Frijol

Por su alcance económico y social, el frijol es un producto estratégico detonante de desarrollo para el sector rural mexicano, ya que su cultivo ocupa uno de los principales lugares en cuanto a superficie sembrada y representa un ramo agrícola primordial, en el que se desempeñan miles de productores, enmarcándolo así como una importante fuente de ingresos y de empleo para el medio agroproductivo, confiriéndole además un alto valor por el tipo de alimento que proporciona, rico en proteínas e insustituible en la dieta básica de la cocina típica del país, soporte nutricional de la mayor parte de la población.

En el plano estatal, la cosecha de esta leguminosa simboliza una posición de liderazgo productivo, no sólo en un contexto regional, ni estatal o nacional, sino a nivel mundial, ya que Zacatecas y principalmente su reconocida zona frijolera conformada por los municipios de Sombrerete, Río Grande, Miguel Auza y Juan Aldama, son considerados como el centro de producción más importante del planeta, dado que en ninguna otra latitud del orbe se obtiene en una superficie compacta tanto frijol como en dicha región; destacada clasificación difícil de plasmar sin la decidida interacción de los diferentes eslabones que constituyen esta cadena productiva, pero principalmente gracias al esfuerzo, dedicación y sabiduría de generaciones de hombres y mujeres de campo, agricultores dignos de reconocimiento y muestra palpable de grandes virtudes y capacidades. Como dato cabe subrayar que tal área frijolera aporta cerca del 67% de la producción en la entidad, con un promedio estimado de 200 mil toneladas por ciclo, de las 300 mil obtenidas en todo el estado, la mayoría de ellas definidas bajo la modalidad de temporal, cosecha que en conjunto representa poco más del 40% de la producción nacional.

A pesar de estas privilegiadas condiciones productivas, la comercialización continúa siendo el cuello de botella para el productor, componente principal que delimita su desarrollo, con causas que al enunciarlas se llegan a tornar en un tema álgido y bastante polémico, dentro del cual convergen con diferentes niveles de responsabilidad, todos los eslabones de esta cadena agroalimentaria; entre estos principios que acotan el incremento en el valor comercial y determinan la competitividad del ramo, se encuentra la escasa o nula organización y planeación entre productores, la falta de información respecto de las necesidades del consumidor, la sobreoferta y saturación de mercados, pobre diversificación e innovación, carente valor agregado aplicado al producto, intermediarismo desleal, esquemas de trabajo tradicionalistas con poca visión empresarial, insuficiente liquidez y solvencia financiera, créditos y apoyos desfasados, incremento constante de los insumos, deterioro de los recursos naturales, estos, entre otros elementos, son los que demeritan la rentabilidad del sector y a su vez desgastan las capacidades indispensables para hacer frente a los desafíos que implica la forzosa evolución hacia una agricultura moderna.

Sin embargo, con el fin de mitigar esta nociva coyuntura, son diversos y valiosos los esfuerzos que se realizan para mejorar el nivel de competitividad, sobre todo desde el enfoque de innovación y desarrollo tecnológico productivo, el cual trata principalmente de disminuir los costos de producción, liberando el fuerte nivel de presión aplicado sobre los recursos económicos, naturales y humanos, manteniendo e incrementando rendimientos estables, lo que al final del día exprese resultados positivos en el rango de utilidad del agricultor, le deje más dinero en el bolsillo y mejore su calidad de vida. Concepción establecida mediante la correcta adopción de herramientas y prácticas de probada eficiencia, no necesariamente nuevas ni más costosas, algunas desde hace décadas conocidas pero poco aplicadas, que son perfectamente adaptables al entorno agrícola, tales como el uso de semilla de buena calidad o variedades mejoradas de alto potencial productivo conectadas con las principales demandas del mercado, siembras en camas con altas densidades de población, aplicación de materia orgánica para mejorar las condiciones del suelo, uso de una mejor nutrición vegetal, marcos de siembra en curvas a nivel y realización de pileteo para cosecha de agua de lluvia, establecimiento de fechas de siembra correctas de acuerdo a las características de la variedad y a las condiciones climáticas prevalecientes, rotación de cultivos y mínima labranza principios de agricultura de conservación, así como la disminución en la utilización de insecticidas, herbicidas, fungicidas y demás moléculas químico-sintéticas, y mayor aplicación de materiales biológicos e incremento en las poblaciones de organismos benéficos, esto solo por mencionar algunos componentes  tecnológicos que cuando se integran al esquema de cultivo tradicional de frijol, expresan como respuesta un desarrollo sustentable en la producción, tendiente a una preferente interacción comercial, bajo una mejor relación costo-benéfico.

“Definitivamente la producción de frijol es esencial para el agricultor del altiplano semiárido del norte centro del país, aunque es un segmento muy delimitado, ya que la principal superficie se cultiva bajo condiciones de temporal, característico por una escasa y errática precipitación, por lo que el rendimiento en estas áreas está supeditado a la presencia de lluvias y a su distribución durante las diferentes etapas del cultivo, además su establecimiento es por lo general en suelos pobres de materia orgánica y con baja fertilidad, lo que aunado a un sistema tradicional y con un manejo agronómico inapropiado, resulta en una gran debilidad productiva y competitiva, con un relevante desgaste de los recursos naturales, lo que paulatinamente va demeritando la utilidad e incrementando los costos, creando un efecto de desaliento para el productor y como ultima consecuencia el abandono de la tierras de cultivo”; así lo precisó el Ing. Jorge Alberto Acevedo, representante de la Agencia de Desarrollo Rural CASE (Consultores Asesores y Servicios Especializados S.C.), con operaciones principalmente en la región frijolera del estado de Zacatecas.

“Por ello nos hemos dado a la tarea, desde hace tiempo, de promover la adopción de componentes tecnológicos, algunos muy novedoso y otros que llevan años e incluso décadas de haber sido desarrollados, pero que por la falta de difusión y de capacitación no se han implementado como deben de ser. El reto en la actualidad es mejorar la eficiencia productiva, maximizar rendimientos, reducir costos y preservar los recursos naturales, situación por la cual nos empeñamos en adaptar a las condiciones propias de la región, sistemas acordes con la superación de dicho desafío, y que hoy afortunadamente nos dejan una mayor ganancia en el bolsillo”.

“En general los productores de esta región frijolera coinciden en señalar que actualmente la agricultura ha dejado de ser un negocio rentable, esto por los altos costos en los insumos necesarios, como los combustibles, gasolina y diésel, los fertilizantes, etc., además de demandar de un gran esfuerzo humano, y en parte tienen mucha razón; pero gracias a Dios y con el desarrollo de nuevos esquemas productivos, les hemos demostrado que si puede llegar a ser una actividad sustentable, ya que disminuimos el gasto de combustibles, de nutrición, de químicos, e incrementamos un poco el rendimiento, por lo que sin duda alguna creemos firmemente que existe un gran potencial, y para lograrlo tenemos que hacer ajustes en nuestra forma de trabajar y en nuestra ideología, poniéndonos las pilas para tratar de evolucionar hacia un campo más moderno, siempre con la visión de hacer equipo con todos los interesados reales en el desarrollo del sector, como técnicos, investigadores, empresarios, académicos y autoridades, esto ya que bajo un esfuerzo individual será lo doble o lo triple de complicado tratar de lograr dichos cambios”.

“A grandes rasgos lo que establecimos en el actual ciclo, fue la siembra de frijol al contorno o en curvas a nivel, que no es otra cosa más que realizar las hileras del cultivo en contra de la pendiente, lo que trae consigo muchos beneficios, como la disminución de la erosión hídrica ocasionada por el arrastre del agua de lluvia tanto del suelo como de los nutrientes, lo que a la vez retiene mayor humedad y mejora la filtración, esto solo por mencionar algunos; además se incrementó la densidad de plantas por hectárea, ya que el cultivo se dispuso en camas a 3 hilos, y por lógica, al existir una mayor cantidad de matas, también aumenta la porción del grano obtenido. Siembras realizadas en la unidad de producción denominada Rancho Las Marcelinas, de la familia Puente Ruvalcaba, localizado en el municipio de Sombrerete, Zacatecas, en el cual se maneja una superficie actual de 165 hectáreas de frijol en temporal, hoy acertadamente todas bajo los mencionados principios, ya que en el primer año donde empezamos con esta idea solo se estableció 1 hectárea con estas pautas, únicamente para iniciar a experimentar, expresados los resultados positivos al siguiente ciclo se decidió aumentar a 100 hectáreas, y actualmente en este el tercer año se determinó apostar al total de la superficie del cultivo de frijol bajo un manejo agrícola sustentable”.

“Este marco productivo, indiscutiblemente nos brinda condiciones muy favorables, como el hecho de hacer un mejor uso del suelo, ya que al sembrar más aprovechamos mejor la superficie, además el rápido crecimiento de las plantas cubre el espacio entre líneas, lo que limita el desarrollo de malezas, pues al obtener mayor cobertura del terreno, se genera una mayor competencia por la luz, lo cual impide el crecimiento y desarrollo de las malas hierbas; esto también conserva por mayor tiempo la humedad, y cuando se presentan lluvias, el agua se infiltra más fácilmente al encontrar mayor resistencia a los escurrimientos por efecto del mayor número de matas de frijol, haciendo con ello más eficiente el uso del agua precipitada”.

“Pero el beneficio principal, que realmente es lo que quieren escuchar los productores, y que muy probablemente ni me lo crean, es que en la agricultura normal o tradicional se gasta un estimado de 6,900 a 8 mil pesos por hectárea de frijol, y bajo un modelo como el que estamos desarrollando con prácticas de conservación, estamos invirtiendo 4,600 pesos solamente, por lo que desde ahí empieza el negocio. El potencial productivo de esta zona ronda las 1.6 toneladas de frijol por hectárea, pero nosotros bajo dicho esquema de preservación y alta densidad estamos cerca de las 2.3 toneladas por hectárea, por lo que en conclusión la disminución de los costos sumado al aumento en el rendimiento que va de los 400 a los 700 kilos en comparación a un sistema convencional, resulta en un significativo desarrollo económico e importantes ventajas en todos los sentidos”.

Por otra parte, y con la intención de reforzar el intercambio de experiencias, el Sr. Agustín Bravo Sánchez, productor de frijol y sucesor de generaciones dedicadas al campo, quien en conjunto con familiares manejan una superficie actual del cultivo de la leguminosa de 200 hectáreas de temporal en diferentes predios del municipio de Sombrerete, Zacatecas, con variedades como Negro San Luis, Pinto Saltillo y Pinto Centenario, amablemente compartió parte de sus capacidades, por lo que señaló; “las condiciones cada vez son más difíciles y los desafíos cada día son más grandes, bajo el riesgo natural que implica la agricultura, y con problemas que han golpeado durante mucho tiempo nuestra región, principalmente la constante erosión y degradación del suelo, fenómenos que están muy relacionados con los sistemas de manejo que actualmente seguimos desarrollando después de varias décadas, es decir, con la forma tan tradicional como se ha venido cultivando el frijol, lo que ha propiciado elementos favorables para que los obstáculos crezcan, no obstante, estas circunstancias adversas, han abierto la puerta empujándonos necesariamente a buscar alternativas encaminadas a enfrentar dichos retos, por lo que desde hace 4 años decidimos incursionar en una nueva forma de hacer agricultura, implementando prácticas y tecnologías de nuestro entorno al alcance, que talvez de inicio si requieren de un poco más de esfuerzo para poder adaptarnos tanto física como ideológicamente, pero con el paso del tiempo estos cambios sin duda alguna nos han permitido obtener resultados diferentes, basados en un esfuerzo lógico y en equipo siempre de la mano de la asistencia técnica”.

“Tiempo atrás cuando sembrábamos de manera convencional en surcos a un solo hilo, no sacábamos ni los gastos del cultivo; afortunadamente hoy con el sistema de siembra en camas a 3 hilos, con igual o menor cantidad de trabajo y la mínima inversión, satisfactoriamente se ha incrementado la producción. En este sistema de conservación, el primer año establecimos 30 hectáreas, el segundo fueron 80, y así paulatinamente, hasta actualmente sembrar todo bajo dicho esquema”.

“Las camas son de un ancho de 82 centímetros, con una distancia entre hilos de 40 centímetros, y un espaciamiento entre plantas de 15 a 20 centímetros, por lo que se requiere un poco más de semilla para la siembra, aproximadamente 45 kilogramos por hectárea, sistema que dé inicio se nos hacía imposible implementarlo, pero que sólo es cuestión de decidirnos y aplicarnos con pasión a realizar los cambios necesarios, los cuales definitivamente valen la pena, ya que en años pasados hemos llegado a levantar hasta más de 2 toneladas por hectárea, y el rendimiento se estima similar para el presente ciclo, por lo que es precisamente ahí, en esos kilos extra donde está la ganancia, aspecto que además nos puede llegar a amortiguar cuando el valor comercial del producto sea bajo, ya que con ese incremento en la producción y la disminución en los costos, nos ayuda a soportar mejor condiciones de mercado adversas”.

“Por ello debemos reconocer que el mayor problema está en limitada evolución ideológica que tenemos como productores, ya que es mínimo lo que hemos realizado para transformar las condiciones de nuestro entorno, en el que pasivamente seguimos produciendo y comercializando como lo hemos efectuado desde hace décadas, aun y cuando vemos que el mundo ha cambiado diametralmente, proceso dinámico y natural que avanza constantemente, por lo que las condiciones de antes y de hoy, mañana ya no serán las mismas; realidad que aunque no queramos, nos obliga, no como una variable, sino como una necesidad, a modificar nuestras prioridades, entendiendo además que no podemos estar esperando a que dichas reformas o correcciones lleguen del exterior, sino que la rectificación e innovación deben de surgir a través de nuestra propia iniciativa, dando con ello el lugar y la justa responsabilidad que le corresponde a cada uno de los eslabones que conforman esta cadena productiva”.

Para finalizar, el Sr. Bravo Sánchez concluyó; “tenemos que remover y renovar el chip que nos conduce como agricultores, actualizándonos tanto productiva como comercialmente, ajustándonos a la globalización y a las normas del libre mercado, el cual sabemos se rige en función de la ley de la oferta y la demanda, por lo que debemos de esforzarnos por no ser nosotros mismos los que demeritemos el valor comercial de nuestros productos del campo al no cuidar la calidad, partiendo de la premisa de saber que el frijol va al plato del consumidor, demandando con ello un bien saludable, limpio, de buen sabor, nutritivo y con buena presentación. Además la falta de organización, de planeación y de diversificación productiva, son circunstancias que disparan la sobreoferta del producto, generando así la indeseable saturación del mercado y a su vez la caída de los precios;  por lo que de cierto modo es recomendable en la medida de lo posible aguantar y no vender inmediatamente la cosecha, evitando con ello que salgamos todos al mismo tiempo al mercado reduciendo así los mencionados sobrecupos y el desplome del valor comercial del producto, por lo que si por ejemplo cosechamos 10 toneladas, a lo mejor vender 1 o 2 toneladas para cubrir gastos y deudas prioritarias, y las demás guardarlas para esperar a que las condiciones de precios se estabilicen y mejoren, logrando con ello ventas más justas, y seguir buscando mecanismos y ventanas de oportunidad que propicien estrategias comerciales más favorables”.

Un mayor y decidido esfuerzo para evolucionar hacia una mejor organización, planeación y un eficiente trabajo en conjunto, enfocados a maximizar los rendimientos y la calidad, con el menor desgaste de recursos económicos, naturales y humanos, son en esencia parte de la fórmula para lograr condiciones comerciales positivas.

Espera la 2ª parte de este valioso e interesante reportaje, en próximas ediciones… 

 

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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