Joya agroalimentaria

Una realidad es que la demanda de alimentos seguros y nutritivos se ha incrementado al tiempo que los hábitos de consumo se han tornado más exigentes, dentro de un mercado global que está dispuesto a pagar lo necesario para obtener comestibles frescos, limpios y, sobre todo, saludables, por lo que hortalizas del campo como el brócoli, que es clasificado como un producto de alto contenido nutrimental, es ampliamente solicitado, pues contribuye al cuidado de la salud humana aportando grandes beneficios al incluirse dentro de una dieta balanceada.
En México el cultivo de brócoli se desarrolla principalmente durante el otoño y el invierno, ya que para tener un desarrollo normal de la planta se necesita de temperaturas frescas, por lo que la temporada de frío es la más idónea para su producción, siempre y cuando no hele. En términos económicos, es un ramo muy importante, ocupando la decimotercera posición dentro de los productos agroalimentarios más exportados, junto con la col y la coliflor, con un crecimiento en ventas sostenido dentro del mercado norteamericano, por lo que representa una buena oportunidad de negocio para el productor mexicano; bajo tal escenario, es lógico que el brócoli muestre un auge significativo, incrementado así su superficie sembrada, llegando a cultivarse en más de 20 mil hectáreas dentro de 17 estados de la república, entre los que destacan Guanajuato, Puebla, Sonora, Michoacán, Jalisco, Tlaxcala, Aguascalientes, Baja California, Querétaro y Zacatecas, posicionándose hoy en día como una agroindustria en apogeo.
“Si realizáramos una comparación del sector agrícola en la actualidad a tiempo atrás, podríamos ver cierto avance, con muchas mejoras en la mayoría de temas, sobre todo en el aspecto técnico, lo que nos ha ayudado a evolucionar de una agricultura tradicional a una más tecnificada, claro, sin dejar de reconocer los grandes riesgos, contrastes y limitantes que esta labor implica, acrecentadas también con el paso de los años, por lo que es importante contar con varias alternativas de producción, no poner todos los huevos en la misma canasta, sentido por el cual para nosotros el brócoli representa una opción más de carácter comercial que nos ha dado resultados bastante aceptables conforme a nuestras condiciones particulares”; así lo compartió amablemente Tomás Márquez Becerra, ingeniero de profesión y agricultor por vocación, descendiente de generaciones dedicadas al campo, quien lleva algunas décadas manejando y produciendo diferentes cultivos, dentro de distintas unidades de producción entre las que destaca el Rancho Las Hondas ubicado en tierras pertenecientes al Ejido de Dulce Grande, localidad del municipio de Villa de Ramos, del Estado de San Luis Potosí, colindante prácticamente con el Estado de Zacatecas, donde en el reciente ciclo cosechó una importante superficie de brócoli para su aprovechamiento y proceso por la industria alimenticia.
“En forma nosotros tenemos como agricultores produciendo de manera independiente desde el año 2005, y empezamos plantando chiles siendo que esta es una región chilera, de ahí incursionamos en el año 2007 dentro de la producción de cebollas y ajos, para posteriormente, en el año 2018 integrarnos también al manejo y cultivo de ciertas crucíferas como el brócoli y la coliflor, decisión basada en la necesidad de encontrar alternativas competitivas y rentables para establecer una apropiada rotación de cultivos, con la idea de mejorar las condiciones estructurales de nuestros suelos, hallando afortunadamente esta opción mediante contrato con la empresa agroindustrial La Huerta”.
“De esta manera, manejamos bajo convenio con dicha compañía, alrededor de 25 hectáreas de brócoli y 25 de coliflor, además de algo de zanahoria, aunque este año no nos tocó sembrarles ya que se encontraban algo saturados de tal producto. En ese sentido, es que tratamos de producir brócolis y coliflores con la mejor calidad y con el mayor grado de inocuidad posible, apegándonos a los requerimientos y estatutos que nos marcan, y que a la vez a ellos les demanda el mercado internacional, siendo que los productos de La Huerta son exportados a más de 15 países diferentes, como Estados Unidos, Canadá y Japón, principalmente, siendo este último el que emplea los estándares más altos de calidad e inocuidad a nivel mundial”.
“Dentro de este apartado, cabe aclarar que el tema de inocuidad es muy diferente al de calidad, elementos donde mucha gente se confunde. La calidad a grandes rasgos tiene que ver con las propiedades organolépticas del producto, que se vea bien, con buen color, que se sienta bien, de buena textura y consistencia, y que huela y sepa bien, con un buen sabor; y la inocuidad se podría definir como la característica que garantiza que los alimentos que consumimos no causan daño a nuestra salud, es decir, que durante su producción se aplicaron medidas de seguridad para reducir el riesgo de que se contaminen con residuos o agentes patógenos, por ello para nosotros es muy importante el cómo llevamos a cabo los diferentes procesos productivos, desde la siembra hasta la cosecha, cuidando el factor suelo y agua, el tema de agroquímicos, la ubicación de unidades sanitarias donde se están desempeñando las labores, la correcta desinfección de manos y herramientas de trabajo, el uso de cofias y guantes en la cosecha, esto solo por mencionar algunas de las acciones que tenemos que llevar a cabo para certificar que el producto que entregamos sea completamente seguro y confiable para el consumidor”.
“Creo que a inicios de este siglo fue cuando comenzó un muy marcado auge respecto del tema de los productos orgánicos, que en términos generales son de gran beneficio para la alimentación, pero no solo los orgánicos son buenos sino también los llamados convencionales producidos bajo un esquema de manejo responsable, empleando todas las herramientas disponibles al alcance, como lo comentaba, cuidando factores como el agua, siendo que en el caso como el nuestro, al ser de pozo profundo le realizamos un análisis 3 veces al año para checar que no exista ningún problema de minerales pesados como el magnesio, aluminio, arsénico y otros, pero sobre todo el tema del uso de agroquímicos, que antes se utilizaban indiscriminadamente tanto por irresponsabilidad como por desconocimiento, siendo que incluso no entendíamos aun los problemas que esta situación podía causar a la salud humana, algo que para nosotros se ha ido poco a poco aclarando a raíz de muchas capacitaciones que hemos llevado, comprendiendo así que esto es un tema realmente preocupante, por lo que ahora este conocimiento sobre el uso razonable de químicos y otros componentes lo aplicamos no solamente a lo que sembramos para La Huerta, sino que tratamos ya de hacerlo en general para todos nuestros campos de producción y los diferentes cultivos que manejamos como los chiles, ajos, cebollas y demás, vayan o no vayan para una agroindustria como la mencionada, ya que al final de cuentas nosotros mismos somos los principales consumidores de nuestros productos. Para ello estamos en la constante búsqueda de alternativas útiles para el control biorracional de plagas y enfermedades, sobre todo a través del uso de organismos benéficos que son predadores de los patógenos como Bacillus subtilis, Trichoderma harzianum o las avispas del género Trichogramma, entre muchos otros agentes biológicos, y cuando tenemos que aplicar algún tipo de agroquímico primero constatamos que sea un producto amigable con el medio ambiente, que tengan etiqueta verde, lo que permite el consumo del alimento prácticamente al día siguiente de la aplicación”.
“La variedad de brócoli que tenemos aquí es Avenger, señalando que todo lo que es el material genético o la plántula que trasplantamos, nos es proporcionada por los mismos invernaderos de La Huerta, quienes nos entregan dos tipos de brócoli, uno el que mencionaba, 144 Avenger y el 106 Tlaloc, que difieren uno del otro siendo que el primero resiste un poco más el frío y consume menos agua en comparación al segundo el cual empleamos sobre todo en el tiempo de lluvias dado que es de alto consumo de agua resistiendo menos tanto la sequia como el frío, por lo que podemos decir que es un poco más apapachado”.
“De esa forma, por lo que es la planta no nos preocupamos ya que como lo comentaba es la misma compañía quien nos la facilita, pero de ahí en adelante nosotros tenemos que hacer todo lo demás para complementar satisfactoriamente el proceso de producción en campo de brócoli. Este que tenemos aquí se trasplantó en la semana 32, subrayando que nosotros manejamos el calendario por semanas teniendo en cuenta que el año trae 52 semanas, y de que se planta a que se cosecha son alrededor de 12 semanas las que deben de transcurrir, en otros términos, fue plantado en la primera semana de agosto y para llegar a su madurez y cosecha son aproximadamente 90 días (3 meses); nuestras tablas de producción las tenemos numeradas para precisar la edad del cultivo y así llevar un buen control de la cosecha”.
“El trasplante de este cultivo es parecido al de unos chiles o jitomates, donde se contrata personal para realizar dicha labor de forma manual, aunque hoy en día ya existen trasplantadoras automatizadas, pero nosotros aun no llegamos a esa forma de trabajo, siendo que consideramos que nuestra gente es una muy buena mano de obra, altamente calificada para este tipo de labores de campo. La distancia que hay entre hileras es de 60 centímetros, y un espaciamiento entre plantas de aproximadamente 27 centímetros”.
“Llegada la madurez del cultivo son varios cortes los que damos, y al último nosotros le llamamos el arrastre, que ya es lo que finalmente queda de producto. Al terminar de cosechar, un día después de acabar de cortar, metemos la desvaradora para triturar todo el follaje que quedó, de ahí sacamos la cinta y damos algunos pasos con rastra para incorporar al suelo toda la materia orgánica, damos una semana de reposo y pasando ese tiempo le damos un barbecho para integrar aun más todo ese residuo, que cuando se descompone tiende a generar muchos gases lo que crea un efecto como si estuviéramos desinfectando el terreno con metam sodio o algún producto similar”.
“Un aspecto importante que tomamos muy en cuenta, es el de estar rotando constantemente los cultivos, aunque cuando empezamos a trabajar con brócoli nos decían que no había ningún problema si lo sembrábamos en el mismo terreno 2 o 3 veces más, pero nosotros con la poca experiencia que teníamos decidimos mejor estar haciendo la rotación, concertando así que no podíamos sembrar brócoli 2 veces en el mismo lugar, por lo que, por ejemplo, en esta tabla que está saliendo con dicha hortaliza para el próximo año serán trasplantadas cebollas”.
“Como este producto va para recorte, lo primero que se hace después de cosecharlo, es cargar el camión que lo trasladara hasta una sala de corte, que por lo general es en Ojocaliente o en Aguascalientes, donde se encuentra personal recortando el brócoli o sacando floretes, que es lo que finalmente ve uno en las tiendas o supermercados, las bolsitas de plástico con floretes de brócoli; entonces del racimo que mandamos de campo, hacen una clasificación o muestreo para determinar la calidad del producto bajo diferentes parámetros, como el que no se hayan deformado los floretes, que no vaya podrido ni manchado, que no lleve mucho tallo y que no lleve mucha hoja, en base a ello si llevamos muchos defectos, como le llaman ellos, es lógico que tu calidad disminuya, por ejemplo, de 10 toneladas que llevamos en el transporte por cuestión de tales desperfectos, a lo mejor nos rebajan 1 o 2 toneladas, y terminan pagando el 80% del producto enviado, que es el realmente efectivo que estarán ellos procesando conforme a la calidad que requieren”.
Para concluir, el Ingeniero Márquez Becerra agregó; “lo más importante de todo esto y que ha marcado pauta yo creo que de los últimos 20 años a la fecha, es que como agricultores tenemos que reflexionar y hacer conciencia respecto del uso e implementación de agroquímicos, que además es un tema que nos concierne a todos, tanto al productor como al consumidor, siendo que a final de cuentas todos vamos en el mismo barco y consumimos lo mismo, pero si como agricultores nos toca esforzarnos más para comprender mejor la situación y crear una conciencia enfocada al uso de productos más amigables con el medio ambiente, y seguros para el ser humano, buscando mejores alternativas de control para ya no seguir utilizando compuestos o activos de alta agresividad y riesgo para el entorno, que desgraciadamente hoy en día se siguen utilizando y de una forma indiscriminada, vaya pues en ese sentido nuestra recomendación para explorar mejores opciones y dejar de emplear productos peligrosos y meter otro tipo de ingredientes más amigables y que realicen la misma función, evitándonos así posibles perjuicios futuros, entendiendo que a final de cuentas somos los principales consumidores de nuestros propios productos”.
Espera la 2ª parte de este interesante reportaje productivo, en próximas ediciones…
Salvador Juárez / El Despertar del Campo
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