Símbolo de dinamismo

El ramo productivo del ajo representa un verdadero ícono de liderazgo y crecimiento para la entidad, ya que además de posicionarla en el plano nacional como la principal región productora de dicha hortaliza, aporta una significativa derrama de recursos, tanto por el valor comercial del producto, así como por la cantidad de mano de obra que se requiere para su cultivo, cosecha y empaque; tal proyección sitúa a ésta cadena agrícola como punta de lanza en el desarrollo de la agricultura y del sector rural, transformándolo en un cultivo emblemático, detonante evolutivo y competitivo, circunstancias que a su vez lo han llevado a mayores niveles de perfeccionamiento y especialización dentro del ámbito agronómico, genético, así como en las técnicas y sistemas de producción, y en los procesos de recolección, selección, valor agregado y comercialización.

Meritoria clasificación difícil de conseguir sin la valiosa interacción de los diferentes eslabones que conforman éste entorno agroproductivo, resaltando sobre todo, el trabajo, la sabiduría y el carácter de las generaciones de hombres y mujeres de campo, agricultores de excelencia, merecedores no sólo del reconocimiento local sino también de la deferencia internacional, testimonio material de grandes virtudes y capacidades. Privilegiada posición, determinada además por la presencia de condiciones agroambientales aptas para una progresión fisiológica positiva del cultivo, tales como un clima propicio con la suficiente cantidad de horas frío, que aunadas a la duración del día ayudan al correcto llenado del bulbo, así como también la presencia de grados cálidos los cuales favorecen a un mayor auge vegetativo, y con ello a un mejor desempeño de la planta.

“No obstante de los grandes contrastes que el sector productivo moderno delinea y los enormes riesgos, sobre todo naturales, que la agricultura conlleva, afortunadamente hoy podemos ver reflejados importantes avances dentro del concepto del cultivo de ajo, esto gracias principalmente al desarrollo y aplicación de la tecnología, y a un mejor entendimiento de la simbiosis generada entre las plantas y las diferentes condiciones y componentes con los que interactúan durante todo su ciclo natural”; así lo señaló Saúl Acuña Veyna, agricultor por vocación y tradición familiar, sucesor de generaciones dedicadas al campo, con toda una vida de experiencia dentro del ramo, quien forma parte de la sociedad de producción denominada Horticultores AV Hermanos, activa y destacada empresa agrícola con desempeño en distintos ranchos del estado, entre ellos el Talancon y San Rafael situados en el municipio de Morelos, Zacatecas, en los cuales se estableció para el presente ciclo una superficie aproximada de 20 hectáreas de ajo.

“Si establecemos un marco comparativo con años o décadas pasadas, en las que se sembraban tradicionalmente los ajos criollos, pequeños y de diente muy delgado, a hoy en día donde lo que prevalece son variedades mejoradas del tipo jaspeado, la diferencia es bastante grande, ya que dichos avances en la renovación del material vegetativo y el uso de herramientas como los riegos de precisión, maquinaria y equipo, cuidado y nutrición vegetal, entre otros adelantos, a grandes rasgos han venido a incrementar los rendimientos y a mejorar la calidad así como la aceptación por parte del consumidor. Hace 20 o 25 años, estuvimos por un tiempo sembrando ajos blancos criollos, pero por cuestiones de comercialización abandonamos por un lapso dicho cultivo; hoy que los mercados empiezan a reaccionar por lo que optamos por regresar a la producción de ajo, ya que además es un ramo que nos ha dado la posibilidad de continuar activos durante todo el año dada su característica de ser una hortaliza apta para el ciclo otoño-invierno, lo que a su vez hace que los ranchos no sean abandonados en dicha temporada y que la agricultura se diversifique tratando con ello de hacerla más sostenible”.

“Asimismo, al darle continuidad en invierno al trabajo en los ranchos, podemos mantener a la gente de planta, situación que en muchos de los casos se ha convertido en un serio problema al escasear la mano de obra, de tal forma que el personal que colabora permanece con nosotros todo el año a comparación de tiempo atrás donde una vez terminada la temporada de primavera-verano la gente tenía que emigrar a otras áreas o trabajos, por lo que definitivamente con cultivos como el ajo se ha impactado positivamente en la generación de fuentes estables de empleo, logrando con ello arraigar a familias enteras”.

“Cabe señalar, que así como en los últimos años nos hemos enfocado a cuidar el recurso agua, también tratamos de conservar y mejorar el recurso suelo, esto mediante la estrategia de rotación de cultivos ya que nunca repetimos uno sobre la misma tierra, un año son ajos, al otro cebada, maíces, chiles, buscando con ello controlar un poco las cuestiones de enfermedades y plagas, además de estar reincorporándole a la superficie las pajas para incrementar la cantidad de materia orgánica; así pues, cada 6 o 7 años regresamos a repetir el cultivo sobre el mismo suelo, practica con la que creemos haber alcanzado una producción sustentable, cuidando principalmente que las poblaciones de hongos no sigan creciendo”.

“Con una ideología de negocios o empresarial es como tenemos que ver en la actualidad a la agricultura, enfocándonos a los productos y características que soliciten los mercados, por lo que sin duda alguna necesitamos producir lo que se está demandando y no lo que se nos ocurra. Es así que regularmente metemos variedades de ajo que los mismos comercializadores nos mandan, en base a su experiencia y perspectiva en torno hacia donde están girando las plazas; actualmente contamos con Jaspeados y Prosur, sembrados en octubre una parte y la otra en noviembre del año pasado, para ser cosechados primero Dios en este mes de mayo del presente”.

“Bajo nuestras condiciones propias de producción tenemos la meta de obtener un promedio de rendimiento de 20 toneladas por hectárea. El sistema que implementamos es a doble hilo con una cintilla de goteo en medio para el riego, anteriormente lo hacíamos en camas llegando a calar de 4, 6 hasta 8 hilos, pero la limitante que no permitió que continuáramos en dichos esquemas fue la poca cantidad de agua que tenemos, y así en 2 hilos sentimos que podemos llevarle más rápido la humedad requerida a la planta, de tal manera que mediante éste marco de siembra nos ha sido más funcional y eficiente el manejo; tenemos una distancia entre plantas de 8 centímetros, lo que a grandes rasgos mejora la aireación u oxigenación, da un espacio apropiado para el desarrollo del bulbo incrementando así su uniformidad, la longitud de las tablas es de 100 metros máximo, con el fin de que el goteo trabaje sin problemas, se puedan controlar mejor plagas o enfermedades, y la aplicación de agua y nutrientes sea la correcta, suprimiendo al máximo cualquier tipo de desperdicio, tratando de lograr con ello el uso de los recursos lo más racional y eficaz posible”.

“En el apartado del riego, cabe señalar que los ajos en su etapa final demandan de mucha agua, por lo que en la planeación de siembras se debe de tomar muy en cuenta este aspecto, y si vamos a meter otras hortalizas, por ejemplo chiles, tenemos que establecerlos con acolchado y cintilla para que rinda el agua y al final poder cerrar bien con el bulbo, ya que de otra forma después andamos levantando ajos de chileros, los cuales quedan muy pequeños, dado que a su término cuando se tiene que aplicar la mayor cantidad de recurso hídrico resulta que es cuando se empieza a escasear sobre todo si los chiles están sin cubierta plástica, ocasionando serios problemas. Por lo regular a principios del ciclo del cultivo de ajo la demanda de agua es mínima, por ello en los meses de noviembre, diciembre y enero son pocos los riegos necesarios, esto dado el reducido nivel de radiación y las bajas temperaturas las cuales detienen el crecimiento vegetativo de la planta, por lo que sería contraproducente aplicar riegos fuertes, ya que además de estar desperdiciando o desaprovechando el agua estaríamos generando condiciones favorables para la propagación de enfermedades”.

“Con la entrada del calor, por ahí de finales de febrero, marzo y hasta la fecha, con mayor radiación lo que a su vez aumenta la evapotranspiración, naturalmente la demanda de agua por parte del cultivo también se incrementa, por ello y según como vaya creciendo la planta, paulatinamente se va incrementando la cantidad y la frecuencia del riego, esto dependiendo lógicamente del estado climatológico, ya que si hay nublados o cierta humedad en el suelo o en el ambiente, la proporción de recurso hídrico puede disminuir. Es así que en conclusión la determinación para el riego debe ser definida en base a las necesidades reales de la planta y a las condiciones agroclimáticas presentes”.

“De igual forma la nutrición del ajo depende de cierto tipo de variables, principalmente de los requerimientos naturales de las plantas y de la cantidad de elementos que contiene el suelo, en base a ello es como se programa la fertilización o fertirriego, partiendo pues de lo que realmente demanda el cultivo del ajo como los son los componentes minerales básicos, nitrógeno, fósforo y potasio (NPK), dado que el primero estimula el crecimiento vegetativo de hojas o tallos, el fósforo induce el desarrollo de raíces, y el potasio es indispensable para el llenado del fruto o los bulbos en este caso, además de los microelementos que también son de gran importancia, siendo la cantidad la que varía de acuerdo a un sinfín de condiciones, como el estado del suelo y la planta, la densidad de población, el ambiente, etc.; por lo que definitivamente el plan nutrimental es muy flexible, y ciertamente para el manejo del ajo no existe una receta exacta, ya que como todo en la agricultura, depende de una gran cantidad de factores, sobre los cuales el productor debe de tener conocimiento, y estar constantemente observándolos y midiéndolos como fundamento de una mejor toma de decisiones, y no dejarlo solamente como coloquialmente se dice, a la buena de Dios”.

“Un problema recurrente en el ajo, son las llamadas malformaciones fisiológicas, las cuales restan valor comercial a los bulbos dado que su calidad está determinada por su tamaño, forma y color, siendo así mejor apreciados aquellos grandes, uniformes y sin defectos visuales. Entre esas deformaciones tenemos que las más comunes son el escobeteado y los ajos bombones o acebollados; los primeros, se caracterizan porque el follaje de las plantas afectadas toma una apariencia de escobeta, observándose unas hojas más finas que surgen entre las hojas adultas, los bulbos pierden sus túnicas o catáfilas externas y los dientes periféricos quedan descubiertos algunos sin llegar a diferenciarse completamente, dicho trastorno se dice que es un resultante de varios factores dentro de los que se puede mencionar al manejo de la semilla previo a la siembra, las temperaturas y el fotoperiodo durante las etapas de desarrollo del cultivo, además del vigor de la planta en relación a componentes de manejo de tipo agronómico como altas dosis de nitrógeno, bajas densidades de población y siembras tempranas; en la segunda anomalía, el diente terminal constituye la única hoja de almacenamiento, por lo que son bulbos de un solo diente con forma o apariencia similar a la de la cebolla, de ahí su nombre, y se cree es un fenómeno ocasionado por una bulbificación demasiado rápida, con la incidencia de fotoperiodos largos y temperaturas altas inmediatamente después de la plantación, observándose principalmente en semillas que fueron almacenadas por bastante tiempo”.

“Tratando de contraponernos a dichas condiciones negativas, últimamente hemos cambiado la orientación de las tablas de ajo, disponiéndolas de norte a sur, con la idea de que la luz del sol los cubra desde que sale al amanecer, hasta donde se mete al anochecer, ya que se dice que de esa forma se tendrá más y mejor desarrollo por la mayor cantidad de horas luz que reciben, sobre todo en época invernal donde el paso del sol es más corto, por lo que con dicha posición de la parcela se aprovecha mejor la luminosidad. Además, siempre buscamos prevenir tales alteraciones en base a una nutrición balanceada, sin deficiencias ni tampoco excesos”.

“En el tema fitosanitario, afortunadamente no se han presentado enfermedades ni plagas significativas, esto creemos que es sobre todo gracias al esquema de rotación de cultivos que llevamos a cabo, lo que rompe el ciclo de vida de organismos patógenos como insectos y hongos, manteniendo con ello sus poblaciones en un límite tolerable. Una de las mayores preocupaciones del productor dentro del casillero de las enfermedades, es la llamada pudrición blanca, causada por hongos del suelo los cuales se adhieren a la raíz y se la comen, pudriendo con ello la parte radicular, por lo que la planta se empieza a secar hasta morir, y una vez que se llega a presentar es muy poco lo que se puede hacer para mitigar sus efectos, haciendo de ella un enemigo sumamente agresivo, por lo que jamás repetimos ajos en el mismo suelo”.

Una vez llegada la madurez fisiológica del cultivo, es de suma importancia considerar que la calidad del ajo puede sufrir una considerable disminución por deficiencias en el proceso de cosecha, afectando directamente en el precio comercial del producto; por ello deben existir índices que definan el inicio apropiado de la recolección, partiendo de la suspensión del riego, con el fin de aflojar la planta y facilitar la práctica del engavillado. Valoración respecto de la cual, el Sr. Acuña Veyna, señaló; “el criterio principal en el cual nos basamos para iniciar con la cosecha, es cuando vemos que el bulbo está macizo y que los dientes se encuentran completamente formados y bien diferenciados, para esto antes se puede observar que empieza a bajar la savia con los nutrientes de los tallos hacia las cabezas, las cuales comienzan a llenar y a definirse, por lo que de cierta forma el cuello del tallo queda un tanto ligado una vez sellados los bulbos”.

“Definido el punto de cosecha, se aflojan los ajos, mediante el paso del tractor equipado con cuchillas especiales las cuales van desprendiendo las cabezas del suelo para facilitar posteriores maniobras del producto; suelto el bulbo, entra la gente a sacudirlo, tratando con ello de quitar tierra a la raíz, para después iniciar con lo que se conoce como engavillado o enchufe, labor en la que se juntan varios surcos en una sola línea, de tal forma que con los mismos tallos y hojas vaya quedando cubierto el ajo, logrando así una correcta deshidratación natural en campo, de esa forma permanece por unos días hasta que se deseca el vástago y la cabeza, una vez seco, el personal comienza a mochar, se destapona totalmente, se quita por completo la raíz y se dejan aproximadamente 2 centímetros de tallo, y finalmente el ajo se va colocando en cajas en las que será trasladado. Cabe indicar que en la temporada de cosecha un gran riesgo son las lluvias, principalmente las tempranas, por lo que si se llegasen a presentar pueden manchar el ajo, perdiendo con ello el color y en general disminuyendo la calidad y el valor comercial del producto, lo que sin duda alguna representaría serias pérdidas económicas, por ello el uso de estrategias como el monitoreo de los pronósticos del clima, los cuales si marcan la presencia de precipitaciones, nos obligan necesariamente un día u horas antes a meter plástico para cubrir el engavillado, protegiendo así al ajo de daños por lluvia”.

Para finalizar, el Sr. Saúl Acuña concluyó; “el cambio climático nos ha enseñado que si deseamos continuar produciendo, forzosamente tenemos que adaptarnos y evolucionar, dejando las prácticas tradicionales en el pasado, transformando con ello a la agricultura en una más moderna y eficiente”.

“Una granizada, una sequía, lluvias excesivas u otros fenómenos ambientales adversos pueden llegar ser devastadores para el cultivo, peligro constante por el que procuramos, como decía mi abuelo, no poner todos los huevos en la misma canasta, porque en una tropezada se nos acabó el negocio, estableciendo bajo esa ideología una determinada superficie de ajos en un rancho, y otra en un lugar distinto”.

Luego de más de una década, Zacatecas mantiene su liderazgo en la producción de ajo a nivel nacional, posicionando así a ésta cadena agroalimentaria como ejemplo de compromiso y laboriosidad, en la que interactúan con decisión y pasión cada uno de los eslabones que la conforman.

Espera la 2ª parte de este interesante reportaje sobre la cadena productiva de ajo, en próximas ediciones…

Salvador Juárez / El Despertar del Campo

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