NOVIEMBRE 2018

El sector agroalimentario mexicano atraviesa desde hace décadas por una crisis de tipo estructural, para cuya solución es necesario plantear una nueva estrategia que considere, entre otros muchos aspectos, una redefinición del papel que debe jugar la tecnología y determine el tipo de herramientas más convenientes para apoyar a los distintos ramos productivos.

Indiscutiblemente el país cuenta con una amplia experiencia en el desarrollo de la investigación agrícola y alimentaria, área de trabajo que ha recibido gran apoyo y ha estado permanentemente promovida tanto por organismos públicos como privados, lo que en gran medida ha moldeado el prototipo de la agricultura moderna, que comenzó con la revolución petroquímica, mecánica y de mejoramiento y producción de semillas híbridas, a partir de los años treinta; paradigma también llamado “agricultura industrial intensiva”. Tal coyuntura ha jugado un papel clave en el despliegue de los grandes grupos empresariales agroalimentarios.

Las nuevas tecnologías han hecho posible la profundización de la división del trabajo, y la fragmentación, descentralización y flexibilización de funciones dentro del sistema agroalimentario, al tiempo que han supuesto una importante ampliación de las capacidades de organización y coordinación. Además, la tendencia u orientación actual del mercado hacia la demanda de productos de mayor calidad, complejos y sofisticados, otorga un papel central a la investigación y desarrollo tecnológico, lo que a su vez también se traduce en la automatización, métodos industriales, y en general a la creación de nuevos procesos de transformación orientados a una mejor conservación o dirigidos a utilizar materias primas no tradicionales y aprovechamientos alternativos, encaminados a dotar a los alimentos de nuevas condiciones, envases o embalajes, y otras formas de innovación que reproducen y consolidan estructuras de los mercados y condiciones de competencia.

Por otra parte, la biotecnología, que se ha presentado desde lo instituido como un avance fundamental, panacea tecnológica para aumentar la producción de alimentos y resolver el problema del hambre en el mundo, solución al cambio climático, e incluso a la crisis del petróleo, resulta ser parte del problema y no la solución; es un mecanismo para socializar los daños y riesgos y privatizar los beneficios, entre los que destaca la apropiación de valor a partir del control corporativo de la biodiversidad, en un mundo en el que la mayoría de los procesos de elaboración de mercancías tendrán, de manera creciente, su fundamento en la utilización de materiales bióticos.

El sistema agroalimentario globalizado es un devorador de recursos naturales, materiales y energía, los digiere y los transforma en mercancías que se consumen como alimentos los cuales segregan residuos a lo largo del proceso; de ahí la importancia de trabajar sobre las bases de las que depende el funcionamiento del sector en relación con su sostenibilidad, generando con ello alternativas que moderen la presión sobre el entorno ecológico, mediante una vinculación eficiente y afable entre la experiencia y la tecnología.

El Despertar del Campo, La Nueva Visión Del Agro…

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