Promesa de dinamismo y desarrollo productivo 2ª parte

Delineado en la primera parte como un ramo productivo en constante variación, el cultivo de ajo es una actividad de aprendizaje continuo dado que ningún año es igual a otro, del cual además se desprende un vasto acervo de conocimiento e información, razón por la cual se da seguimiento al desarrollo del tema en esta su segunda entrega, mediante el amable intercambio de experiencia vertido por el Ing. Francisco Martin Guajardo Guajardo, productor por vocación y sucesor de generaciones dedicadas al campo, quien recientemente cosechó una superficie de 4 hectáreas de ajo de la variedad Prosur, establecidas en el pozo llamado San Antonio en tierras conocidas como La Ropeña, próximas a la localidad de Chaparrosa, del municipio de Villa de Cos, Zacatecas.
“De inicio se requiere de una buena preparación del terreno, por lo que en primer lugar metemos el subsuelo, enseguida volteamos con el arado, damos pasos con rastra, y nivelamos buscando con ello dejar en las mejores condiciones al suelo para la posterior siembra del diente de ajo. Una vez emparejada perfectamente la superficie surcamos, aplicamos la fertilización de base, tiramos la cinta y marcamos para finalmente iniciar con el proceso del establecimiento de la semilla a través de personal, etapa en la que cabe destacar que este año relativamente tuvimos ciertos contratiempos, ya que cuando estábamos preparados para plantar llovió lo que ocasionó que la tierra se pusiera algo dura por el agua, por lo que la gente generalmente no coloca la semilla muy bien, la raíz no queda bien sentada ocasionando que haya fallas porque se seca, y aunque no tuvimos de otra más que sembrar una parte en mojado, afortunadamente eso paso de ser lo que nosotros creíamos como un percance al principio a convertirse hasta cierto punto en un beneficio al final, dado que las plantas se desarrollaron mucho más rápido, se enraizó mejor, y en comparación a la otra parte que se sembró en seco, todo el tiempo el cultivo tuvo un mejor aspecto, más color y mayor vigor, sin embargo para cerrar el ciclo prácticamente las dos fracciones se emparejaron”.
“Al igual que la mayoría de los cultivos, el ajo demanda para su adecuada nutrición de elementos básicos como el nitrógeno, fósforo y potasio, así como microelementos, siendo la cantidad y el momento preciso los que varían de acuerdo a un sinfín de condiciones como los requerimientos naturales de la planta, estado fenológico, capacidad y contenido mineral y microbiológico del suelo, la densidad de población, temperatura y en general la situación ambiental presente, por lo que definitivamente el plan nutrimental es muy flexible, y ciertamente para el manejo del ajo no existe una receta exacta, ya que como todo en la agricultura, depende de una gran cantidad de factores, sobre los cuales el productor debe de tener conocimiento, y estar constantemente observándolos y midiéndolos como fundamento de una mejor toma de decisiones. A grandes rasgos, en nuestro caso aplicamos más que nada calcio y potasio, también algo de magnesio para intensificar el color, poco nitrógeno principalmente al inicio y paulatinamente lo vamos retirando para que los niveles en la tierra no sean muy altos buscando con ello evitar cualquier tipo de escobeteado, además de sulfatos y cloruros ya para terminar, más o menos suministramos por semana vía fertirriego 30 kilos de calcio, 30 de potasio y 20 de magnesio, por hectárea; hablando de lo que es la fertilización de fondo, esta se compone en base a nitrógeno y fósforo, con aproximadamente 18 unidades del primer elemento y 46 unidades del segundo, a razón de alrededor de 300 kilogramos totales de fertilizante por hectárea”.
“También hemos hecho uso de micorrizas tratando de prevenir problemas radiculares, generando así raíces sanas y vigorosas; además empleamos ácidos húmicos y fúlvicos, y formulaciones a base de algas marinas. En la parte de la maleza, al inicio cuando sembramos aplicamos herbicidas específicos, para después darle solamente una deshierbada con la mano”.
“El ajo es uno de los cultivos que más mano de obra requiere, sobre todo al inicio en la siembra y al final en la cosecha y empaque, ya que prácticamente todas las labores se realizan manualmente, desde lo que viene siendo la enchufada, se dejan unos días en lo que las cabezas secan bien o se pierde un poco la humedad y después se empiezan a mochar, para finalmente llevarlos a la corredora en bodega donde se limpian, se seleccionan y se empacan de acuerdo a su tamaño en cajas de cartón”.
Para concluir, el Ing. Guajardo agregó; “debido a dicha demanda en personal y demás costos de producción con insumos que van a la alza año tras año, la inversión para obtener ajos de calidad es significativamente alta, lógicamente esto varia de un productor a otro ya que no todos manejamos los mismos gastos, los cuales en nuestro caso estimamos que rondan poco más de los 150 mil pesos por hectárea hasta cosecha, ya en bodega igual se le tiene que meter un poco más para limpiarlos y colocarlos en sus cajas”.
En México se siembran más de 5 mil hectáreas de ajo al año, de las cuales poco más del 40% se establecen en el Estado de Zacatecas, por lo que definitivamente esta hortaliza representa un detonante estratégico de crecimiento para la región, tanto por la derrama económica que genera el producto desde el punto de vista comercial, así como por la cantidad de mano de obra que se ocupa para su cultivo, cosecha y empaque.
Espera la 3ª y última parte de este interesante reportaje sobre la producción y cadena de valor del ajo, en próximas ediciones…