Campo desafiante e incierto

La agricultura por su condición implica grandes riesgos naturales, que siempre han estado latentes, aunque hoy se ven acrecentados, dada la constante amenaza que representa el cambio climático, causante de serias preocupaciones que una vez más confirman las reales adversidades que aquejan al sector productivo, siendo que factores básicos para el desarrollo de los cultivos, como precipitación y temperatura, se han modificado, creando con ello fenómenos atmosféricos devastadores para las plantas, como las granizadas, estrago motivo de enormes pérdidas, que sin duda es uno de los mayores temores para el productor, tornándose cada día más frecuentes y de mayor intensidad.
Aunque los efectos climáticos varían de una región a otra, es esperado que dichos siniestros tengan consecuencias de gran alcance principalmente en zonas con un régimen clasificado como semiárido por lo que el peligro de granizadas bajo tales circunstancias es mayor. Es así que Zacatecas, regido bajo tal categoría, es un blanco justo para dicho tipo de fenómenos ambientales, que causan desastre en cientos o miles de hectáreas de cultivos, e infortunio y graves pérdidas económicas para el agricultor, dependiendo de la fuerza y tipo de granizo, así como de la clase de cultivo y su fase fenológica o de crecimiento alcanzado al momento de ocurrencia del siniestro.
Las hay moderadas, en medida que solo dañan parte del follaje dando algo de posibilidad al cultivo para que continúe su desarrollo, aunque sin duda demerita la capacidad y el vigor por el deterioro físico infligido, considerando que el golpe genera heridas que hacen susceptible la llegada y propagación de enfermedades. Pero también hay granizadas devastadoras, que destruyen por completo las hojas de las plantas, pulmones de las mismas, siendo imposible el proceso fotosintético, causando así la muerte del cultivo, incluso si está en una etapa de crecimiento avanzado, el granizo es capaz de arrasar con los frutos, por lo que las pérdidas económicas en tal situación hacienden a grandes sumas de capital; lamentable realidad que en el actual ciclo se presentó en diferentes puntos de varios estados del país, como precisamente Zacatecas, en ciertas zonas del municipio de Villa de Cos, sobre todo en el área conocida como Loma Bonita donde el nivel de granizo alcanzó hasta los 12 centímetros, así como también en Ojocaliente, Pánfilo Natera y Noria de Ángeles.
Asimismo, varias regiones del estado de San Luis Potosí, se vieron gravemente afectadas agrícolamente, principalmente lo que es la zona de Bocas y el Altiplano. Y también en el estado de Puebla, destacando granizadas severas en Cuyoaco, Zacatepec, El Seco y Quecholac.
Históricas granizadas de dimensiones catastróficas, las cuales han perjudicado gravemente a muchos productores, destruyendo una gran superficie de cultivos, en etapas avanzadas de crecimiento, algunos incluso a punto de cosecharse, triste y frustrante situación que desmoraliza y arruina el empeño y dedicación del agricultor.
Desafortunadamente es poco lo que se puede hacer para controlar o mitigar este tipo de fenómenos meteorológicos inductores de caos, y aunque a escala mundial se han realizado algunos experimentos para inhibir la formación de granizo, disminuyendo el impacto y los daños posibles, no existe aún un método totalmente seguro y económico, que modere tal situación, y que se pueda implementar como una solución real; sin embargo, en ciertas clases de cultivos intensivos y en superficies no muy extensas, como alternativa emplean algunos tipos de redes o mallas antigranizo, que pueden hasta cierto punto proteger físicamente la producción de un daño de esta índole, con la distinción de que son sistemas y materiales comercialmente costosos, lo que incrementa notablemente la inversión productiva, dejando con ello de ser accesible para todos.
Desgraciadamente, a pesar de este desalentador golpe, no hay de otra más que seguir avanzando en la búsqueda de estrategias que garanticen el desarrollo y protección, ante los desafíos presentes y futuros, con la idea de evolucionar al ritmo que lo hace el planeta, lo que se lograra solo a través de la fuerza y vocación de agricultores que sepan levantarse y mantenerse de pie ante los embates del entorno.
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