Afectación de la sequía

La sequía se ha convertido en un fenómeno cada vez más recurrente e intenso en nuestro país. Desde 2009 se han registrado al menos cinco eventos de este tipo; sequías como la de 2011 acabaron con la producción de temporal en México y disminuyeron drásticamente los hatos ganaderos; en 2021-2023 igualmente se ha presentado una sequía que ha dejado sin agua a grandes urbes, como Monterrey y la Ciudad de México, y ha vaciado los grandes embalses nacionales. Lamentablemente, el panorama a futuro no es alentador y se espera que la frecuencia de la falta de agua vaya en aumento para todo el país.
El sector más dependiente del agua es definitivamente el campo; el agro mexicano es altamente dependiente de la lluvia. Años con buenas lluvias se traducen en una alta producción agrícola.
Actualmente la actividad agropecuaria ocupa 134 millones de hectáreas de 195 del total del país. De esas, el 82 % dependen directamente del comportamiento de las lluvias para asegurar cosechas y cabezas de ganado; en otras palabras, si las lluvias se retrasan o escasean, la cosecha y los hatos ganaderos peligran, lo cual amenaza el ingreso de las familias que dependen directamente de esta actividad.
Sequía y después: qué pasará en los suelos si las precipitaciones son demasiado abundantes…
Tras una sequía tan prolongada las lluvias intensas no serían lo mejor ya que la capacidad del suelo de absorción es menor. Si precipita mucha cantidad de agua en poco tiempo, se transforma en escorrentía que erosiona el suelo, quita sus nutrientes y arrasa cultivos.
Durante las dos últimas décadas ha habido sequías muy intensas en México, tal fue el caso de la terrible sequía de 2011 y de la más reciente sequía de 2023. Este fenómeno es considerado como un grave riesgo para casi todo el país.
Las sequías han impactado más del 60 % del territorio nacional provocando incalculables pérdidas en la agricultura, específicamente en los cultivos de temporal como el maíz, el trigo y el frijol. Además, la ganadería, especialmente aquella de libre pastoreo, se ha visto severamente afectada.
Aunque México tiene un amplio historial de sequías, las características del fenómeno actual son críticas y por tanto un motivo para reflexionar sobre las experiencias de los trabajadores en el agro. En los últimos setenta años se ha observado que la población ocupada en el campo mexicano ha disminuido drásticamente (del 58.3 % al 12.69 % entre 1950 y 2018); los motivos de dicha disminución se pueden explicar desde ámbitos socioeconómicos hasta políticos, sin embargo, poco se ha analizado cómo se enfrentan los agricultores y ganaderos del país a los impactos de la sequía y sus consecuencias.
A raíz de lo anterior, se ha comenzado a estudiar el impacto de la sequía en la ocupación agraria en México, lo que ha mostrado que entre menos llueve, más se incrementa el cambio en las actividades agropecuarias del país, sin embargo, el impacto no es el mismo para todos los trabajadores del agro. Los ganaderos suelen cambiar de ocupación durante un año de sequía, mientras que, en la agricultura, el cambio de ocupación sólo se observa en aquellos que viven del temporal; por ejemplo, durante 1983 y 1988 se produjo el mayor abandono (9 % y 12 %) de agricultores de temporal en México como consecuencia de las sequías extremas de años anteriores, y el caso de los ganaderos es aún más extremo con salidas del agro del 15 y 20 % durante dichos años secos.
No hay duda, quienes se enfrentan directamente a los impactos negativos de las sequías adoptan diversas estrategias para sobrevivir; un ejemplo de ello son las salidas del campo, que consiste en abandonar su actividad económica original (agricultura o ganadería) para dedicarse a otra ocupación como el transporte o el comercio.
Otra estrategia es cambiar de actividad dentro del agro, por ejemplo, abandonar el cultivo de alfalfa para dedicarse al cultivo de caña. De manera interesante, también se ha encontrado que algunas personas logran mantener su actividad económica, o incluso deciden entrar a trabajar en el campo, considerando que hay más oportunidades como consecuencia de aquellos que ya han salido; no obstante, las posibilidades de acumular reservas para amortiguar la pérdida de cosechas e ingresos siguen siendo limitadas.
Hasta el 15 de septiembre, el reporte del monitor de sequía por parte del Servicio Meteorológico Nacional muestra que la sequía sigue en aumento. Las lluvias de primavera disminuyeron su intensidad entre abril y mayo, pero con la ola de calor y ausencia de lluvias en junio, lluvias escasas de julio-agosto y un septiembre seco, la han vuelto a fortalecer.
Se tiene extensión del 67.1% del territorio mexicano con algún grado de sequía, donde los estados más afectados con intensidad severa a extrema fueron Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Jalisco, Guanajuato, Querétaro, Michoacán, Hidalgo, Tamaulipas, Estado de México, Morelos y Guerrero.
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