Déficit en productividad

En primer lugar, queremos desearles muy felices fiestas en esta temporada navideña, época que propicia el espacio pertinente para reflexionar y trazar proyectos y aspiraciones a futuro, reconociendo que tendrán que ser principalmente las nuevas generaciones quienes deberán protagonizarlas, sustentados tanto en la experiencia como en la innovación, tratando de generar así los importantes cambios productivos y competitivos que el campo requiere.

Sin ser pesimistas, pero si realistas, al observar el entorno podemos ver con claridad que, en lo económico, tenemos un terrible déficit en productividad en muchos de nuestros productos básicos, especial mención adquiere el maíz, en el que a pesar de ser el lugar en donde se originó y domesticó este cultivo, hemos pasado de ser exportadores a importadores, dependiendo en gran medida de las adquisiciones al extranjero. En una tendencia general, desde la firma del TLCAN México ha venido ampliando sus importaciones de maíz, de hecho, la superficie cultivada ha disminuido drásticamente.

Desde luego, hay otros cultivos básicos en los que somos deficitarios, por ejemplo, el sorgo y el trigo entre otros. Además, la infraestructura para fines agropecuarios está muy por debajo de los diferentes socios comerciales, con una balanza de pagos deficitaria, y hay que añadir que el tipo de estímulos o subsidios a la producción es incomparable.

En la parte social, la pobreza es uno de los factores que desde el México independiente ha sido un flagelo que parece no tener fin. Hay muchas estadísticas y muy confusas, pero se pueden determinar de dos formas, las oficiales y las independientes; de acuerdo con las oficiales, los datos de 2008 sobre pobreza en México revelaban que a 50.6 millones de mexicanos no les alcanzaban sus ingresos para cubrir las necesidades básicas respecto a salud, educación, alimentación, vivienda, vestido o transporte público, incluso dedicando todos sus recursos a estos términos, hoy se habla de 53.3 millones, esto equivale a aceptar que casi 50% de la población del país está en dichas condiciones.

Por otra parte, en lo jurídico, la reforma de 1992 pretendió dar certeza jurídica a los propietarios o titulares de la tierra, lo que de alguna manera se ha logrado, pero sin grandes beneficios. El reordenamiento de la propiedad rural no ha conseguido que el campesinado mexicano tenga mejores niveles de bienestar; la certeza jurídica se ha basado únicamente en la reafirmación de los núcleos de población de sus tierras, pastos, montes u otro tipo de bienes que en el pasado les hubieren dotado o restituido.

Sin más por el momento, reciba un afectuoso saludo y nuestras buenas intenciones, deseándole pase felices fiestas en compañía de sus seres queridos, agradeciendo como siempre su atención e invitándolo para que nos comparta sus comentarios, creando con ello un vínculo dinámico que promueva pasión por el campo y sus valores.

El Despertar del Campo, La Nueva Visión Del Agro…

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