más sanos para el consumo, por lo que cada vez más ranchos como este, dedicados a la producción de alimentos se están enfocando ha hacerlo de una forma cada vez más sustentable y con la mayor sanidad posible, por lo que definitivamente la invitación esta abierta para que consuman lo hecho aquí mismo en México, productos del campo producidos por agricultores mexicanos, para que el campo y la agricultura crezcan y sea de beneficio para todos”.  

“Por otra parte y afortunadamente de la mano con todas las compañías semilleras, nos ha tocado ser parte el éxito logrado por el Encuentro Nacional de Chiles Picosos, que año tras años satisfactoriamente ha ido creciendo, gracias a todas las empresas, productores, técnicos, y demás eslabones de este sector que paulatinamente se han ido sumando decidida y participativamente, siendo pues en este 2025 la 11ª edición; más de once años de esfuerzos con el animo de aportar al mejoramiento del ramo y de todos los productores del campo mexicano, sintiéndome en lo personal satisfecho y orgulloso como fundador de este valioso espacio de encuentro donde se muestra el desarrollo genético y tecnológico en torno a este importante cultivo, el cual nunca nos imaginamos en sus inicios que llegara a obtener el reconocimiento y éxito que hoy tiene, la verdad no nos lo esperábamos. Esto comenzó hace como 15 años y obviamente todavía no llevaba el nombre de Encuentro Nacional, así cuando empezamos con la producción de chiles aquí en la zona, se hizo un campo pequeño con 2 o 3 empresas semilleras solamente, viendo precisamente en ese entonces un campo muy bonito, por lo que las compañías semilleras me dijeron “oye Martín, la verdad es que el cultivo se ve muy atractivo, cómo ves si hacemos un día de campo y hacemos una carnita asada e invitamos a más productores aquí de la zona”, la cual estaba empezando a ser fuerte en la producción de chiles para mercado fresco, y sencillamente de ahí fue de donde posteriormente se comenzaron a sumar más semilleras diciéndome “fijate Martín que a nosotros también nos interesaría poner nuestros materiales para el siguiente ciclo”, y para no hacerla tan larga, porque si han sido muchos años, es la forma en la que poco a poco ha ido creciendo hasta convertirse en lo que hoy representa, pero a grandes rasgos podemos decir que todo esto inició con una carnita asada como dicen siempre”.

“Y cada año si observamos hay más afluencia, más interés, más gente que viene de fuera, incluso genetistas de otros países, productores de otras partes del mundo, por lo que poco a poco se ha ido difundiendo y proyectando más este encuentro; razón por la cual agradezco mucho a las empresas semilleras, ya que sin ellas simplemente esto no fuera posible, y ahora si que como dicen, sin semillas no hay comida, y esto a futuro sigue y como me dicen las mismas compañías “Martín, hasta donde tope”, continua hacia adelante siendo que este evento ya no lo podemos dejar, porque ya está muy marcado aquí en la zona e igualmente muy nombrado en otras partes del país y del mundo, dado ese gran interés que ha despertado a través de todo ese éxito que ha generado tanto comercialmente, surgiendo de aquí enlaces de negocio productivos y rentables, pero también fungiendo como un foro idóneo para desarrollar el conocimiento, intercambiar experiencias y socializar la tecnología, donde el productor venga, aquí la vea, la conozca, y vaya adaptarla y a ejecutarla en sus campos de producción”.

“Aquí lo que es la superficie de la parcela demostrativa consta de alrededor de 2 hectáreas, compuestas por el establecimiento de un promedio de alrededor de más de 250 variedades diferentes de chile en sus distintos tipos, como son los anchos o poblanos, jalapeños, serranos, y todo lo que son las llamadas especialidades como los guajillos o mirasol, los húngaros, caloros, habaneros, morrones, Anaheim, entre otros, manejados por las aproximadamente 25 semilleras que participan en este encuentro, y que van enfocados para las diferentes zonas productoras de chile del país, por lo que si observamos, hay materiales que traen un potencial muy alto quizá porque la zona aquí del bajío es la apropiada para ese tipo de variedad, pero también hay otras que se ven un poquito más quedadas probablemente porque este clima de la zona no les favorece mucho, y se van retrasando, pero cada semillera se encarga de proporcionar toda la información al productor, para conforme a sus necesidades y dependiendo de la región del país, elijan la variedad que más les convenga y mejor se adapte a sus zonas de origen”.

“Cabe recalcar que este es un campo o una parcela demostrativa totalmente bajo un manejo comercial convencional, donde las condiciones de nutrición, de riego y demás elementos de cuidado del cultivo son prácticamente los mismos para todas las variedades, y de esta forma puedan expresar su verdadero potencial natural, como si estuviesen en un campo normal de cualquier productor bajo el manejo que normalmente podría aplicar, con la intención de evitar exigirlos de sobre manera o tratar de maquillar los resultados que normalmente podrían expresar, que realmente eso es lo verdaderamente interesante y atractivo de este campo, la posibilidad de ver los resultados bajo un manejo agronómico normal como cualquier productor lo realiza”.

“Para iniciar con el trabajo de esta gran parcela demostrativa, normalmente comienza con la realización de reuniones con todas las semilleras, para definir bien los materiales que van a establecer, y de ahí programar las fechas de plantación de acuerdo a los diferentes ciclos de cada variedad, tratando con dicha planeación de que lleguen al día del evento en su punto o en su máximo potencial para que sea de un mayor atractivo; de esa forma, este año las plantaciones comenzaron en la primera semana de febrero y la etapa final fue hasta la última semana de febrero, prácticamente un mes completo, porque por ejemplo, los anchos son un poquito más tardíos y por ahí se comenzó a plantar la primera semana de febrero; la segunda semana entramos con serranos; la tercer semana se establecieron los jalapeños; y la cuarta o última semana de febrero se plantaron lo que son las especialidades, que por lo general son materiales más precoces, esto como lo comente, con la idea de que todas las variedades lleguen en tiempo y forma al día del encuentro”.

“Aquí desde la preparación del terreno, iniciamos realizando un estudio de suelo, sobre todo para determinar que problemas pueden existir, por la presencia tanto de patógenos como para ver el nivel de fertilidad que hay, saber cómo están todos los elementos en el terreno y sobre todo que estén disponibles para las plantas, ya en base a ello podemos establecer un plan de trabajo más apropiado para lo que viene siendo la nutrición del cultivo, se manda hacer alguna base y fertirrigación para dependiendo la etapa del cultivo estarle dando de comer adecuadamente y no se nos vayan a presentar deficiencias por falta de algún tipo de nutriente. Ya después de que se prepara la tierra, pues ya se empieza a tirar el plástico y la cintilla, siendo que aquí todo el sistema de riego es por goteo con agua proveniente de un pozo profundo; de esa manera formamos camas de 1.60 metros a doble hilera con envarado, manejando así una densidad de población promedio de 36 mil plantas de chile por hectárea, que pues eso ya va dependiendo del tipo de materiales, siendo que por ejemplo, lo que es industria normalmente no busca tamaños muy grandes, por lo que a veces metemos densidades de hasta 40, 45 o hasta 50 mil plantas por hectárea, dependiendo ahora si que de la necesidad de cada cliente o consumidor”.

Para finalizar, Martín Martínez agregó; “y bueno más allá de una parcela demostrativa donde se muestra la técnica y el desarrollo genético, también se ha convertido como en un tipo de fiesta agrícola, donde personas de muchas partes vienen y conviven, intercambian experiencias, comentarios, y pasan un rato grato y placentero, y aparte de eso, también es como un buen negocio, donde todas las empresas semilleras, de agroinsumos, de maquinaria y demás participantes, llegan a establecer convenios de trabajo exitosos, y el productor puede encontrar desde una pequeña idea, hasta porque no, un gran proyecto”.

Espera la 2ª y última parte de este valioso reportaje productivo, en próximas ediciones…

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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