Raíz del éxito

Construir buenas raíces, es el comienzo para edificar un sistema productivo fértil y resistente, capaz de convertirse mediante el esfuerzo continuo, en una fructífera cosecha. Por ello, es importante reconocer que el semillero o plantero, es el lugar de inicio de la vida productiva y reproductiva de la planta, tal como lo es el cunero de un hospital, por lo que es ahí donde se deben aplicar las mayores medidas preventivas y de cuidado intensivo, para garantizar la sobrevivencia y buen crecimiento de las diminutas plántulas, brindando condiciones óptimas de luz, temperatura, fertilidad y humedad, a fin de lograr la mejor emergencia y desarrollo durante sus primeros procesos fisiológicos, hasta que es trasplantada al terreno definitivo.
A grandes rasgos, la producción de plántula es un procedimiento de vital importancia para consolidar el éxito del cultivo, ya que su futuro y nivel productivo, está determinado por la calidad y fuerza de la planta que es llevada a campo. De este modo, y ya que en los semilleros viven plantas jóvenes, cuyos tejidos tiernos efectúan una gran actividad fotosintética y son muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura y humedad, deben ubicarse donde se les pueda brindar la mayor atención y protección posible, dado que las plántulas crecen con rapidez y cualquier alteración de las condiciones ambientales puede incidir en su desarrollo, asimismo, tienen que estar cerca de fuentes de agua, debido a que las plantas requieren de riegos cortos, pero frecuentes, realizados preferiblemente por aspersión; por lo tanto, lo más conveniente es hacer uso de una cubierta plástica o invernadero, donde sea posible controlar el clima, el riego, el agua de lluvia, los insectos plaga, las enfermedades, la entrada de animales, entre otros componentes.
“Criar o producir planta es un procedimiento muy bonito e importante, dado que es en estas primeras etapas de vida donde se forja la base sobre la cual es posible cosechar del campo frutos de calidad, sembrando y germinando la semilla de la que surgirá una diminuta plántula que subsecuentemente se cuidara a través del manejo de cada uno de los componentes necesarios para un sano desarrollo, capaz de otorgarle las fortalezas y aptitudes idóneas para un trasplante exitoso al campo definitivo, donde continuara su ciclo natural de vida”; así lo señaló el Sr. Andrés Ordaz, encargado de producción del Rancho La Alegría, situado cerca de la localidad de Lázaro Cárdenas (Rancho Grande), perteneciente al municipio de Fresnillo, Zacatecas, unidad enfocada principalmente al cultivo de chiles, cebolla, tomatillo, frijol y maíz, en una superficie aproximada de 120 hectáreas de chile, 200 entre frijol y maíz, y otras 200 hectáreas con cebolla y algo de tomatillo, el cual cuenta con una infraestructura en semilleros para la producción de plántula de poco más de un cuarto de hectárea, con 3 túneles o invernaderos especializados en dicha tarea, de 11 metros de ancho por 60 metros de largo, y una altura de 4.5 metros, donde en total se desarrollan alrededor de 9 mil charolas, 3 mil en cada semillero, principalmente de chile, producto estrella de la agrícola, contando así con materiales sobre todo criollos y algo de híbridos, de anchos, pasillas y unas cuantas charolas de serranos, entre los que destacan ciertas muestras F1 de la empresa semillera Sakata, con las variedades de ancho Capitán y Almirante, así como Duque de Lark Seeds, y el serrano Plata de CapGen.
“En términos generales, el concepto de la producción de plántula hortícola para el trasplante ha evolucionado notablemente, en medida que avanza la tecnología y se logra un mayor entendimiento del comportamiento y características de las plantas en simbiosis con su entorno, bajo lo cual se aporta un mejor cuidado a través de condiciones adecuadas y favorables para una inmediata adaptación y desarrollo tanto en el semillero como después de su plantación. Si lo comparamos con ciclos atrás, donde se usaba el sistema tradicional de almácigos en piso, la diferencia es grande, se regaba por gravedad, se tapaban o protegían del clima con costales, se plantaba a raíz desnuda, a grandes rasgos, era un sistema más rudimentario; ahora, con las siembras en charolas y la implementación de lo que es la agricultura protegida, todo es más técnico, el riego es por aspersión, se utilizan diferentes sustratos, se puede controlar el ambiente disminuyendo riesgos naturales, evitando al máximo el estrés en las plantas, se minimiza la entrada de plagas, entre otras ventajas que han mejorado significativamente el desarrollo de la plántula, logrando así una mayor calidad, fuerza y resistencia, llevando a campo plantas con cepellón, lo que garantiza un mejor arraigo y un rápido desarrollo”.
“Este tipo de planta de invernadero la verdad es que no falla, se adapta sin problemas al terreno, teniendo casi el 100% de probabilidades de prender, lo que aporta mayor seguridad y confianza, en cambio la de almacigo, con un hueco que quede al momento de insertarse en el suelo, tiende a fallar o a secarse, por lo que es muy común la necesidad de replantar, lo que implica doble gasto y trabajo”.
“La forma como regamos dentro de los semilleros, es mediante un equipo de aspersión que llamamos aguilón, el cual cuenta con 2 brazos que van de un extremo del invernadero al otro, empujado manualmente, y gracias a la presión que ejerce el pozo se puede ir rociando el agua sobre las plantas en un tipo de forma de lluvia, por lo que es un sistema realmente sencillo y práctico, que facilita el riego y lo hace más eficiente. Por lo general se aplica agua a diario, pero eso depende de las condiciones de humedad que se presenten dentro del semillero, por lo que hay que estar monitoreando o checando constantemente, por ejemplo, hay veces que llegamos y se nos hacen muy mojadas y no hay tanta radiación o está nublado, en esos casos suspendemos el riego para otro día, porque también si nos pasamos de humedad empieza a salir el hongo, pero por lo regular solo un día se interrumpe el suministro de agua, y más cuando la planta ya está grande que es cuando tiene mayores demandas”.
Por último, el Sr. Andrés Ordaz precisó; “la fecha de siembra de las charolas que tenemos, fue pasando el día 6 de enero, y una vez que la planta emergió, el periodo que permanece en desarrollo dentro del semillero es de alrededor de 60 días, además, cabe señalar que la mayoría del chile que producimos (100 hectáreas más o menos) se destina al secado o deshidratado artificial dentro de los túneles de gas, y las 20 hectáreas restantes son para verdear”.
Asimismo, con la intención de reforzar el intercambio de experiencias, el Ing. Jairo Iván Segovia Devora, productor y asesor técnico del Rancho La Alegría, amablemente compartió parte de su expertiz en el manejo y desarrollo de plántula, delineando así los pasos principales en el proceso productivo, determinando que; “lo primero es la elección de una buena semilla, sana y de calidad, con un porcentaje de germinación del 90 al 93%, para desperdiciar lo menos posible espacio y mano de obra, antes de sembrar, tenemos que tener bien claro que hortaliza se va a producir, ya que de ello depende el tipo de charola que se va utilizar, si van a ser chiles, las bandejas pueden ser con cavidades de 11 milímetros hasta 15 milímetros, estas dimensiones obviamente rigen el tamaño del cepellón y la capacidad de almacenamiento de agua, pero por ejemplo, si son jitomates se necesitan charolas con cavidades más grandes de 18 milímetros hasta 24 milímetros, aquí en estos semilleros, con nuestra plántula de chile, estamos utilizando en un invernadero charolas de 512 cavidades de plástico negro rígido, y en los otros 2 semilleros están charolas de 338 cavidades de unicel”.
“El siguiente paso, es la desinfección de charolas mediante diferentes compuestos químicos, con lo que se trata de eliminar hongos, virus, bacterias y plagas, dejándolas completamente estériles, listas para su siembra sin que estas representen algún riesgo sanitario para las plantas; también tenemos que elegir el sustrato conforme a la textura que ocupemos para que no se compacte, permita una buena aireación, retención de humedad y una óptima asimilación de fertilizantes, en nuestro caso revolvemos el sustrato con vermiculita para aumentar la calidad y porosidad del medio, ya que es un tipo de mica compuesta de silicatos de aluminio, magnesio y hierro, material ligero y térmico, excelente para la retención química de nutrientes y agua, con buen drenaje, lo que mantiene al cepellón en perfectas condiciones. Posteriormente, se moja el sustrato, de acuerdo a la capacidad que requerimos, generalmente por cada bolsa de 5.2 pies, agregamos 50 litros de agua, de esta forma podemos empezar a llenar las charolas”.
“Así llegamos a lo que es la siembra, colocando generalmente de forma manual la semilla en cada cavidad sobre todo cuando se trata de chiles híbridos originales F1, como son las muestras de serrano Plata, y los anchos Capitán, Almirante y Duque, de los cuales se deposita una sola semilla por orificio; y lo que son los criollos, podemos meter de 2 a 3 semillas por espacio, en este caso, para sembrar más rápido utilizamos una aspiradora y un cajón, el cual por medio de la presión que genera la aspiradora sujeta la semilla, se coloca sobre la charola, y se corta el efecto de succión para que la semilla caiga sobre las cavidades”.
“Sembrada la charola, lo siguiente es tapar la semilla, hay quienes tapan con pura vermiculita, ya que este material colocado en la parte superior ayuda a que no se enlamen las charolas, pero nosotros como revolvemos el sustrato con la vermiculita, es con esta misma mezcla con la que cubrimos la cavidad, porque al tapar solamente con vermiculita hemos observado el problema de que a veces no sabemos en que zonas la planta está más seca, dado el color de la mica, y así como lo hacemos podemos ver con mayor claridad la uniformidad del riego”.
“De ahí, la charola se estiba en pilas o columnas de 30 bandejas, en la parte central del invernadero, se tapan con hule negro o lona, tratando con ello de igualar las características de un cuarto obscuro, y de esta manera empezar con la germinación, si vemos que está muy caliente ponemos solo la lona, pero si está muy fresco también sobreponemos el hule negro para incrementar el calor; también cerramos o abrimos las cortinas del invernadero según lo frío o lo cálido que se encuentre, tratando con ello de mantener una temperatura promedio de 25 a 35° centígrados, que es el rango óptimo para que la planta emerja o nazca lo más rápido posible, dándonos así una germinación más o menos de 8 a 10 días en términos generales. En este renglón, debemos de tener mucho cuidado con las temperaturas, ya que, si nos excedemos por arriba de los 45° centígrados, la semilla no germina, y si baja mucho, a menos de los 10° centígrados, la planta tampoco nace, por lo que se tiene que hacer un monitoreo constante para equilibrar y mantener los grados entre dichos parámetros, para ello se tienen termómetros que se están checando para medir la intensidad dentro del invernadero, y en dado caso de que esté frío se prenden los calefactores, e igualmente, si está demasiado caliente se abren las cortinas para que circule el aire y descienda la temperatura, siempre bajo el objetivo principal de que la plántula nazca lo más uniforme y rápido que se pueda”.
“Lógicamente los tiempos de germinación dependen del tipo de hortaliza, por ejemplo, el tomatillo con esa misma temperatura nace en 3 días, o hasta en 2 días si le metemos un poco más de calor, por lo que sus procesos son mucho más rápidos; pero hablando de lo que son chiles, de 8 a 10, o hasta 12 días ya lo más tardío, bajo nuestras condiciones, no obstante, hay agricultores que dicen irse de los 15 a los 20 días, por lo que sin duda, esto depende del manejo y del cuidado que se les dé, así como de la zona geográfica en la que se desarrollen”.
“Una vez que las plantas nacieron, o que empezamos a ver coditos desde un 10 a un 15%, ya se empiezan a extender las charolas por todo el invernadero, dejando solo un pasillo al centro del mismo para poder pasar, tratando de evitar con ello que las plántulas se vayan a doblar o a quebrar, ya que como están empalmadas, al emerger topan con la parte inferior de la charola que está encima. Después de su correcta distribución por el invernadero, aplicamos un fungicida para eliminar todo el hongo que haya surgido con la germinación, dado que al ser un medio de cultivo pueden estar reproduciéndose, por ello generalmente usamos Captan, que contiene el activo carboxamida de actividad preventiva y curativa, de amplio espectro y absorción por vía radical y foliar, a razón de unos 5 gramos por charola si se observa presencia del hongo, y si no, le metemos solo 2 gramos para sanitizar”.
“Podemos reconocer la presencia del hongo, si en la zona superior de la charola está una tela grisácea, tipo telaraña, la cual es micelio que es la parte vegetativa del hongo, y si no se quita tiende a desaparecer sola, pero el problema es que la parte donde aparece ese micelio, ya no nace, dado que este hongo suprime o mata la semilla. Después, a los 8 días de haber aplicado este control sanitario, y ya que la planta está completamente germinada, empezamos con las fertilizaciones, para acelerar su proceso de desarrollo, lo cual hacemos vía irrigación por medio de la aspersión con el aguilón, en nuestro caso le metemos nutrición diaria, suministrando mezclas como fosfato monoamónico (MAP) con magnesio, en proporción de 1 kilogramo de cada uno por mil litros de agua, además de quelatos de zinc y fierro para darle vigor a la plántula, y que esta vaya lo más maciza que se pueda a campo; entre esas fertilizaciones, se van aplicando diferentes fungicidas a lo largo del ciclo, para prevenir toda clase de hongos, y cuando aumenta el calor, con ello llega el problema de las bacterias, haciendo así uso de productos como el Clorotalonil (Ftalonitrilo), Metalaxyl (Xililalanina), y Carbendazim (Bencimidazol), entre otros”.
“Con este manejo, generalmente después de 60 días en el semillero, tenemos este tipo de planta en las condiciones ideales para ser trasplantada. Algunos de los principales indicadores que observamos para determinar que una planta ya está lista, es que su tamaño más o menos nos tiene que dar la longitud de la palma de la mano, alrededor de unos 15 centímetros, otro parámetro, es el grosor o macices del tallo, lo cual medimos al tomarlo con la mano y voltearlo con el cepellón hacia arriba, sino se dobla y se mantiene firme es que la planta ya tiene la dureza y consistencia adecuada, pero si se ladea o no detiene al cepellón levantado, es que aún no está buena para plantarse. La raíz es algo fundamental, por lo que el cepellón tiene que estar bien lleno, viéndose la menor cantidad de sustrato y la mayor parte de raíces; en cuestión de hojas, es variado, desde 4 a 6 hojas puede ir a trasplante sin problemas, pero también es recomendable que no lleve demasiadas hojas porque el aire las puede dañar, se busca que tenga una hoja no muy grande pero de coloración uniforme en un verde no muy intenso pero tampoco no muy claro, algo intermedio”.
Para finalizar, el Ing. Segovia Devora agregó; “de este modo, se pronosticó comenzar a plantar a partir del 20 de marzo, teniendo en cuenta uno de los principales problemas que tenemos en esta región, que son los fuertes vientos, por lo que sin duda necesitamos mandar la planta lo más macizo que se pueda, para que resista bien los embates del clima”.
Formar raíces fuertes, es la base para construir un sistema productivo fértil y competitivo, fuente de una fructífera cosecha.
Espera la 2ª parte de este interesante reportaje, en próximas ediciones…
Salvador Juárez / El Despertar del Campo