El reto es elevar la productividad

En México cerca del 80% de quienes producen en el campo poseen predios menores a cinco hectáreas, lo que implica que no cuentan con escala productiva y que además presenten problemas de organización que limitan en gran medida su productividad y competitividad. Quienes producen en los sectores agropecuario y pesquero con problemas de baja escala productiva no resultan rentables y por ende financiables. Asimismo, la carencia de economías de escala genera altos costos de producción (semilla, agroquímicos, maquinaria y equipo, combustibles, entre otros insumos), además de que generalmente no están destinadas a producir productos de alto valor y los volúmenes de producción son bajos por el tamaño de las unidades productivas, así como la falta de acceso a tecnologías y procesos de producción modernos.
Por ello el reto es elevar la productividad, con modelos de asociatividad que le den escala productiva al minifundio y permitan integrarlos a la cadena productiva.
El financiamiento es una palanca de desarrollo que incentiva la inversión en capital y las actividades económicas. Sin embargo, únicamente el 1.5% del financiamiento total de la economía se canaliza al sector rural. Uno de los principales obstáculos para los productores agroalimentarios es que no encuentran en la banca de desarrollo ni en la banca comercial opciones accesibles para sus condiciones productivas.
Las características propias de la actividad agroalimentaria, con altos riesgos e insuficientes instrumentos para su gestión, así como la falta de garantías reales y la ausencia de un historial crediticio por parte de los productores hacen al sector poco atractivo para atraer financiamiento, por lo que las tasas de interés suelen ser demasiado altas. En este contexto, solo el 6% de las unidades de producción agropecuaria tienen acceso al crédito institucional.
Llama la atención que luego de más de 30 años de reformas las principales características del sector agrícola sean prácticamente las mismas. Tanto a principios de 1990 como a principios de la década de 2020 el sector se caracterizó por tener una producción de estructura polarizada con productores comerciales con orientación al mercado, productores de autosuficiencia (maíz y frijol, principalmente), niveles de polarización regional, con diferencias marcadas entre las regiones Sur (producción de subsistencia con bajo nivel tecnológico), Norte (productores comerciales con alta tecnología de punta). Además, por niveles de pobreza en zonas rurales: la pobreza rural era 32% en 1992 y fue 29.3% en 2010. Por ello se observa que la estructura productiva del sector agrícola mexicano sigue siendo muy similar a la que existía hace 30 años; este estancamiento relativo sin cambio estructural no parece haber sido lo que se esperaba al momento del inicio de las reformas.
De nueva cuenta celebramos y agradecemos su valiosa atención, y los seguimos invitando para que nos compartan sus comentarios, tratando de genere un vínculo virtuoso que promueva pasión por el campo y sus valores.
El Despertar del Campo, La Nueva Visión Del Agro…