Promotores de crecimiento en la engorda de ganado

Los rumiantes como los bovinos, tienen la capacidad de utilizar diferentes recursos o alimentos y transformarlos mediante diferentes procesos, en proteínas de alta calidad (carne) para el consumo humano. El objetivo de la producción animal, es aumentar la masa muscular; lo que se puede lograr, mediante mejoras en la eficiencia alimenticia. Para satisfacer la creciente demanda de proteína, los productores de carne implementan tecnologías para criar ganado de carne de manera eficiente, considerando y gestionando el bienestar animal; por esta razón, los componentes y la composición de nutrientes de las dietas del ganado de engorda, históricamente se han visto alterados.

Para la mejora del rendimiento de masa magra (carne con poca grasa), los productores e investigadores continúan desarrollando nuevas tecnologías para mejorar el rendimiento del ganado de engorda. Las tecnologías incluyen implantes de esteroides que promueven el crecimiento y agonistas beta-adrenérgicos (ABA), que generalmente se administran entre los últimos 70 y 120 días de la engorda (antes del sacrificio o matanza) para aumentar el crecimiento muscular. Se han desarrollado muchas variedades de implantes con el propósito de maximizar la productividad y minimizar los costos negativos para la calidad de la canal. Los ABA y los respectivos receptores del huésped, se introdujeron en la década de 1970 como agentes de reparto, redirigiendo la energía hacia la acumulación de proteínas y reduciendo la deposición de lípidos (grasas).

Los beneficios económicos de los ABA, los convirtieron en una excelente herramienta para los nutricionistas consultores de corrales de engorda. En 2003, el clorhidrato de ractopamina (RAC), un agonista beta-adrenérgico (catecolamina sintética) comercializado con el nombre de Optaflexx, de laboratorio Elanco Animal Health, fue aprobado para su uso en alimentos para ganado en los Estados Unidos en una tasa de 70 a 430 mg/animal/día durante los últimos 28 a 42 días de la engorda. Años más tarde, el clorhidrato de zilpaterol de Merck Animal Healt, fue aceptado para su uso en alimentos para ganado en los Estados Unidos.

La intensificación (producir más en menos tiempo) de la producción de carne, es uno de los retos más importantes para los sistemas de finalización de bovinos, debido al incremento de las poblaciones en todo el mundo, por lo cual ha sido necesario perfeccionar las técnicas de producción empleadas e incluso introducir nuevas tecnologías, incluyendo el uso de promotores del crecimiento como aditivos en la dieta. Numerosos países con sistemas intensivos de producción de carne utilizan anabólicos y mejoradores del metabolismo para aumentar su producción, especialmente en parámetros como velocidad del crecimiento y conversión alimenticia (menor cantidad de alimento por kilo de peso ganado).

En México, la producción de bovinos para carne en confinamiento es de suma importancia ya que se producen más de 2 millones de toneladas de carne anualmente. La utilización de grandes cantidades de granos en los sistemas de finalización tiene una importante implicación económica ya que la alimentación representa del 75 al 80% de los costos de producción en el corral de engorda. Es por esto que, debido al alza constante del precio de los granos, es importante buscar alternativas de alimentación en donde el objetivo fundamental sea mejorar la rentabilidad, así como producir alimentos inocuos y de calidad.

Por ello, surgió el uso de anabólicos, ionóforos, antibióticos y agonistas beta-adrenérgicos con el fin de promover el crecimiento de los animales a través de la síntesis de proteína y un menor depósito de grasa, con el único objetivo de mejorar los ingresos de la explotación. Sin embargo, el uso de agonistas beta-adrenérgicos ha traído consigo una serie de problemas de salud pública debido a su uso indiscriminado, al incrementar las dosis recomendadas y omitir los períodos de retiro, con el fin de mejorar los parámetros productivos, principalmente del clorhidrato de clenbuterol que, además, su uso está prohibido en la alimentación animal (NOM 061-ZOO-1999).

De acuerdo con la organización de las naciones unidas para la agricultura y la ganadería (FAO), el consumo de carne per cápita a nivel mundial, experimentó cambios importantes en las últimas décadas pasando de una media de 26 kilos en 1970 a 41 kilogramos en los últimos años. Lo anterior tiene implicaciones importantes ya que, si bien, cada día somos más habitantes humanos en el mundo, además debemos considerar el aumento en el consumo de carne por parte de la población.

Por otro lado, también es importante mencionar que la población humana vegana o lactovegana, crece considerablemente y esto podría amortiguar la demanda de carne en próximos años. De cualquier forma, es de suma importancia considerar el uso de productos farmacológicos y metabólicos que ayuden a mejorar y eficientizar la producción de carne, sin perder de vista la utilización de alimentos alternos como esquilmos (residuos de cultivos) y subproductos (residuos de alimentos a los que se les extrajo aceite, etanol, etc.), para evitar la competencia en la demanda de granos y otros productos que los humanos también requerimos para completar nuestra alimentación. De tal forma que, no podemos decidir dejar de comer maíz, por ejemplo, para obtener un buen pedazo de carne que la vaca produjo comiéndose el maíz que no comimos nosotros.

En la actualidad, existen muchas otras alternativas para eficientizar la producción animal, especialmente la de bovinos. Las investigaciones están avanzando en la utilización de productos y compuestos que modifican las poblaciones microbianas ruminales con la finalidad de producir más carne o más leche, según sea la demanda del mercado. Por otro lado, debemos también considerar el efecto negativo que algunos organismos patógenos (parásitos, virus y bacterias, por ejemplo) ejercen sobre los animales y hacen que su producción se pueda ver disminuida, incluso sin provocarles una enfermedad evidente. La consciencia de la existencia de estos organismos, puede ayudar a los investigadores a considerar experimentos integrales donde no sólo se enfoque en mejorar la producción de carne o aumentar su calidad, sino también en tomar en cuenta todos o la mayoría de los aspectos que se ven involucrados en la producción animal. Todo esto, con la intención de mejorar las condiciones de los animales que nos proveen alimento; ya sea con mejor manejo (considerando seriamente el bienestar animal) o con la adición o administración de productos farmacológicos, incluso naturales con una visión integral, sostenible y sustentable.

Dudas y solicitud de bibliografía referente al tema: hum_diaz@uaz.edu.mx

Dr. en C. Luis Humberto Díaz García y M.V.Z. Julio César Ávila Arias

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *