Semillas, coadyuvantes en la seguridad alimentaria

La mitigación del hambre y una distribución más equilibrada de los alimentos constituyen aspectos de alta prioridad en la región Mesoamericana. Dos preocupaciones se presentan al respecto, una se refiere a asegurar la disponibilidad de alimentos con suficiencia alimentaria nutritiva y saludable, y la otra es garantizar el acceso al consumo, mediante niveles de precios y de ingresos que permitan arribar a la seguridad alimentaria.

A lo largo del siglo XX, diversas instituciones internacionales enfatizaron sobre el tema de la producción de alimentos, destacando el papel de la tecnología como elemento fundamental en el aumento en la productividad y la obtención de más y mejores alimentos, por lo que la investigación agrícola adquirió gran importancia, considerando a los resultados de la investigación como bienes públicos (semillas de alto rendimiento, fertilizantes, sistemas de riego, herbicidas y maquinaria e instrumentos). Sin embargo, hasta ahora, ha persistido la ausencia de reconocimiento de la diversidad biológica como recurso limitado que está degradándose. Hacia fines del siglo pasado se introduce la idea de la sustentabilidad en términos ambientales. Con estos elementos, en el año 2000, se suscribe la Declaración del Milenio por los países miembros de las Naciones Unidas para reducir los niveles de extrema pobreza.

La emergencia de la industria moderna de semillas se remonta al siglo XIX, con la expansión hacia el oeste de los Estados Unidos; cuando el gobierno, con el interés de promover los asentamientos, encomendó la selección, mejora y multiplicación de semillas, a los mismos agricultores. Estas semillas, junto a las introducidas por los inmigrantes, eran utilizadas por los agricultores para seleccionar variedades adaptadas a sus necesidades y condiciones ecológicas locales. Las variedades seleccionadas y mejoradas formaron la base de los programas de selección. Ya, en 1890, estaban implicadas en la producción comercial de semillas 596 firmas americanas, organizadas en la American Seed Trade Association (ASTA, por sus siglas en inglés), entre cuyos objetivos estaba oponerse a que los agricultores guardaran las semillas. También, en esa época, se constituyeron en el mundo otras asociaciones de productores de semillas, como la de Suecia en 1886, y se establecieron centros de investigación como el Instituto Federal de Agricultura y Análisis de Semillas de Austria, creado en 1881.

Posteriormente, las investigaciones para el desarrollo de variedades híbridas de maíz, carentes de estabilidad genética, que provocaban la necesidad recurrente de la compra de las semillas, condujo a la conciencia de la posesión de cierto derecho de propiedad intelectual, en virtud de la ley del secreto comercial, lo que les permitía evitar el acceso a las líneas parentales. Para otros cultivos, que no dependen de semilla híbrida y que tienen la capacidad de reproducirse por sí solos, sin que se pueda controlar su multiplicación, los obtentores necesitaban controlar el uso y producción de las variedades mejoradas, lo que condujo a que se desarrollara la regulación para la utilización de las variedades de plantas, conocido como Convenio UPOV.

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El Despertar del Campo, La Nueva Visión Del Agro…

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