Pensamientos y reflexiones del campo bajo una mirada de experiencia

En determinadas ocasiones el cariño y pasión por la tierra se puede expresar de otras maneras más allá del contacto directo con el campo; poco importa que sea detrás del azadón o de un escritorio si las ganas de avanzar son nobles y sinceras. Prueba de ello es la trayectoria del Ingeniero Guillermo Libreros González, hombre de raíces que siempre ha demostrado su apoyo al rubro productivo con la firme esperanza de verlo progresar.
Oriundo del municipio de Teziutlán en el estado de Puebla, nace un 10 de febrero de 1964 siendo el primer hijo de una descendencia de cinco. De padres jornaleros, Guillermo crece y ve de primera mano las labores del campo donde queda a su cargo el cuidado de una pequeña granja familiar de cerdos, faena que entrelaza con sus actividades académicas; y es justo el ámbito escolar que sus padres toman con total seriedad convencidos que solo a través de ello se puede alcanzar la superación personal, así años más tarde, el Ingeniero ve el resultado de aquellos esfuerzos paternales al ingresar a la Universidad Autónoma Chapingo, ubicada en Texcoco, Estado de México, donde el tiempo y la dedicación le hacen acreedor del título a Ingeniero Agrónomo Especialista en Suelos.
Hoy día, es consciente que el estudio y el logro académico le han abierto las puertas a otras perspectivas del sector agropecuario, donde es posible abordar el análisis y las problemáticas desde otro punto más amplio al de costumbre.
A la edad de 23 años con una carrera bajo el brazo, contrae nupcias con Ma. Teresa Leticia Oliver, amada de la universidad y con quien procrea 3 hijos en su estancia en el Valle de México. Al término de su carrera se instaura en la Ciudad de México donde labora en el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS), más adelante obtiene la oportunidad de trasladarse a Tapachula, Chiapas, como encargado del mismo organismo; pero al año siguiente es removido al Estado de Zacatecas dentro del mismo cargo.
A lo largo de más de 31 años de trayectoria laboral, el Ingeniero Libreros ha reflexionado sobre la especial relevancia del campo no solo en las sociedades actuales, sino, además, en su vida personal, “del campo nunca me he alejado, las pláticas de historias de mis abuelos, de mis padres, me llevan a la tierra que forma parte de mi vida, es mi raíz… es mi tallo y las hojas porque sigo relacionado con este bello entorno”. A su vez, es plenamente consciente del trato que se da en la actualidad y los marcados contrastes que el sector rural muestra, pues es donde se conglomeran las poblaciones más vulnerables, a la vez que las grandes industrias se benefician.
Son este tipo de ideales y el ímpetu de querer servir a su tierra los que han marcado su sendero y han dejado su huella dentro de las dependencias del estado. Muestra de ello queda plasmada en el tiempo que se ha desempeñó en sus diferentes cargos, destacando su puesto como jefe del ya mencionado SNICS por 3 años, jefe del Distrito de Desarrollo Rural por 5 años más, jefe del Programa de Fomento Agrícola por 2 años, y Secretario Técnico donde laboró por 8 años al servicio del campo, hasta llegar a su puesto actual como jefe del Programa de Agricultura dentro de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) en Zacatecas.
Pero, así como el invierno llega a las tierras y los malos años a las cosechas, la trayectoria y los logros no están exentos de las malas rachas y en este caso, en medio de toda una vida de dedicación, el Ingeniero Libreros ha tenido que sobreponerse a las desgracias personales como la defunción de un vástago, el deceso de un hermano, el fallecimiento de un amigo cercano quien fuera compañero de vida desde su época académica, y la reciente pérdida de su Señora Madre. Ante la desgracia, asegura poner su mejor cara y afrontar las cosas de la mejor y humana forma posible.
De igual forma, no deja que las nubes del desasosiego bloquen aquellos momentos de satisfacción que con tanto esfuerzo ha logrado obtener en su carrera laboral. Sobre esto, rememora con añoranza aquellos lejanos días en Tapachula cuando logró producir semilla certificada, o el momento en que, ya estando en Zacatecas, fue partícipe de la certificación ISO9000 lograda en conjunto con un talentoso y persistente equipo. Pero, sobre todo, el haber tenido el honor de tener a su último descendiente dentro de tierras zacatecanas.
Después de todas esas décadas al servicio de sus raíces, el Ingeniero Libreros avizora el mañana con una mirada crítica, permitiéndose el anhelo de la ensoñación, pero manteniendo los pies sobre una perspectiva real; es consciente de la situación actual y conoce a detalle los retos que deben sortear los productores tanto nuevos como veteranos en la búsqueda de una agricultura más sustentable. “Si no hay sector rural, no puede haber sector secundario ni terciario… el campo, es la piedra angular de la economía y de la vida del ser humano”, puntualiza de forma rigurosa.
Los desafíos del futuro en el campo son grandes y diversos, pero destaca el hecho de potencializar su crecimiento en el afán de abastecer las necesidades alimenticias de una población cada vez más abundante. Para el Ingeniero Libreros, estas adversidades a sortear y el sobreponerse a ellas, se pueden traducir en la generación de materia prima para la industria, obtenida desde los cultivos, reconociendo siempre la gran relevancia que tiene el cuidado de los recursos, promoviendo con ello sistemas y manejos más sustentables, concepción por la cual se proclama a favor de las nuevas políticas de regeneración que tienen como principal objetivo alejar al productor de la excesiva mecanización y del uso de agroquímicos, entre otros componentes que por años han deteriorado las condiciones del entorno productivo.
“El sector agropecuario tiene la gran oportunidad de revertir los procesos de contaminación y del cambio climático… en ese sentido, las nuevas políticas permitirán ir encaminando al campo hacia una agricultura más ecológica y competitiva”. El proceso de cambio es, en sus palabras, comparable con la llamada Revolución Verde, de finales de la década de los 70´s, donde la introducción de maquinaria y fertilizantes químicos permitió un crecimiento en la producción, pero posteriormente derivó en el abatimiento de los suelos; por ese motivo se busca crear un movimiento inverso que apueste más por los procesos de conservación, para que renazca una agricultura naturalmente regenerativa.
El ejemplo queda expuesto. La dedicación de un hombre que decidió empeñar sus esfuerzos en servir a lo que más aprecia, siempre con la mentalidad de ver mejores y más verdes mañanas, demostrando que el amor hacia la tierra no queda restringido a los surcos entre los cultivos, pues cuando el cariño es de mente y corazón cualquier voluntad es bienvenida.
Bryan Pichardo Gallegos / El Despertar del Campo