Talento nato del deporte nacional

¿Las leyendas nacen o se hacen? La eterna pregunta solo puede encontrar respuesta en los hechos, y si bien, es claro que la práctica hace al maestro, de vez en cuando surgen talentos natos que llevan la habilidad en la sangre dejando sobre la mesa que la edad no es impedimento para demostrar la gran valía de uno, sobre todo si este talento se lleva de la mano con la pasión.
Esta es la historia de Javier Rafael Sánchez Zapata, charro de nacimiento y promesa contemporánea del deporte nacional por excelencia, erigiéndose como una figura prominente de la charrería.
Nacido un 24 de noviembre de 1991 en Rincón de Romos, Aguascalientes, es el segundo de tres hijos nacidos en las costumbres agrícolas hidrocálidas. De joven, funge como apoyo al quehacer rural pero el crecer en un entorno lleno de animales y en contacto con ellos es lo que recuerda con cariño como un detonante a sus miramientos. Aquellos tempranos años donde se veía a si mismo pialando los becerros en las tierras de su tío, puliendo su estilo en un arte que para él apenas era un pasatiempo.
La atracción por la charrería se la debe a su padre, quien no era practicante, pero si un férreo aficionado a esta diciplina, y a sus tíos, los cuales si mantenían la práctica. Frecuentando las charreadas, observa a los exponentes en el lienzo demostrar las suertes, imágenes que se impregnan en su infantil mente con la fascinación de quien admira un oficio que amalgama la pulcritud, el ritmo y la teatralidad de una danza precisa con la representación de la imagen idealizada de un caballero mexicano.
Con esa pasión naciendo en su ser, siempre expresó sus anhelos de participar en los grandes escenarios hacia su familia; “desde chico yo quería ser charro, le comentaba a mi padre”, “papá yo un día quiero llegar a charrear en la villa charra, papá yo un día voy a charrear en un congreso”.
Pero en la misma familia encontró la oposición formalizada en su madre quien mantenía el estudio como prioridad por encima de la vocación. En ese sentido recuerda con gracia sus escapadas a las tierras de su tío donde seguía practicando y al regreso a casa tenía que afrontar las reprimendas por sus acciones. Pero al final les dio el gusto y se recibió como ingeniero en mecatrónica.
Aun así, reconoce lo duro que fue entregarse a su pasión y equilibrar sus labores académicas con el seguimiento y la constante práctica que la charrería exige, “a esto hay que dedicarle de perdido 4 o 5 horas diarias, salía de la universidad a las 4, comía y me ponía a practicar; luego me desmañaba haciendo tarea y volvía a repetir”.
Parte de ese triunfo, lo reconoce, se lo debe al compañerismo de sus colegas escolares. Y es el tema de la amistad el que juega un papel importante en su trayectoria, desde los lazos que forja la unión animal-jinete en su día a día, hasta la coordinación y comunicación que se mantiene en un equipo que compite dentro de un lienzo.
Pero todo sacrificio tiene un significado y toda su historia desemboca en la revelación de su potencial que lo marcará como una de las grandes promesas dentro del ámbito. Con solo 15 años debuta y logra obtener el tercer lugar de charro completo a nivel estado además de la hebilla en lazo de cabeza en la suerte de terna.
En su experiencia, el estar dentro del lienzo es una emoción que no conoce igual y en cada ocasión que tiene de estar ahí dentro puede sentir la mezcla de nerviosismo y adrenalina, sensaciones puras que hierven en la sangre y recorren el cuerpo como un fantasma intangible, la esencia mexicana en todo su esplendor tomando posesión de los sentidos del hombre para lograr maravillas que le mantienen al filo de una fuerte rienda o una ágil reata.
A raíz de ese acontecimiento comienza una racha de triunfos que dejan en claro la naturalidad de su talento. En el 2012 fue campeón en Jalisco de lazo de cabeza; en el 2014 participa en el congreso de Tlajomulco como el mejor charro del día y queda como subcampeón en manganas de caballo. Además de las preseas ganadas en el torneo del millonario y de la constitución sumado a varios de los campeonatos estatales.
“Va de la mano los sueños que tiene uno con las metas que uno se forja; mi meta no era llegar, no era ganar. Pero yo iba con muchas ganas y una cosa llevó a la otra” rememora sobre su fructífera y corta trayectoria.
Rafael Sánchez pertenece a una nueva era donde la charrería ha evolucionado en algo más que una práctica y ha dado paso a ser algo más; “este arte se ha transformado mucho, nuestras suertes eran del campo pero ya se está profesionalizando, ya un jinete es un atleta de alto rendimiento, se tiene que preparar física y mentalmente; a futuro yo lo veo como un deporte de alta competitividad, con potencial de patrocinio y todo lo que un deporte profesional conlleva”.
Bajo esta premisa tiene el ideal y la necesidad de que las instituciones del deporte volteen a ver más a la charrería y motivado por su talento y alentado por sus logros, ha tenido a bien abrir una escuela de charrería, donde se dedica a impartir y compartir su conocimiento con las nuevas generaciones, y hoy en día se enorgullece de sus egresados, varios de ellos promesas en los lienzos, aportando así un poco a la formación de nuevos aspirantes que llegan en busca de un sentido y un sueño similar al que él ha vivido.
Es en esas tardes de Rincón de Romos donde los únicos y bellos atardeceres hidrocálidos se funden con el entusiasmo más puro que solo puede emanar de la naturaleza misma, tardes donde Rafael Sánchez recuerda haber convertido las artes charras en un auténtico estilo de vida.
Arte que amalgama la pulcritud, el ritmo y la teatralidad de una danza precisa con la representación de la imagen idealizada de un caballero mexicano.
Bryan Pichardo Gallegos / El Despertar del Campo