FEBRERO 2018

Entre las causas indirectas que limitan la capacidad de los productores agropecuarios para mejorar sus condiciones de inserción en los mercados, se encuentra su bajo nivel de producción, hecho altamente relacionado con el tamaño de los predios y los bajos niveles de productividad. Se enfrentan a un problema de escala, ya que las producciones no tienen el volumen mínimo para enfrentar una venta exitosa de acuerdo a los estándares actuales de comercialización nacional e internacional, de ahí la alta dependencia hacia los intermediarios.
En buena medida las posibilidades para que los productores puedan mejorar sus condiciones dentro de la comercialización depende no solo de las tecnologías adquiridas o mejoradas sino en gran parte de su conocimiento de la demanda y requerimientos del mercado así como de su capacidad de organizarse para la producción y para la compra de insumos y servicios.
Uno de los indicadores que permite dar cuenta del acotado desarrollo de las capacidades del productor, es su nivel educativo; de acuerdo con INEGI, el 81.62% de los productores son escolarizados, sin embargo más del 82% de éstos sólo cuentan con educación primaria. Esto junto con el poco acceso a programas de capacitación, es uno de los factores que contribuye al débil desarrollo de las actividades agropecuarias; según el mismo Instituto, sólo el 1.31% de las unidades de producción han recibido capacitación y asistencia técnica sobre temas concernientes al desarrollo de sus labores productivas.
Además sólo el 0.97% de las unidades se encuentran integradas en organizaciones de productores; estas a la vez han aprovechado muy poco las ventajas y posibilidades que dicha figura les ofrece, también como efecto de la escasa instrucción, ya que sólo el 7.51% de quienes recibieron algún tipo de capacitación, lo hicieron enfocados en aspectos relacionados con la consolidación organizativa.
Por ello el extensionismo es uno de los pilares para la transformación hacia un campo justo, productivo y sustentable. El conocimiento y las mejores prácticas deben estar al alcance de todos los productores, en el contexto de las circunstancias particulares a las cuales hace frente para obtener frutos de su tierra y para mejorar su calidad de vida.
Al conocimiento empírico acumulado se suma la investigación, la metodología y la tecnología; además el campo también se nutre de la experiencia colectiva, enfocada a comprender, compartir y transformar, ya que la información solo es útil si se usa en las tareas cotidianas para incrementar el beneficio productivo.
Una vez más agradecemos su amable atención, y deseamos que en las páginas de ésta edición encuentre información de interés, pero sobre todo de utilidad; asimismo lo exhortamos para que nos comparta sus comentarios, tratando con ello de fomentar en conjunto, una mayor pasión por el campo.
El Despertar del Campo
La Nueva Visión Del Agro…