Raíz de frutos promisorios

Crear buenas raíces, criando plantas fuertes y resistentes, es la línea de partida para construir un sistema productivo hortícola fértil y exitoso capaz de proveer una fructífera cosecha mediante el esfuerzo constante; por lo que es importante reconocer que el semillero o plantero, es el lugar de inicio de la vida productiva y reproductiva de la planta, tal como es el cunero de un hospital, por lo que es ahí donde se deben aplicar las mayores mediadas preventivas y de cuidado intensivo, para garantizar la sobrevivencia y el correcto crecimiento de las diminutas plántulas, dándoles condiciones óptimas de luz, temperatura, nutrición, humedad e inocuidad, a fin de lograr la mejor emergencia y desarrollo durante sus primeros procesos fisiológicos, hasta ser trasplantada al terreno definitivo donde continuara su ciclo natural de vida.
“Criar planta es un procedimiento muy bonito e importante, dado que es en estas primeras etapas de vida donde se forja la base sobre la cual es posible cosechar del campo frutos de calidad, sembrando y germinando la semilla de la que surgirá una diminuta plántula que subsecuentemente se cuidará a través del manejo de cada uno de los componentes necesarios para su sano desarrollo, capaz de otorgarle las fortalezas y características necesarias para un trasplante exitoso”; así lo compartió con gran satisfacción y entusiasmo Aristóteles Montoya Frausto, agricultor por vocación, sucesor de generaciones dedicadas al campo, líder de la unidad de producción llamada Rancho El Carreño, situado en el municipio de Loreto, Zacatecas, destacada empresa agrícola con más de 30 años de experiencia en el ramo, enfocada a proveer al productor planta de hortalizas para trasplante de alta calidad, manejada bajo invernadero con sistema automatizado de fertirrigación, con capacidad para 15 mil charolas, produciendo así plántula de lechuga todo el año, jitomate para campo abierto e invernadero, tomatillo, pepino, cebolla, chile de todas la variedades, apio, brócoli y repollo.
“A grandes rasgos, este rancho tiene orgullosamente más de 3 décadas de haber sido fundado por nuestro padre quien hasta la fecha sigue trabajando e impulsándolo; cuenta con aproximadamente una superficie de 50 hectáreas donde producimos jitomates, alfalfa y lechuga en invernadero, además de contar con lo que son los semilleros o mejor conocidos como invernaderos de plántula con 8 naves interconectadas para una capacidad total de alrededor de 15 mil charolas, las cuales se ubican a la altura de la cintura sobre una serie de rieles que tenemos y no en el piso, lo que nos da bastantes ventajas o beneficios, como también nos las da el sistema de riego automatizado que manejamos para una fertirrigación más sencilla y eficiente, y el contar con ventanas cenitales que se abren y se cierran cuando se ocupa, ya que por ejemplo cuando hay mucho calor se abren para que entre el aire y se refresque el ambiente y cuando hace frio se cierran para que se caliente. También tenemos el área especial para el lavado y desinfección de las charolas de siembra, donde se limpian manualmente en agua con jabón y cloro para posteriormente ser colocadas en unos tambos donde se les aplica sulfato de cobre para que queden bien desinfectadas, y así llevarlas al almacén de charolas, donde se dividen o clasifican en diferentes grupos, principalmente las de 338 cavidades y las de 200 cavidades, y de ahí las que tienen cavidad cuadrada y las que tienen cavidades redondas, tratando de mantener con ello una buena organización”.
“De un lado ponemos todas las charolas de unicel de 338 cavidades que son para lechugas y chiles criollos, y del otro las de 200 cavidades que son para jitomates, chiles híbridos, tomatillo, cebolla, entre otras hortalizas; además también tenemos las de plástico de 72 cavidades que son especialmente para jitomate de invernadero o pimiento, siendo que en ellas se hace el cepellón más grande, y aunque se requiere de más sustrato a la larga conviene por que se da una mejor producción”.
“De ahí las mujeres las van tomando para llevarlas a la zona de siembra, donde las comienzan a llenar con una mezcla de sustrato con perlita, para posteriormente sembrarlas. El sustrato debe de quedar perfectamente comprimido para que no haya huecos en las cavidades de las charolas; después del llenado se emplea un rodillo el cual se pasa sobre la charola para que vaya realizando el orificio a la profundidad óptima para colocar la semilla, dado que tiene que ir a una medida especifica para que germine sin problemas”.
“Antes de sembrar la semilla, por lo general procuramos curarla con interguzan, tratando de prevenir la presencia de enfermedades, ya que al sacar la semilla de chile puede venir contaminada con algún patógeno, siendo así que cuando nos llega la semilla se ve de su color normal y ya cuando las vemos de color rosa es que ya se le aplicó el producto para curarla y protegerla así de patógenos”.
“Con la charola llena de sustrato y ya con el orificio, ahora si pasa a la parte de la siembra, donde en el caso que es semilla de chile criollo, las mujeres con ayuda de una varilla especial a la medida de la charola van tomando de 2 a 3 semillas por cuadrito, y al inclinar la varilla son depositadas en cada cavidad de una línea con un solo movimiento y así lo van repitiendo fila por fila hasta llenar la charola. En este caso se colocan de 2 a 3 semillas por cavidad ya que normalmente en el proceso se pueden perder algunas, así, si una no funciona existen otras para sustituirla. La utilización de esta varilla lo hacemos desde hace ya mucho tiempo, y creo que solamente nosotros implementamos este tipo de herramienta, siendo que anteriormente lo hacíamos a mano, depositando con los dedos la semilla cavidad por cavidad, pero ahora gracias a ese instrumento podemos realizar la siembra con mayor facilidad y rapidez, recalcando que las varillas que utilizamos son diferentes dependiendo de la hortaliza que se vaya a sembrar dado que las semillas y las charolas son diferentes”.
“Ya que se colocó la semilla en cada orificio de las cavidades, se pasa a taparlos con sustrato húmedo, para que de esa forma germine rápidamente, manteniendo la humedad y la porosidad, generando así una mayor cantidad de raíces. Para esta tarea siempre utilizamos sustrato nuevo y de excelente calidad, nunca lo reutilizamos en la siembra de charolas porque eso nos podría traer graves problemas con enfermedades, por lo que aquel que sobra en las charolas lo vaciamos y lo tiramos usándolo como composta para otras cosas. Lo que uno quiere es que cuando el productor venga por su plántula, tenga la certeza y garantía de que le va a funcionar en el campo, de que no va a tener ningún problema al momento de empezar su ciclo de producción, por lo que también procuramos una semana antes de sacar la planta del invernadero, darle una fumigada a toda para que se vaya completamente sana al terreno donde se va trasplantar. Cabe señalar que todo este proceso, desde el lavado de las charolas, su siembra y demás trabajos, los realizamos a través de personal de forma completamente manual”.
“Sembrada y tapada, la charola es llevada al cuarto de germinación, el cual está con la puerta cerrada para mantener el calor que es lo que hace que la germinación sea más efectiva y rápida, esto depende además de la especie ya que algunas plantas nacen primero que otras, por ejemplo, los chiles criollos se llevan de 12 a 13 días para empezar a germinar y los híbridos se llevan alrededor de 7 días. Hay que estar monitoreando cada 2 días para ir midiendo y viendo que vayan saliendo las hebritas de las plantas, cuidando de que no peguen con la charola de arriba porque se pueden quebrar”.
“En el cuarto de germinación debe haber una temperatura constante entre los 20 a los 22 grados centígrados, por lo que siempre mantenemos la puerta cerrada para que no haya fugas de aire caliente, y con un calentador tratamos de mantener esa uniformidad en los grados, ya si se llega a presentar una helada se logra conservar el calor, dado que si la temperatura baja o sube se empiezan a presentar problemas”.
“Ya que la planta germina, la pasamos ahora si a lo que son los invernaderos, ahí la temperatura debe estar entre los 25 a los 26 grados centígrados, y también se deben mantener las puertas cerradas para que no se salga el calor y para que no entren insectos o pájaros, asimismo se coloca malla antiáfidos que nos ayuda a evitar la entrada de plagas; así en términos generales, la planta dura dentro del invernadero aproximadamente 2 meses”.
“En esta área del invernadero contamos con calentadores que funcionan con gas, los cuales los prendemos cuando la temperatura se encuentra bajo 0 grados centígrados, pero todo va dependiendo del tipo de producto que tengamos, por ejemplo, lo que son las lechugas aguantan un poco mejor los fríos, pero lo que son jitomates y chiles resisten a temperaturas de 5 grados centígrados, ya debajo de ese rango se empiezan a presentar diferentes problemas, caso en el que tenemos que encender los calefactores sobre todo en horas de la madrugada que es cuando aprieta más el frío; y por otro lado, en las temporadas de calor prendemos los ventiladores para sacar el aire caliente y se abren las ventanas para dejar que entre el aire fresco”.
“El agua de riego proviene de pozo profundo con un pH de 5 a 6; así los riegos que damos son normalmente en la mañana y antes del mediodía para que no haya mucha evaporación, estos son mediante un sistema de aspersión autónomo que se conecta directamente a la toma de agua para que comience a asperjar lo que son las charolas como en una forma de nebulosa”.
“Entre las características que debe de tener la planta para saber que ya esta lista para el trasplante, son principalmente el tamaño y el color, dado que se requiere tener una altura de alrededor de los 10 centímetros y un color siempre verde, que no se ponga amarilla, además de que el cepellón debe de estar completamente cubierto de raíces. En el caso de la lechuga la sacamos cuando cumplen alrededor de 28 días dentro del invernadero, pasándola manualmente de la charola a cajas de plástico que trae el cliente para no tener que llevar la charola al campo; contamos con un formato donde se coloca la fecha y el nombre de la variedad para así saber cuántos días tienen y el número de charolas que hay”.
“Siempre tenemos que checar que el cepellón se encuentre de la mejor manera posible, de buen color, ya que si agarra un color café es porque le hace falta agua, para ello nos basamos en el peso de la charola, así como en ciertos instrumentos que miden la humedad y así saber si les falta o les sobra agua. Aquí la clave del éxito es observar y conocer muy bien las plantas, si por ejemplo están tristes y estresadas es señal de que algo les hace falta, y manteniendo con buena humedad a la planta se pueden evitar muchas deficiencias, por lo que es fundamental que la persona encargada del riego sepa muy bien la cantidad de agua que tiene que llevar cada planta, ya que si se aplica de menos se puede secar o si se le echa de más se pueden podrir las raíces”.
“En la lechuga una de las complicaciones que tenemos es que no hace tallos, por lo que se tienen que estar monitoreando más seguido, ya que a diferencia del chile o del repollo, la lechuga muere sino tiene mucha agua, mientras que el repollo o el chile hacen un tallo que aguanta más la falta de agua, por lo que consideramos que la lechuga es demasiado delicada por lo que se tiene que estar vigilando más seguido en el transcurso del día. Además, la lechuga necesita de mucho aire para que amacice, por lo que tenemos que tener abiertas las ventanas centrales y laterales para que circule más el viento, pero cuando cambiamos y metemos lo que son los chiles tapamos las ventanas con plástico para que se guarde más calor dentro del invernadero”.
Para concluir, Aristóteles Montoya agregó; “en estos tiempos el mayor riesgo que tenemos es la llegada de una helada fuerte, aunque afortunadamente tenemos el sistema de calefacción tanto en el área de germinación como en el área de los invernaderos, sentido en el cual es esencial siempre estar monitoreando los pronósticos del clima para ver como se prevé que lleguen las temperaturas, más que nada entre las 4 y las 5 de la madrugada que es cuando empiezan a descender más los grados provocando duras heladas, por lo que es ahí donde tenemos que estar más alertas que nunca, presentes físicamente para poder evitar daños por fríos extremos encendiendo los calefactores, además de ello, otro peligro latente es un riego deficiente, ya que no se debe dejar de regar ni dejar pasar ni un solo riego, siendo que al ser muchas charolas de un alto costo económico se tienen que estar monitoreando por lo menos cada 2 horas, checando que estén bien regadas, y para lograr esto definitivamente tenemos que contar con equipos y sistemas de control efectivos que nos brinden información oportuna y veraz asegurando con ello el bienestar de las plantas”.
Ya que en los semilleros viven plantas jóvenes, cuyos tejidos tiernos efectúan una gran actividad fotosintética y son muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura y humedad, deben ubicarse donde se les pueda brindar la mayor atención y protección posible, dado que las plántulas crecen con rapidez y cualquier alteración de las condiciones ambientales puede incidir en su desarrollo; además la adopción de significativos avances en genética, como la utilización de semillas híbridas de alto valor comercial, traen consigo la necesaria inversión en métodos capaces de otorgar una mayor seguridad y eficiencia, como es la agricultura protegida, donde por lo general existen instalaciones y equipos especializados para la germinación y desarrollo de las plantas, con sistemas confiables de instrumentación capaces de controlar el entorno y proporcionar niveles específicos de luz, aireación, temperatura y humedad, por medio de lo cual es posible criar plántulas sanas y vigorosas con un sistema radical bien desarrollado, hojas de buen color y tamaño, libres de plagas, tolerantes a cambios del clima y de crecimiento homogéneo.
Espera la 2ª parte de este interesante reportaje productivo, en próximas ediciones…
Salvador Juárez / El Despertar del Campo